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Simplemente Internet, por Juan C. Benavente

Simplemente Internet
Cuarenta años atrás se desarrollaba el núcleo de la red de redes
Palpita en la oscuridad como un superhéroe múltiple, polifacético y bondadoso que nos tiende la mano, como un Gran Hermano que lo sabe todo, pero que es abierto y generoso y está allí, en cada rincón, en la más remota esquina del hogar para ayudarnos y permitirnos vivir. Allí está todo, allí reside el Aleph que fue borrado de la casa de Carlos Argentino Daneri. Simplemente Internet.
Por Juan C. Benavente

“Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores en todas las naciones; por niños a quienes se enseñan altos conceptos matemáticos... Una representación gráfica de información abstraída de los bancos de todas las computadoras del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja.”
Esta abstrusa y premonitoria “complejidad inimaginable”, no es ni más ni menos que la idea del ciberespacio, tal como aparece en la novela Neuromance (1984) del escritor William Gibson. El neologismo ciberespacio, el “lugar” no físico en donde se mueven los cibernautas, es de cuño y letra del propio Gibson.
Neuromance se llevó los premios más importantes que se otorgan a obras de ciencia-ficción y pronto se mezcló con la estética ciberpunk; la alucinación colectiva soñada por Gibson, aunque incipiente, gozaba por entonces de buena salud y mostraba un crecimiento sostenido, explosivo después. A su manera, Gibson vislumbró lo que Internet permitió: la aparición de un nuevo mundo, aún adolescente, en el que se difuminan el tiempo y la geografía.
Todo y todos, de algún modo convertidos en estrictos unos y ceros binarios, finalmente terminan allí. Internet es la gran vidriera de la humanidad, el depósito planetario de información. A cuarenta años de generado el núcleo de aquella explosión, vale la pena apuntar unas líneas acerca de este conspicuo paradigma de lo global, fenómeno cultural y tecnológico con una capacidad de reproducción sólo comparable a la de la vida.

¿QUE ES INTERNET?
Un doble click en el mouse y adentro. Herramienta de comunicación, infoteca global descentralizada, lugar virtual de encuentro, conjunto terráqueo de redes sociales interconectadas. Internet es una caótica nube a la que se accede mediante un modesto cable o por ondas de radio (Wi-Fi); como buen cosmos, sigue expandiéndose como un Big Bang de escala humana.
Aunque nació como red, no fue la primera. Las redes de computadoras (conexión de varias máquinas para compartir recursos) preexisten a su aparición. Usualmente, terminales no inteligentes se conectaban a grandes computadoras centrales y en ese orden jerárquico cualquier falla en la central derrumbaba todo el sistema.
Una red así no era la apropiada para el mundo de la Guerra Fría. Durante años, ingenieros, matemáticos y técnicos trabajaron en la cuestión y con el tiempo fue surgiendo lo que hoy se conoce como Internet. Internet no fue un producto militar, pero su precedente más importante fue impulsado y financiado por el sector castrense.

NACE LA LEYENDA
Comenzaban los dorados y agitados años ’60. Latía más fuerte el riesgo de una guerra nuclear entre Occidente y el creciente mundo socialista; en ambos espacios proliferaban los misiles de largo alcance con ojivas nucleares. La pesadilla de la devastación era el futuro concebible.
Sin embargo, la confrontación efectiva de la Guerra Fría se libró en las arenas, selvas y ciudades del Tercer Mundo, con la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) guiñando movimientos de liberación y los EE.UU. regando los países con dictaduras, especialmente, los de Latinoamérica.
La guerra fue total y adquirió formas propias del espacio de lo simbólico y el terreno de la conciencia: el arte, los medios masivos, las creencias, la cultura. Los dos mundos privilegiaron la ciencia, la tecnología y la industria y allí también compitieron. Sin duda, el ejemplo más recordado fue la carrera espacial.
En ese marco, la Rand Corporation de los EE.UU., uno de los más notorios think tanks (“fábricas” o “tanques” de ideas, una suerte de consultora en asuntos estratégicos y militares), comenzó a trabajar –cercada por el secreto militar– en una ardua cuestión: ¿cómo mantener una red de comunicaciones entre autoridades y centros militares después de un ataque nuclear masivo?
Así planteado, el problema desveló a un equipo de investigadores entre los que estaba el ingeniero Paul Baran (1926). Del otro lado del Atlántico y más o menos por la misma época, Donald Davies del National Physics Laboratory de Gran Bretaña (www.npl.co.uk) y científicos de la Société Internationale de Télécommunications Aeronautiques (www.sita.aero), estuvieron experimentando con una técnica de interconexión de computadoras denominada “conmutación de paquetes” (packet switching), a primera vista algo ineficaz, pero muy flexible y extremadamente confiable. Pero fue el doctor en informática Leonard Kleinrock, del MIT (Massachusetts Institute of Technology) quien publicó por primera vez, en 1962, un trabajo explicando esa misma técnica.
Dos años antes, Joseph C. R. Licklider (1915-1990), en un artículo titulado “Man Computer Symbiosis” (Simbiosis hombre-computadora) concibió una red global de computadoras y una red multiusuario de centros pensantes, los thinking centers.
Hacia 1964 se publicó en On Distributed Communications Networks (Sobre las redes distribuidas de comunicaciones) la propuesta de Baran y sus colegas en la que se daban los fundamentos de la red. Dado que los misiles enemigos buscarían los centros de información y comunicación, la red debería ser descentralizada y horizontal, cualquier punto debería tener los privilegios de autoridad suficientes para recibir y transmitir mensajes y la arquitectura de la red debería sostener la comunicación total entre los lugares supervivientes. También, se utilizaría la técnica de red de paquetes conmutados.
Durante años, esta extraña concepción dio vueltas por universidades y centros de investigación; incluso el NPL británico alcanzó a ensayar una pequeña red de computadoras con estos principios. Y sobrevino el empujón decisivo. La Agencia para Proyectos de Investigación Avanzada (Advanced Research Projects Agency, ARPA) del Departamento de Defensa de los EE.UU. decidió financiar experimentos con estas redes.
En octubre de 1969, unos meses después de que Neil Armstrong diera el primer paso en la superficie lunar, ARPA comenzó a gatear: enlazó a la Universidad de Los Angeles con el Instituto de Investigación de Stanford, ambos en el oeste de los EE.UU. En diciembre de ese año quedó constituida la primera versión de la red, denominada ARPAnet (net significa red en inglés) que interconectó con éxito a la Universidad de Santa Bárbara, en California, la Universidad de Utah y a las dos mencionadas.
La modesta ARPAnet permitía a científicos e investigadores compartir información a “alta velocidad”. No tardaron en aparecer las tecnologías del correo electrónico y las listas de distribución a multiusuarios, que pronto perturbaron los intereses militares. Una de las primeras listas fue la SF Lovers, Amantes de la Ciencia Ficción.
En dos años la red sumó una treintena de conexiones y continuó en expansión por los EE.UU. primero, agregando luego algunos nodos europeos. El primer paso había sido dado, y el núcleo de lo que posteriormente sería Internet contagiaba entusiasmo.

... DE PAQUETES Y OTRAS YERBAS
La arquitectura de Internet, una red descentralizada de conmutación de paquetes, es hoy tecnológicamente compleja y caótica por la cantidad y tipo de conexiones. La conmutación es una técnica que mejora la eficiencia de los enlaces de comunicación. Los mensajes digitales (secuencias de números binarios, 1 y 0, voltaje o sin voltaje, únicos estados que entiende una computadora) se fragmentan en porciones discretas denominadas paquetes.
Los paquetes son bloques que portan datos e información de control y cada uno se envía a la red por separado. El destinatario recibe los paquetes, por distintos caminos. Cada paquete tiene secuencias numéricas (información de control) que permiten el ensamblado y la reconstrucción íntegra de la información en el destinatario. Si algún paquete falla, se retransmite el bloque.
Obviamente, es necesario para establecer la comunicación que algunos nodos y enlaces funcionen. Como los paquetes pueden circular por líneas analógicas (como la telefónica) se utiliza un modem, un aparato que convierte los pulsos binarios de la computadora en información analógica y viceversa. Como todos lo nodos de la red son jerárquicamente iguales, los paquetes pueden viajar por ellos hasta llegar a destino. Y en la red existen unos dispositivos inteligentes, los ruteadores (routers), que organizan el tráfico por los caminos más apropiados.

UN PROTOCOLO ESENCIAL
A principios de los ’80, la red contaba con cientos de nodos conectados (universidades, centros militares y gubernamentales); en 1983 los militares conforman MILnet y se desentienden del control de ARPAnet. La National Science Foundation (NSF) se interesa en el asunto y crea la NSFnet, una potente red que al fusionarse con la pionera ARPAnet, origina el término Internet.
¿Cómo fue posible que multitudes de máquinas y redes disímiles sean capaces de entenderse e intercambiar información? Respuesta correcta: un esperanto de la era digital. Un protocolo, en la jerga técnica, que es un conjunto de reglas electrónicas que especifican, homogeneizan y gobiernan la forma en que se comunican las máquinas.
En los comienzos el protocolo utilizado fue el NCP (Network Control Protocol), pero a mediados de los ’70, y ante el desafío de encontrarle una solución a la interconexión de redes que proliferaban por aquí y allá, aparece el TCP/IP (Protocolo de Control de Transmisión/Protocolo de Internet), más sofisticado que su antecesor y actualmente en uso desde 1983.
Esta normativa, desde luego, establece la “sintaxis” que deben tener los paquetes de información que envía cada computadora de la red y cómo debe recomponerlos el destinatario; el Protocolo de Internet (IP) manipula las direcciones de la red verificando la traslación de paquetes por distintos caminos y subredes. La instauración de un lenguaje común hizo posible el desarrollo de la red, así como el lenguaje facilitó los procesos de hominización y socialización humanos.

CRONICAS DE LA GRAN RED
En 1973 se desarrolla el protocolo FTP que permitió la transferencia de archivos por la red, un instrumento formidable. En la década siguiente, aparece una utilidad que generaría adicción: el Internet Relay Chat (IRC) el programa para dialogar electrónicamente en tiempo real o “en línea”. Sin embargo, faltaba el golpe de los duros, del hardware.
A comienzos de los años ’80, la compañía IBM lanza las computadoras personales (PC, Personal Computer) más poderosas y versátiles que las consolas usuales de la época (en nuestro país, Commodore 64 y Texas TI-99, entre otros). Rápidamente son clonadas por cientos de empresas chinas, con el consecuente descenso de precios y facilitando el acceso de millones de personas a esas máquinas. Mientras tanto, habitada principalmente por foros, en la fauna de la red reinaban los Tableros de Noticias o BBS (de Bulletin Board System) y el tráfico estaba formado por texto y gráficos elementales.
Comenzando los ’90, y con el propósito de facilitar la edición, consulta e intercambio de información entre científicos atómicos (siempre lo nuclear como telón), el investigador inglés Tim Berners-Lee del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, crea la World Wide Web, la famosa triple W, combinando un lenguaje de programación, un protocolo para transferir hipertexto (texto electrónico con enlaces a otros contenidos) y un programa de navegación. Con el tiempo, el desarrollo se expande y la telaraña de la WWW, organizada en páginas, atrapó con la posibilidad de incorporar al texto múltiples formatos auditivos e icónicos fijos y en movimiento.
Asomaba el febo multimedial. Hay que reconocer, además, que Internet ha desatado una apasionada guerra fría entre hackers policíacos y libertarios, en ocasiones con ribetes robinhoodescos en el espacio virtual; más de una vez, los libertarios terminaron tras las rejas físicas.
Oficialmente, organizaciones privadas como la Internet Society (www.isoc.org), con sede física en Virginia, EE.UU., coordina desde 1992 la evolución y el uso de Internet, o delega en otros organismos funciones de desarrollo, normativas técnicas, supervisión y asignación de “números” de red (cada computadora de la red posee un identificador numérico). ISOC posee un “capítulo” argentino: www.isoc.org.ar.
Hacia 1989, el mismo año en que el Muro de Berlín se desintegra, ARPAnet deja de existir. Su descendencia fue más que próspera; cerca de la quinta parte de la población mundial utiliza Internet; el crecimiento de la red haría erizar las barbas de los patriarcas del Génesis.
Esse est percipi, ser es ser percibido. En un sentido, Internet llevó al paroxismo la máxima que condensa la postura idealista del monje George Berkeley (1685-1753). Hoy, todos se apuran a tener un lugar en ese extraño mundo virtual donde el pseudo idealismo posmoderno parece afirmar: “Si no estás en Internet no existís”.
En la ensoñación de Gibson, los vaqueros de consola proyectan sus vidas en el ciberespacio. Algo más tosca y distante –los sitios web y los blogs aún no requieren electrodos ni implantes como los antihéroes de Neuromance– Internet captura y resume y desparrama en unos megabytes la complejidad de una lucha, de una tecnología, de un conocimiento, de una vida. ¿El futuro será lo imaginado o será lo percibido?
Página 12. 22 de agosto de 2009

Creado el 22/08/2009.
Etiquetas: Ciencia y técnica
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“Donde no hay seguridad nadie puede romperla”. Entrevista a Richard Stallman, el ex hacker del MIT, ahora gurú del software libre

“Donde no hay seguridad nadie puede romperla”
Richard Stallman, el ex hacker del MIT, ahora gurú del software libre

Creador del concepto de “software libre”, inventor del “copyleft” contrapuesto al “copyright”, Stallman recorre el planeta pregonando la libertad en el mundo de la informática: que el desarrollo tecnológico no esté regido por los parámetros del mercado capitalista sino por la democratización y un acceso sin restricciones. Esta semana estará en Argentina para difundir sus ideas. Aquí su historia y propuestas, explicadas por él mismo.
Por Verónica Engler

–Se cuentan muchas historias románticas, aventureras y hasta heroicas de la movida hacker de los años ‘70 y ‘80. ¿Cómo fue esa etapa para usted en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)?

–Primero habría que decir qué es un hacker. Para mí un hacker es alguien que suele divertirse usando su inteligencia con un espíritu juguetón y no necesariamente utilizando computadoras. Pero si le interesan las computadoras puede escribir programas y enfrentarse a tareas difíciles, desafíos, sólo por placer y no necesariamente para lograr que algo resulte útil.

–¿En esa época estuvo en contacto con otros grupos de hackers, como el Chaos Computer Club de Alemania? (Antes de la caída del muro de Berlín algunos de los integrantes de este grupo conseguían software para el KGB, hackeando computadoras de Occidente, para ayudar a la URSS a equipararse tecnológicamente con Estados Unidos.)

–Nunca he tenido contacto con ellos, ellos solían romper la seguridad o hacer cosas relacionadas con la seguridad. Pero para nosotros, el hacking usualmente no tenía nada que ver con la seguridad. Una cosa que se puede hacer con inteligencia y un espíritu juguetón es romper la seguridad de una computadora, pero lo que más me gustaba a mí era diseñar el sistema para no tener seguridad. Por ejemplo, algo que no comencé yo pero en lo que participaba, el Incompatible Timesharing System (ITS, revolucionario e influyente sistema operativo desarrollado principalmente en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT). En ese sistema no había seguridad, no había claves, no había protección de archivos, cualquier persona podía entrar en la computadora bajo cualquier nombre y hacer cualquier cosa, y nos gustaba que fuera así, deliberadamente implementábamos el sistema sin seguridad. Mi trabajo en el laboratorio era mejorar el sistema. Si hubiéramos querido tener seguridad nos tendríamos que haber dedicado, entre otras tareas, a implementar la seguridad, que era lo que no queríamos. Entonces, donde no hay seguridad nadie puede romperla.

–¿Es factible sostener un sistema (informático) sin ningún tipo de seguridad?

–Aunque muchos pueden pensar que es imposible, es algo que todavía puede ser posible. Pero con esto no quiero decir que no tiene que haber seguridad en los bancos, por ejemplo, no estoy a favor de robar las cuentas bancarias. Pero nuestro laboratorio no era un banco, no teníamos datos personales, no teníamos datos financieros, fue un laboratorio para colaborar en la investigación y el desarrollo. Pero hoy en día es algo diferente, porque habitualmente usamos computadoras personales, pero en los años ’70 una computadora era demasiado cara, era casi imposible tener una computadora personal. Y en ese período el laboratorio tenía dos computadoras principales que todos teníamos que compartir. Cuando la gente comparte una computadora, tener seguridad entre los usuarios exige imponer un estado policíaco, pero no es igual con las computadoras personales, porque fácilmente se puede excluir a los demás de tu computadora, sin imponerse a uno mismo un estado policíaco. Pero en las computadoras compartidas nosotros no deseábamos tener seguridad, no fue sólo un capricho, fue por motivos racionales, porque queríamos vivir en libertad, no queríamos desarrollar un arma para los administradores para someternos.

–¿De qué manera se modificó su concepción de la informática desde su etapa como hacker en el MIT durante los años setenta hasta hoy, que se dedica a difundir el software libre?

–La informática era la mayor parte de mi vida en esa época. Trabajando con software libre, en una comunidad de software libre, aprendí a valorar la libertad que nos ofrecía, aprendí a querer vivir en libertad, pero nuestra comunidad murió más o menos en el año 82. Luego de que dejaron usar el sistema ITS pusieron otro sistema privativo (que tiene vedado el acceso al “código fuente” con el que está hecho el programa), que no podíamos cambiar y fue horrible. Fue como ver tu país ocupado por un dictador, entonces tuve que decidir cómo reaccionar ante ese desastre y luchar por crear una nueva comunidad de libertad, y para tener una comunidad de software libre hace falta un sistema operativo libre. Por lo tanto, decidí de-sarrollar uno, es el sistema operativo GNU. Desde entonces he trabajado para desarrollar y luego para promover este sistema libre y del software libre en general.

–¿Cómo se terminó la comunidad que usted formaba en el MIT?

–Fue bajo presión comercial. Habíamos desarrollado una computadora, especialmente para el lenguaje LISP, que se usa mucho en Inteligencia Artificial, y deseábamos producir un tipo de máquina para que otros pudieran usarla. Por lo tanto, varios hackers pensaban lanzar empresas para fabricar estas máquinas, pero había una disputa y se crearon dos empresas que competían y el laboratorio se volvió su campo de batalla. Fue muy triste.

–Desde hace algunos años, la palabra Linux es, cada vez más, entendida como sinónimo de alternativa a Windows. Sin embargo, usted siempre aclara que hay un error conceptual al nombrarlo de esa manera, ya que lo correcto es decir GNU/Linux, porque Linux es sólo una parte (el núcleo) del sistema operativo. ¿Podría explicar por qué le parece tan importante resaltar esta diferencia?

–Comenzamos el desarrollo del sistema GNU en enero del ’84 y convoqué a otros (programadores) para desarrollar otros componentes del sistema. En el año ’92 teníamos listo casi todo el sistema, pero faltaba aún un componente esencial, el kernel (el núcleo), y en el ’92 el señor (Linus) Torvalds liberó el kernel Linux que había comenzado (a desarrollar) en el ’91. Entre los componentes del sistema Linux es grande e importante, pero el trabajo que habíamos comenzado casi una década antes es mucho más. No es justo darle todo el crédito y no reconocer nuestro trabajo. Al llamar al sistema GNU/Linux se reconoce nuestro trabajo también. Pero ¿por qué es tan importante? No sólo es un asunto de crédito, aunque el crédito vale algo, hay otro asunto más importante en esta elección de nombres, porque hemos desarrollado el sistema GNU para establecer la libertad para los usuarios. Pero el de-sarrollador de Linux, el señor Torvalds, no está por la libertad, no piensa que el usuario debe tener esta libertad, y se opone a nuestras ideas. Tiene el derecho de expresar su opinión, pero no tiene derecho a usar nuestro trabajo como una plataforma para condenar nuestras ideas. Este sistema es el resultado, el producto de un gran esfuerzo que hemos hecho para estar en la libertad. Los usuarios necesitan saberlo, porque necesitan reconocer qué quiere decir la libertad de un usuario de un programa, necesitan defender su propia libertad para no perderla.

–Usted también suele hacer referencia a otra distinción importante: entre quienes aprecian el software libre como un asunto ético y político, y quienes sólo citan los beneficios prácticos y presentan al software libre como un eficiente modelo de desarrollo por permitir el acceso al código fuente. ¿Podría ahondar un poco en las diferencias entre estas dos concepciones?

–Los que toman el concepto “open source” (código abierto) no plantean ningún asunto ético, entonces no es un movimiento en el mismo sentido. Para nosotros, un programa privativo es un problema social, porque priva de la libertad a los usuarios. Quienes promueven el código abierto no plantean este asunto y tienen derecho a su opinión, pero lo que no me gusta es que su opinión me es atribuida. Hay cuatro libertades esenciales para el usuario de software libre: la libertad cero es la libertad de ejecutar el programa como quiera; la libertad uno es la libertad de estudiar el código fuente del programa y cambiarlo para que el programa haga lo que el usuario quiera; la liberta dos es la libertad de ayudar a su prójimo, es la libertad de redistribuir copias, y la libertad tres es la libertad de contribuir a su comunidad, es la libertad de distribuir copias de sus versiones cambiadas. Con estas cuatro libertades, los usuarios tienen el control del programa, pero si el programa no lleva estas cuatro libertades, es un instrumento del poder del desarrollador sobre los usuarios, es injusto, algo que no debe existir.

–¿Usted cree que estas cuatro libertades del software libre son entendidas por usuarios no expertos?

–No, usualmente no. Pero a veces no hace falta ser programador para apreciar la libertad. Estuve en La Paz (Bolivia, unos días antes de llegar a la Argentina) y he tenido reuniones con altos funcionarios del gobierno que aprecian estas libertades aunque no son programadores. Porque éste no es un asunto técnico, es un asunto ético, social y político. Puede ser que quien use software libre no sea un programador, hay muchas otras cosas que hacer en la vida, pero cuando un programa es libre tiene entre sus usuarios a programadores y esos programadores con la “libertad uno” pueden estudiar el código fuente, y si encuentran algo malévolo, pueden cambiarlo. Y con su “libertad tres” podrá publicar su versión mejorada, diciendo: “he descubierto y he quitado esta funcionalidad malévola”, y todo el mundo podrá migrar a esa versión mejorada. Tuve una reunión en mi primera visita a Ecuador con el presidente (Rafael) Correa y le expliqué la filosofía del software libre, y lo comprendió y decidió migrar (los sistemas informáticos de) el Estado ecuatoriano al software libre, algo que ya está haciendo. Es muy fácil comprender este asunto sin ser programador, porque si usa un programa privativo uno queda a merced del desarrollador, está indefenso. El desarrollador puede imponerle al usuario cualquier cosa y no es inusual que los programas privativos contengan funcionalidades malévolas, deliberadamente, “puertas traseras” (que permiten redirigir la información de una computadora hacia otra, sin que el usuario pueda advertirlo, con el consiguiente riesgo para la privacidad de sus datos) para molestar o dañar. Por ejemplo, Windows tiene una puerta trasera con la cual Microsoft puede imponer cualquier cambio de software cuando quiera sin pedir la aprobación del supuesto dueño de la máquina. Otro ejemplo es el de Kindle, un sistema de Amazon (para comprar y leer libros electrónicos) que vigila la usuario, porque es imposible comprar un libro anónimamente y también lo restringe porque el software está desarrollado para que no se puedan hacer copias. Además tiene una puerta trasera con la cual Amazon, hace más o menos un mes, borró remotamente todas las copias de unos libros. ¿Y puede adivinar de qué libros borró todas las copias?... De 1984 (se ríe).

–¿Sigue usando una OLPC? (One Laptop Per Child, “Una Laptop Por Chico” es una computadora portátil muy económica que se basa en una plataforma GNU/Linux. Fue lanzada en 2005 por Nicolas Negroponte, quien se retiró del proyecto el año pasado.)

–No, porque en la misma semana en que empecé a usarla, después de meses de preparaciones, el señor Negroponte nos traicionó, porque hasta ese momento había sido diseñada para correr el sistema GNU/Linux. Luego Negroponte decidió hacerlo correr también con otros sistemas, y algunos dimitieron del proyecto por esa decisión. De hecho yo había empezado a usar esa máquina porque fue la única manera de evitar un BIOS privativo (El BIOS es el sistema básico de Entrada/Salida de datos que, cuando se enciende la computadora, localiza y carga el sistema operativo en la memoria para que la computadora pueda funcionar). En esa época todas las computadoras portátiles tenían un programa privativo de inicialización y la OLPC fue la primera excepción, por lo tanto empecé a usarla. El problema es que ahora se van a producir las máquinas de manera que es totalmente fácil instalar Windows. Entonces, me puse muy contento de descubrir otro tipo de computadora que también evite el BIOS privativo y en la cual Windows nunca pudo funcionar. Es la Lemote, de una empresa china, es una netbook (es una subportátil, una computadora de bajo costo y más pequeña que una notebook, utilizadas principalmente para navegar por Internet y realizar funciones básicas como procesador de texto y de hojas de cálculo).

–Usted usualmente no navega por Internet ni utiliza celular, ¿verdad?

–Es verdad, por motivos diferentes. No navego con mi computadora, pero no pienso que es algo malo, es sólo una penitencia personal, digamos, pero no digo que deban hacer lo mismo. En cuanto al teléfono celular, no quiero tener uno porque son instrumentos de vigilacia y seguimiento. Hasta un punto es inevitable para hacer o recibir llamadas, el sistema necesita saber donde está uno, pero no me gusta que algo sepa dónde estoy siempre, entonces prefiero no tenerlo.

–¿Me puede contar cómo surge San IGNUcio, esa segunda personalidad suya que lo muestra ante el público como un santo hereje de la informática?

–Es una broma. Siempre tuve la ambición de ser un actor cómico, y una vez alguien que no estaba de acuerdo con el movimiento de software libre me acusó de ser un imán loco, entonces decidí burlarme de él y de mí mismo. Pero en realidad, la primera vez que lo personifiqué fue en una fiesta de disfraces en California. Había olvidado llevar un disfraz y en la casa de una amiga en la que estaba había un viejo disco duro y tuve la idea de usarlo como aureola y presentarme como santo, y fui a la fiesta como San IGNUcio. Luego, la semana siguiente tuve que ir a México a unas conferencias y decidí presentar a San IGNUcio y la audiencia se río mucho. Y a través de los años he añadido más bromas a mi rutina cómica.

Página 12. 24 de agosto de 2009

Creado el 24/08/2009.
Etiquetas: Ciencia y técnica
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Jugando con los electrones. Diálogo con Néstor Katz, por Leonardo Moledo

Jugando con los electrones
Diálogo con Néstor Katz, Doctor en Química
¿Descubrimos o inventamos las leyes de la naturaleza...? ¿Y creamos los objetos de la naturaleza en el laboratorio? Esa es la discusión que cifra el misterio de la ciencia. Aprovecha el jinete un congreso de bacterias lácticas al que fue invitado para hablar de Darwin.
Por Leonardo Moledo

–Aparentemente, usted no es ferroviario ni polígrafo...

–¿Y eso a qué viene?

–Mire, no tengo idea... tal vez antes que a usted estuve entrevistando a un ferroviario, o a un polígrafo, pero la verdad es que no me acuerdo, así que lo tenemos que aceptar como viene.

–Y bueno...

–Y tengo otra mala noticia: no me mandaron las fotos de Tucumán, así que voy a poner otra ilustración cualquiera.

–Bueno, si no hay más remedio... le cuento: sigo en mi profesión a mi padre, que también era doctor en Química y profesor de la Universidad de Tucumán. Yo también doy clases allí, en la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia. Allí hice mi carrera, el doctorado lo hice en la Universidad de La Plata y luego ingresé a la carrera de investigador del Conicet. Actualmente soy investigador principal y fui designado el año pasado como director interino del primer instituto de investigaciones químicas del Conicet en Tucumán: el Inquinoa (Instituto de Química del Noroeste Argentino), que agrupa varias líneas de investigación que se vienen llevando a cabo hace varios años en la Universidad de Tucumán.

–Eso es lo formal. ¿Vamos a la ciencia?

–Adelante.

–Cuénteme en qué consiste su investigación concreta.

–Mi tema de investigación se refiere a química de compuestos de coordinación, es decir, química de sustancias inorgánicas que tienen en su estructura metales de transición, elementos de la tabla periódica que les confieren propiedades particulares a estos elementos.

–¿Por ejemplo?

–Uno de ellos, al que estamos abocados casi todos los que nos dedicamos a esto, es la conversión de energía. Uno puede utilizar, actualmente, un complejo artificial para reproducir pasos primarios de la fotosíntesis, es decir, poder convertir energía luminosa o energía solar en energía eléctrica o química.

–A ver, cuénteme ese proceso.

–Está basado en lo que Einstein estudió hace muchos años, y por eso se lo considera el padre de la fotoquímica (a pesar de que en realidad era físico). Se trata del efecto fotoeléctrico, por el cual ganó el Premio Nobel de Física. Llega un fotón a la superficie de un material, que eyecta un electrón. En el caso de estos complejos que estudiamos, lo que es conocido y está transferido tecnológicamente, es fabricar un panel solar, donde se pone un semiconductor (como dióxido de titanio), una sustancia transparente que no absorbe luz visible. Sobre este semiconductor se pega uno de estos complejos coloreados que absorbe mucha luz visible. Hay que saber diseñar estos compuestos, pero no es a lo que nosotros nos dedicamos.

–¿...?

–Nosotros nos dedicamos más a la síntesis y estudio de propiedades, no a la transferencia tecnológica. Cuando llega el fotón, le decía, eyecta un electrón del complejo, que toma un estado excitado. Ese electrón entra en la capa de conducción del dióxido de titanio. Si ese dióxido de titanio se conecta a un circuito eléctrico, uno puede obtener inmediatamente corriente eléctrica.

–A ver si entiendo. Nosotros tenemos una capa molecular de dióxido de titanio, recubierta con un complejo. El complejo, a su vez, tiene un fotosensibilizador.

–Claro, su función es la de antena. Recibe el fotón, se excita y libera un electrón.

–¿Y ese electrón adónde va?

–Esa energía promueve un electrón de su estado fundamental a un orbital más alto. Desde ese nuevo orbital se puede transferir al dióxido de titanio, que se conecta a un cable y de ahí se obtiene la energía eléctrica. Es lo que se llama una transferencia electrónica del fotosensibilizador al semiconductor.

–Ese sería el tema general. Vayamos un poco más a lo micro.

–Nosotros lo que tratamos de hacer es sintetizar compuestos nuevos, intentando encontrar propiedades físico-químicas interesantes con miras a convertir en energía. También podrían utilizarse como sensores moleculares. Hay muchos compuestos, por ejemplo, cuya absorción UV visible cambia con el PH de la solución, con su contenido ácido. Uno podría usar eso como sensor de contaminante ambiental.

–Cuando usted sintetiza un compuesto que no existe en la naturaleza, llamémoslo X, ¿está descubriendo algo o fabricando algo?

–Uno fabrica y encuentra algo nuevo.

–Hay un inconveniente allí. Si yo llego a sintetizar algo que no existe en la naturaleza, tengo que reconocer por lo menos que ese complejo es algo posible (si no lo fuera, no lo podría haber diseñado). En ese sentido, le pregunto: al crear algo que solamente es posible porque las leyes de la naturaleza lo permiten, ¿está fabricando o está descubriendo?

–Insisto: creo que ambas cosas. El químico inorgánico se diferencia un poquito del físico-químico en que este último se dedica más bien a hacer mediciones y a encontrar propiedades nuevas de compuestos ya conocidos. El inorgánico hace algo de físico-química, pero además sintetiza en su laboratorio algo que es nuevo, es un descubrimiento.

–Pero usted está enriqueciendo la naturaleza con cosas que no existían...

–Pero que la naturaleza permite. Hoy se conocen más de un millón de compuestos químicos sintetizados en la naturaleza. Y le diría que el sueño de todo químico sintético es fabricar vida en el laboratorio. Hasta ahora no ha sido hecho. Las células están hechas de moléculas y las moléculas son el objeto de estudio de la química. Si un químico es capaz de manipular moléculas y de armarlas como le plazca, es posible que él pudiera fabricar vida sintética.

–La pregunta que yo le podría hacer es la siguiente: hace poco hubo una historia con los monopolios magnéticos. Hace tiempo que los estaban buscando, pero no se encontraban por ningún lado, hasta que decidieron fabricarlos. Ahora bien, los monopolios magnéticos están predichos por la teoría. Si una teoría predice algo (que esa molécula puede existir), pero esa molécula existe y se llena sintéticamente, ese molde que permite la creación del monopolio, por ejemplo, ¿se puede decir que la naturaleza lo tenía y que lo único que faltaba era producirlo?

–Es muy interesante y muy difícil. No se lo puedo contestar, creo que requeriría una charla de horas.

–Tenemos horas.

–O de meses.

–No tenemos meses.

–Qué alivio.

–Con respecto a todas las cosas que usted utiliza teóricamente, como por ejemplo las moléculas, las uniones, los orbitales, ¿usted cree que existen en la realidad empírica o que son simples modelos?

–En principio las teorías físicas son aproximaciones a la realidad. Ahora hay métodos modernos de microscopía electrónica donde uno ya puede ver las moléculas.

–Hay algo curioso allí. Cuando uno estudia teóricamente, digamos, el electrón, se lo imagina con características de partícula, de corpúsculo. Pero en microscopio electrónico se lo percibe como una onda. Es muy raro eso, ¿no? Da la sensación de que se avanza un poco a los tumbos, sin saber bien qué son las cosas en realidad.

–Sí. Por eso le decía que son aproximaciones. Y en eso se basan todas las teorías. Su validez se apoya en los experimentos. Y eso remite a la famosa frase de Einstein que dice, aproximadamente: “Que muchos experimentos coincidan con la teoría no significa que ésta sea cierta; pero basta con que uno la refute para demostrar que la teoría es falsa”.

–Yo estoy muy interesado en el problema de la existencia de las cosas con las que se trabaja.

–Es un problema filosófico.

–Me interesan los problemas filosóficos.

–Van más allá de la química.

–Yo no creo que vayan más allá. Yo creo que la naturaleza de los objetos con los que trabajamos tiene que ver con lo que hacemos. Y una pregunta más.

–No, por favor...

–Todo lo que es físicamente o químicamente posible, ¿existe?

–...

Página 12. 28 de octubre de 2009

Creado el 28/10/2009.
Etiquetas: Ciencia y técnica
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Hacete el loco, por Juan Forn

Hacete el loco
Por Juan Forn

En 1937, la revista Life preparaba un largo artículo sobre Einstein y encargó a Lotte Jacobi que fotografiara al genio en su nuevo hogar norteamericano. Como Einstein y tantos otros integrantes de la intelligentzia alemana, la Jacobi había llegado al Nuevo Mundo huyendo del nazismo y sus primeros trabajos en Nueva York consistieron precisamente en fotografiar a esos expatriados. Pero cuando llevó las imágenes de aquella sesión informal a Life, la revista las rechazó, argumentando que las fotos no mostraban a Einstein “suficientemente digno”. Jacobi se encogió de hombros y se limitó a decir: “Mi estilo fotográfico es el estilo de la persona que retrato”. Einstein adoró la anécdota y la repitió muchas veces a quienes lo visitaban en su casa y veían la foto en cuestión, enmarcada y colgada en la pared.

Las relaciones de Einstein con su país de adopción estuvieron marcadas por esta clase de equívocos desde su primer intento de visita, en 1919. Einstein enfrentaba por entonces un complicado divorcio de su primera esposa, la serbia Mileva Maric, a quien llegó a ofrecerle el dinero del Premio Nobel que aún no había ganado (lo recibiría recién dos años después) para que lo dejara en paz. Enterado de las estrecheces financieras del gran científico, un admirador llamado Max Warburg le propuso organizarle una gira de conferencias por Norteamérica, pero ninguna universidad mostró interés por pagar los honorarios solicitados, cosa que alivió a Einstein. “Es mejor así”, le escribió a su admirador. “No soy orador, no me parecía una manera muy digna de ganar dinero.”

Eso mismo le contó dos años después a Chaim Weizmann, el dirigente sionista que sería el primer presidente de Israel, cuando éste le pidió que lo acompañara a Nueva York a recaudar fondos. Es graciosa la manera en que Weizmann lo sumó a la causa del sionismo. Einstein le dijo en aquella entrevista que le parecía absurdo llevar a trabajar la tierra a un pueblo que se caracterizaba por su orientación hacia lo intelectual. Weizmann le contestó que lo ayudara entonces a juntar dinero para crear la primera universidad hebrea en Palestina. Einstein le dijo que ya había comprobado que nadie pagaría por escucharlo en América. Weizmann le contestó que no se trataba de pedir honorarios por hablar de la teoría de la relatividad, sino de recolectar donaciones voluntarias entre los judíos de América hablándoles de la patria que construirían en Palestina.

La llegada a Manhattan del Premio Nobel y el futuro presidente de Israel colapsó la ciudad. Multitudes de inmigrantes los esperaban en el puerto y siguieron cada uno de sus pasos en los días siguientes. Llamativamente, el grueso de esas multitudes estaba compuesto por inmigrantes de clase media y baja. El establishment judío, en cambio, encabezado por Louis Brandeis (presidente de la Corte Suprema norteamericana), Felix Frankfurter (decano de Leyes de Harvard), Arthur Hays Sulzberger (dueño del New York Times), el financista Irving Lehman, el filántropo Daniel Guggenheim y el senador Jefferson Levy, le recomendó discretamente a Einstein que restringiese a lo científico sus alocuciones públicas y dejara a cargo de ellos la recaudación de fondos: “No se puede confiar el dinero para la creación de un Estado judío en Palestina a los judíos rusos. Weizmann es una buena persona, pero su gente no es confiable”. Einstein les contestó públicamente: “Hasta hace una generación, los judíos alemanes no se consideraban miembros del pueblo hebreo. El antisemitismo ha revertido esa situación, nos guste o no nos guste, y considero repulsiva la indigna tendencia a adaptarse y conformar a los goyim que caracteriza a los judíos asimilados, tanto aquí como en Europa”. Consecuencia: Harvard le retiró una invitación para dirigirse a su alumnado, el New York Times cubrió con mal disimulada ironía la gira y los fondos recaudados en la gira fueron cinco veces inferiores a los cuatro millones de dólares que esperaba Weizmann.

La única universidad que honró a Einstein como se merecía fue Princeton: le contrató un ciclo entero de conferencias, le dio un doctorado honoris causa y le ofreció publicar la traducción al inglés de esas conferencias con un royalty del 15 por ciento (cuando el derecho de autor histórico era del 10 por ciento). Así comenzó el vínculo que desembocaría, doce años después, en la instalación definitiva de Einstein en Long Island, como “joya de la corona” de Princeton. Pero su vida allá no fue fácil. Su sionismo, su pacifismo, su socialismo, su igualitarismo racial no eran vistos como virtudes “americanas”, ni en los años de preguerra, ni durante, ni después. Para el decano de Princeton, que tanto esfuerzo había hecho por contratarlo, las declaraciones políticas de Einstein eran una incomodidad permanente. Incluso cuando hablaba de las causas que defendía. No más llegar a Princeton, Einstein despertó las iras del sionismo cuando declaró: “Si los judíos somos incapaces de encontrar una honesta vía de pactar y cooperar con los árabes, demostraremos que no hemos aprendido nada en veinte siglos de sufrimiento” (años después, cuando rechazó la presidencia de Israel, supo ser más discreto: le confesó en una carta a su hijastra Margot que “si aceptara, debería decir cosas que el pueblo israelí no quiere escuchar”).

Es sabido que, desde que Estados Unidos entró en la guerra, un comité de la universidad filtraba el correo de Einstein e incluso rechazaba invitaciones a su nombre sin consultarlo. Cuando Einstein comprendió la situación, decidió poner en práctica el consejo que le había dado su amigo Charles Chaplin y aprendió a camuflar sus ideas políticas a través de la fachada simpática de genio distraído (la melena revuelta, los suéters viejos, los zapatos sin medias). En 1949 le escribió al matemático Max Born: “Se me considera un objeto petrificado, un rol que no me disgusta del todo si sirve para que se acepten mis defectos como los acepto yo mismo”.

El FBI no le respetó la intimidad ni siquiera en el lecho de muerte. En el frondoso legajo sobre su persona, abierto al público recientemente, hay un memorándum furioso de J. Edgar Hoover preguntando cómo era posible que la enfermera que cuidaba de Einstein en sus últimas horas (y escuchó sus últimas palabras) no supiera alemán, idioma en el que se refugió el moribundo antes de expirar. La última intromisión a la intimidad de Einstein fue la disección de su cerebro para estudiar “el origen de su genio”. Dividido en 240 partes, almacenado en frascos de vidrio, analizado por todo tipo de genetistas durante los últimos cincuenta años, el cerebro de Einstein no logró ofrecer ninguna revelación particular a la ciencia norteamericana, demostrando cuán literalmente cierta era la frase que su dueño repitió un millón de veces sin que nadie lo tomara en serio: “No tengo talentos especiales; sólo una anormal curiosidad”.

Página 12. 27 de noviembre de 2009

Creado el 27/11/2009.
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El método de Montecarlo. Jugando con procesos aleatorios mientras el lobo no está. Por Claudio H. Sanchez

El método de Montecarlo
Jugando con procesos aleatorios mientras el lobo no está.
Los procesos aleatorios, estocásticos o probabilísticos suelen desafiar la intuición y, a veces, aun la de los matemáticos. Sin embargo, la teoría de las probabilidades es tan precisa que, la verdad, uno se queda pasmado. ¿Cómo puede predecirse lo que es aleatorio, azaroso, en apariencia impredecible? Los ejemplos que aparecen aquí sobre el método de Montecarlo pueden convencer (o no) de este asunto. Es azaroso.
Por Claudio H. Sanchez

En 1944, John von Neumann y Stanislaw Ulam trabajaban en el laboratorio de Los Alamos, investigando sobre la bomba atómica. Ambos eran matemáticos y sus investigaciones eran obviamente teóricas: no podían hacer estallar una bomba cada vez que querían comprobar el resultado de sus cálculos. Pero el análisis teórico tampoco era fácil porque las reacciones nucleares que determinan el funcionamiento de una bomba atómica tienen un comportamiento aleatorio que no responde necesariamente a ecuaciones simples como la trayectoria de un proyectil o la oscilación de un péndulo. Entonces decidieron simular ese proceso aleatorio con otro dispositivo aleatorio: una ruleta. Bajo ciertas condiciones, la secuencia de números aparecidos en la ruleta podría reproducir el desarrollo del fenómeno que querían estudiar. Llamaron a esta simulación Método de Montecarlo, en obvia alusión al casino de la Costa Azul.

Las aplicaciones del método de Montecarlo no se limitan a la física nuclear. Cualquier proceso aleatorio suficientemente complejo o costoso como para reproducirlo en forma real se puede simular mediante dispositivos que generen valores al azar, sean ruletas, dados o, más comúnmente, programas de computadora.
Un problema de sexos

Por ejemplo, si una pareja tiene cuatro hijos, ¿qué es más probable? ¿Que haya dos hijos de cada sexo o tres de un sexo y uno del otro? Hay muchas formas de responder a esta pregunta. Se puede hacer un cálculo, aplicando las leyes de probabilidad. Se puede hacer el recuento de todas las combinaciones posibles y ver cuál es la más frecuente. O se puede hacer un censo entre familias de cuatro hijos. Lo que no se puede hacer (o sería muy costoso y complicado) es resolverlo experimentalmente: contratar a un grupo grande de parejas para que tengan cuatro hijos y luego analizar los resultados. Pero sí se puede simular el proceso.

Para esto se necesita un dispositivo que genere al azar dos valores posibles que representen los dos sexos. Puede hacerse con una moneda: si tiramos cuatro monedas (o una misma moneda cuatro veces), la secuencia de caras y cecas puede equipararse a la secuencia de varones y mujeres.

Por ejemplo, tiramos las cuatro monedas y obtenemos una cara y tres cecas. Repetimos la experiencia y obtenemos dos caras y dos cecas. Continuamos así hasta completar veinte tiradas y obtenemos los siguientes resultados: todas caras (o todas cecas), cuatro veces; dos caras y dos cecas, cinco veces; tres caras y una ceca (o al revés), trece veces. Aunque los números no se corresponden exactamente con lo que predice el cálculo de probabilidades, el resultado de la simulación es esencialmente correcto: es más probable que haya tres mujeres y un varón (o al revés), que dos y dos.
El problema del estacionamiento

La simulación por el método de Montecarlo también se aplica a fenómenos donde entra en juego el comportamiento humano. Por ejemplo, si a un banco concurren veinte clientes por hora y cada uno se demora dos minutos en la ventanilla, parecería que nunca se formará una fila ya que el tiempo de atención es menor a la frecuencia de llegada de clientes. Sin embargo, podría ser que llegaran cinco clientes juntos en pocos minutos. En ese caso tendrán que esperar. Para saber el tiempo promedio de espera en la fila se puede recurrir a algún dispositivo aleatorio que simule la llegada de los clientes.

Otro ejemplo es el llamado “problema del estacionamiento”: si un auto necesita cinco metros para estacionar (incluyendo el espacio necesario para entrar y salir), ¿cuántos autos podrán estacionar en una calle de cien metros? La respuesta no es veinte autos (cien dividido cinco). Eso ocurriría si cada auto estacionara exactamente a continuación del anterior. Pero si algún auto se estacionara a tres metros de otro, quedaría un espacio desperdiciado que reduciría la cantidad de autos posibles.

Como cada auto llega y se acomoda donde puede o donde mejor le parece, éste es un fenómeno de características aleatorias y se puede simular por el método de Montecarlo. A falta de ruleta, como dispositivo aleatorio, se puede usar un libro que se abre al azar: las dos últimas cifras del número de página representarán la distancia a la que estaciona el auto, medida desde un extremo de la calle.

Por ejemplo, se abre el libro al azar en la página 315. Esto significa que el primer auto estaciona a 15 metros de la esquina. Repetimos la experiencia y esta vez el libro se abre en la Página/129. Es decir que el segundo auto se estaciona a 29 metros de la esquina. En la tercera experiencia abrimos el libro en la página 227. Este número representa un auto que pretende estacionar a 27 metros de la esquina, ocupando parte del espacio del anterior. Entonces simplemente se descarta este “auto”. Se siguen generando números al azar con el libro y se abre en las páginas 205, 139, 337, 193, 91, 321, 241, 109, 305, 273, 161, 281 y 250.

Si de estos números se descartan los que corresponden a posiciones ya ocupadas, los números restantes representan diez autos que estacionan. Además, quedan cinco espacios intermedios, suficientes para otros tantos autos. Se puede detener la simulación en este punto ya que un auto que llega y encuentra un espacio de cinco o más metros libres entre otros dos se estacionará ahí. En cualquier caso, la simulación indica que se pueden estacionar quince autos, que es justamente el número al que se llegaría tras un análisis estadístico más complejo.

Por supuesto, en las modernas simulaciones los números aleatorios no se obtienen con ruletas, dados ni libros sino con computadoras. Una computadora puede simular miles de experiencias en pocos segundos, con lo que los resultados resultan mucho más confiables.
La aguja de Buffon

En realidad, la idea de usar dispositivos aleatorios para resolver ciertos cálculos complejos es muy anterior a las experiencias de von Newmann y Ulam y se aplica a problemas que, en principio, parecen no tener que ver con el azar. Por ejemplo, para medir superficies irregulares. Se dibuja la superficie en una hoja cuadrada y se desparraman granos de arroz, uniformemente, sobre la hoja. La fracción de granos que caen dentro de la superficie es igual a la relación entre la superficie a medir y la del cuadrado.

Otro ejemplo muy curioso es el experimento llamado “la Aguja de Buffon”, propuesto por Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, un matemático francés del siglo XVIII. Permite calcular el número p (la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro) dejando caer agujas sobre un piso de tablas. La separación entre las tablas debe ser igual al largo de la aguja. Se deja caer la aguja muchas veces. Cientos o miles de veces (este conde era un hombre con mucho tiempo libre). Se toma nota de cuántas veces la aguja cae cortando la separación entre dos tablas. Puede demostrarse teóricamente (y comprobarse empíricamente) que multiplicando por dos la cantidad veces que se deja caer la aguja, y dividiendo por la cantidad de veces que la aguja corta la separación entre dos tablas, se obtiene un número muy próximo a p.

El experimento de Buffon fue realizado en 1901 por un matemático italiano de apellido Lazzerini. Dejando caer la aguja más treinta de mil veces (otro a quien le sobraba el tiempo), Lazzerini obtuvo un valor de p de 3,1415929, que es exacto hasta la séptima cifra significativa (el último dígito debería ser un seis). El resultado es tan bueno que muchos desconfían de él: o Lazzerini tuvo mucha suerte o, simplemente, falseó los resultados.

Quienes no tengan tanto tiempo como Lazzerini o Buffon pueden encontrar en Internet muchos programas para realizar la simulación en una computadora. Por ejemplo, en www.efg2.com/Lab/Mathematics/Buffon.htm.

Página 12. 5 de diciembre de 2009

Creado el 06/12/2009.
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Un paseo por la mente. Una entrevista a Carolina Scotto, por Leonardo Moledo e Ignacio Jawtuschenko

Un paseo por la mente
Una entrevista a Carolina Scotto, filósofa de la mente y rectora de la Universidad Nacional de Córdoba.
Los procesos de percepción, memoria y conciencia. El concepto, o mejor, los múltiples conceptos del “yo”. Carolina Scotto es doctora en Filosofía y en esta entrevista recorre la relación del mundo con la mente: la filosofía de la mente como capítulo esencial de la epistemología.
Por Leonardo Moledo e Ignacio Jawtuschenko

–Bueno, usted es rectora de la universidad de Córdoba, y sobre eso tendrá mucho que decir, pero también se dedica la filosofía de la mente. La verdad, preferiría que dejáramos las cosas burocráticas de lado y hablemos de esto último. ¿De acuerdo?

–De acuerdo.

–Me parece la mejor cualidad de un rector: que hable de lo que investiga...

–Sí, lo otro termina muchas veces en frases hechas...

–Bueno, vamos entonces: la relación del mundo con la mente es interesante porque abre la pregunta acerca de por qué es posible la ciencia.

–Claro, eso hace de la filosofía de la mente un capítulo esencial de la epistemología.

–Hablemos de aquello en lo que usted trabaja específicamente.

–En estos últimos años el trabajo con mis becarios y mi equipo de investigación ha girado en torno de las relaciones conceptuales y teóricas entre los modos vulgares o precientíficos de explicar el comportamiento de ciertas criaturas y los modos científicos, en plural, de conceptualizar y teorizar acerca de la explicación psicológica.

–Criaturas... ¿A qué se refiere?

–La ciencia psicológica o las ciencias de la mente han estado tradicionalmente centradas en la atribución de predicados mentales sólo a sujetos humanos. Esto tiene una larga tradición en la historia del pensamiento filosófico y científico, cada vez se le ha ido dando más vigor a una concepción de lo mental, como aquello que sólo se presenta en el caso de los sujetos humanos adultos hablantes.

–Cuando dice “lo mental”, ¿qué quiere decir?

–Mental es un adjetivo extremadamente genérico. Se incluye en un muy variado espectro de procesos, mecanismos, habilidades, facultades, que van desde aquellas que despertaron en la tradición clásica escaso interés por considerarse las más toscas, menos singularizadoras de la mente humana, aquellas a través de las cuales mantenemos una propiocepción –una percepción de nosotros mismos y de nuestro entorno inmediato– no necesariamente procesada a nivel consciente pero que constituye un flujo de información esencial para la realización de otros procesos cognitivos más complejos, ya de carácter consciente. Estos últimos procesos son aquellos a los que paradigmáticamente la tradición clásica ha prestado más atención por considerarlas competencias cognitivas singularizadoras, incluso con una visión de la superioridad que nos da con respecto a otras criaturas tener estas facultades.

–Usted habla de ese flujo en el medio del cual estamos. En ese flujo se define un “yo”, pero en la filosofía de la mente hay dos problemas. Uno es tratar de definir el estado consciente, y el otro es el asunto del pensamiento y el lenguaje, que parece que no está para nada definido. Así como hay algunos que piensan que el pensamiento es lenguaje o que el lenguaje es el pensamiento, tal vez el lenguaje sea una parte del pensamiento e incluso un obstáculo, en determinados momentos, para el pensamiento.

–Yo diría como primera parte de mi respuesta que hay un conjunto de conceptos en la reflexión filosófica contemporánea acerca de lo mental de una enorme densidad semántica y filosófica. El concepto de “yo” es uno de ellos. El de “conciencia” es otro de ellos, también “racionalidad”, “experiencia fenoménica”.

–Nada fáciles, por cierto.

–Y claro que no. Para todos ellos hay más de un significado, no en el sentido de que cada teórico aporta su propia concepción del problema, sino que detrás de cada concepto hay muchas nociones. Hay nociones de “yo” tales como la que dejó inscripta con una enorme fuerza en la tradición científico filosófica de la modernidad Descartes, que es la del yo como la de un gran escenario interno, autotransparente para el propio sujeto, porque lo que ocurre dentro de ese “yo” constituye la esfera interior de un reino, en “un ser en el mundo” esencialmente distinta del modo de ser de las cosas meramente físicas.

–Ahora, de Descartes hasta aquí ha corrido mucha agua horadando esa noción de “yo”, por ejemplo con Kant.

–Sin dudas la noción kantiana es desde ya es una noción compleja. No hay un “yo” en Kant, hay muchos. Por su parte, los filósofos empiristas han hecho enormes avances en lo que se denomina hoy naturalizar el “yo”, sacarlo de ese reino tan contrario al reino de la naturaleza. El “yo” de Jung es prácticamente una cadena de fenómenos que es explicable en un nivel bastante similar a como puede explicarse cualquier otro fenómeno en el orden natural del mundo.

–Pero Jung en cierta forma ya pasó...

–Puede ser. Pero luego hemos tenido otros aluviones sobre esta noción del “yo”. La idea freudiana, la concepción freudiana (obviamente no me refiero al psicoanálisis), pero me refiero a una importantísima matriz dentro de la psicología del pensamiento, también nos ha enseñado a distinguir entre el “yo” consciente y una importantísima dimensión de nuestra actividad mental que gobierna buena parte de nuestras acciones, que no es consciente y que es en principio inaccesible a la conciencia inclusive.

–Sería en cierta forma lo contrario del yo cartesiano. Y a ver... ¿puedo dar unos pasos hacia delante?

–Sí, claro.

–En otras ciencias de lo mental, como pueden ser las ciencias cognitivas, en aquellos capítulos dedicados a la cognición animal, es decir criaturas no humanas, también se ha identificado mediante una serie de tests, especialmente con grandes simios una cierta conciencia de la identidad personal. En el famoso test del espejo, la conducta que vivencian estas criaturas cuando se observan a sí mismas es una clara muestra de que se distinguen a sí mismos de los demás, es un comportamiento que no podría tener una adecuada explicación si no hubiera criterios bastante sólidos de identidad personal y de reconocimiento.

–La mente no es patrimonio exclusivo de los seres humanos...

–Los evolucionistas materialistas como yo hablamos de personas humanas y personas no humanas. Peter Singer dice que muchas más criaturas que los seres humanos constituyen comunidades morales, comunidades de derechos. Muchas de ellas requieren de nuestra protección, dada nuestras facultades para ejercer una protección sobre ellos, no menos quizás, que personas humanas con limitaciones o discapacidades. No sé si no estoy hablando demasiado, pero me cuesta controlarme.

–No importa, así yo descanso... y pienso.

–Además hay un argumento evolutivo acá que no se puede ignorar. Si el “yo” que es una característica del sujeto y el sujeto se constituyó evolutivamente, el “yo” tuvo que evolucionar, o sea que hay instancias intermedias del “yo”.

–Yo adhiero profundamente a la noción de gradualismo. Creo que es una de las más profundas lecciones que para las ciencias tanto humanas como naturales ha dejado el pensamiento darwiniano. Creo que tener una posición gradualista es una gran contribución a la conceptualización y teorización de los fenómenos mentales. No sólo pluralizar el concepto, de qué yo o conciencia estamos hablando, sino además admitir grados en los que se dan estos fenómenos conforme el tipo de criaturas o tipos de mentes de que se trate o incluso según el estadio del desarrollo cognitivo de cada criatura.

–¿Podemos llegar a conceptualizar un “yo” parcial o eso nos está vedado?

–Seguramente que podemos conceptualizar. El cada vez mayor conocimiento de los desórdenes, patologías y daños que en los distintos niveles de la función cognitiva ha hecho una gran contribución al conocimiento científico de lo mental y ha removido mucho la reflexión filosófica. Conocer qué se pierde cuando se pierde cierta facultad, cuánto del resto del comportamiento y de las capacidades cognitivas de un agente se desarregla por la pérdida o la afectación de alguna otra función contribuye a la comprensión global de la mente sana, de la mente normal.

–Y en cuanto a la relación del “yo” con la memoria, ¿puede haber un “yo” sin memoria? Por otro lado, ¿el “yo” puede conceptualizar el mundo de una manera no narrativa?

–Sobre la primera pregunta casi no tendría nada que decir, excepto que nuestra concepción humana del “yo” incluye esencialmente la facultad de un relato histórico. Yo diría hoy que en algún sentido dentro de esta idea de multiplicidad de capas que admiten estas nociones, en el sentido más social, más manejable no científicamente, el “yo” es un relato y como tal requiere de la memoria, porque todo relato tiene un transcurso del tiempo y ha sido construido en el tiempo.

–No sólo un relato. Yo digo “taza”, y sé que es la misma taza de hace un rato.

–Usted dice “taza” porque quiere un poco más de café.

–Efectivamente, pero bueno, en algún momento se produce ese reconocimiento de la “taza”, con café o sin él. Es un relato que se extiende en el tiempo. Hay un entorno del tiempo que uno reconoce como continuidad. Ahora, si ese relato que es memoria y que es relato sobre todo es constitutivo del yo y si una parte del yo esta en la posibilidad de hablar, y otra parte del yo está en la posibilidad de pensar o conceptualizar, ¿conceptualizamos según relatos aunque sean mínimos? ¿Es posible conceptualizar la puerta aquella que vemos simplemente como puerta o tenemos que integrarla en otra cosa, en algo que tiene una continuidad narrativa?

–Buena parte de nuestro pensamiento y aquel que en particular es pertinente para la construcción de ese relato del que está hecho nuestra identidad personal tiene carácter proposicional. No es una mera acumulación de conceptos atómicos separados unos de otros sin ninguna articulación, sino que tiene el carácter del pensamiento articulado. No es una especie de flujo de información preconceptual. Estaba hablando del relato aquel del que se constituye nuestra identidad personal. Pero creo que es fácil demostrar que hay una enorme e importantísima actividad mental, que por qué no llamarla pensamiento, que puede incluir desde sensaciones, percepciones hasta alguna forma de pensamiento más complejo que no necesariamente tiene carácter proposicional, aunque creo en el caso humano tiene generalmente carácter conceptual, que no es lo mismo que decir carácter lingüístico.

–¿Ese carácter conceptual tiene algún elemento narrativo? Narrativo en el sentido de que cuando miramos la puerta pensamos en la puerta permaneciendo en el tiempo o pensamos en la puerta que se abrió, o sea no podemos pensar la puerta sola como concepto aislado platónico.

–Es pensamiento proposicional, se piensa en algo y se piensa algo acerca de ese algo. Uno no piensa en lapiceras. Normalmente pienso en la lapicera que está ahí, en la lapicera que es mía o en que tengo una lapicera. A eso le llamamos pensamiento proposicional, una articulación de conceptos que incluye un concepto relativo a la entidad en la que pensamos y uno o más conceptos que nos dicen algo acerca de cómo pensamos sobre esa entidad.

–¿Cuando soñamos estamos pensando?

–La única manera de responderlo tiene por fuente de información el recuerdo del sueño. Normalmente ese recuerdo del sueño, que sin duda debe recoger apenas fragmentos de lo que ha sido un continuo de actividad cerebral ocurrida durante el sueño, tiene formato lingüístico, a veces sólo conceptual, a veces imaginístico de sensaciones.

–Uno se pregunta por qué uno sueña lo que sueña. Por ejemplo la teoría de Crick dice que es una manera de olvidar, una manera de transferir de memorias cortas a memorias largas. Ahora: ¿por qué eso tendría que ser narrativo? Si el pensamiento es básicamente narrativo, entonces se entiende que el sueño como pensamiento tiene que organizarse de una manera narrativa cualquiera.

–Yo no estoy tan segura, porque hay una enorme de actividad mental que no necesariamente tiene el formato de relato y de la que no somos normalmente conscientes porque estamos centrando el foco de atención en algún pensamiento consciente. Yo al mismo tiempo que estoy intentando responder la pregunta estoy sintiendo los límites de mi propia corporalidad respecto de las otras entidades físicas que me rodean, sin los cuales seguramente podría cometer algunas torpezas o algunos errores graves que no me permitirían seguir articulando conceptos. Y eso no necesariamente tiene el formato de un relato, pero es información sin la cual no podría yo intentar responder la pregunta. Solemos prestar más atención al pensamiento consciente de carácter discursivo, a los relatos, a través de los cuales construimos nuestra identidad personal, nuestros razonamientos más sofisticados. Y no solemos prestar atención a la actividad que tendemos a caracterizar como pre-mental, pre-lingüístico, pre-conceptual, que genera una especie de territorio más bien del lado del cuerpo que del lado de la mente y en realidad ahí hay una cantidad de información sin la cual no seríamos sujetos competentes.

–Usted dice que el pensamiento lingüístico es una parte. Si el pensamiento lingüístico fuera todo efectivamente –como dice Quine– no se podrían entender los sujetos, sin embargo no es así. Podemos aprender otro lenguaje. Para aprender otro lenguaje tenemos que tener un elemento no lingüístico que nos permita aprenderlo.

–El bueno de Quine estuvo cerca de admitir que estaba equivocado cuando él mismo, intentando explicar cómo hacemos para comprender una comunidad totalmente extraña a la nuestra, recurrió a ese gran poder que es la empatía, esa conexión con el otro, que nos permite ponernos en el lugar del otro, proyectar nuestros modos de comportamiento al otro...

–¿La empatía es exclusivamente humana?

–Absolutamente no. Hay interesantísimos estudios acerca del complejo concepto de empatía y que permiten distinguir muchos niveles de competencias cognitivas. Claro, la versión más sofisticada requiere de una clara conciencia del propio yo, de su distinción respecto de otro yo y del razonamiento de proyectar al otro las cosas que al propio sujeto le acontecen como una estrategia para entenderlo. Pero esa competencia cognitiva se asienta en habilidades bastante más primitivas. Todos ingredientes de nuestro concepto humano de empatía: los fenómenos de la simpatía, del contagio emocional, de la atención visual conjunta, los compartimos con los grandes simios. Gracias a la empatía, la madre y el niño, tanto humanos como simios, consiguen entenderse de una manera intransferible, no verbal. Ahí, aun sin tener lenguaje consiguen percibir dónde está el peligro, saber u oler o sentirse auxiliados o seguros frente a la madre.

–¿Es posible que los primates puedan experimentar empatía por otra especie?

–Hay un libro maravilloso y muchísimos artículos de un autor, Franz Bibal...

–No entendí bien ese nombre, pero bueno, lo dejo así.

–Franz Bibal, un investigador holandés, que incorpora en sus reflexiones sobre la empatía, la cognición animal y el comportamiento animal en general evidencia realmente difícil de creer, como la empatía por ejemplo entre un bonobo y un pajarito.

–A eso me refería, exactamente.

–Bibal relata el caso de un bonobo que ve un pájaro herido caído, lo levanta, lo tira a volar, lo intenta ayudar a que recupere el vuelo, el pajarito estaba bastante malherido y vuelve a caerse y el bonobo decide hacer un esfuerzo adicional totalmente altruista, desinteresado, no conectable con la satisfacción de ningún interés propio, trepa a una palmera altísima con lo cual se pone en riesgo y desde ahí arriba intenta lanzarlo.

–Pobre pajarito... ¿Qué diferencia a la mente humana de la de un primate evolucionado como un bonobo?

–Muy pocos y muy sustantivos rasgos. Nos parecemos muchísimo, compartimos cerca de un 98 por ciento del ADN. Sin embargo hay una enorme e importante cantidad de mecanismos, facultades, humanas que compartimos con otras criaturas, que consideramos menores y nos concentramos en aquellas diferencias que marcan una diferencia sustancial. Creo que una vez que adquirimos la capacidad de almacenar y transferir información mediante el lenguaje adquirimos una habilidad que introduce diferencias cualitativas entre nuestras vidas mentales y las vidas mentales de las otras criaturas.

–¿No tienen lenguaje?

–Tienen refinadísimos sistemas de comunicación, pero no tienen algunas de las facultades singulares del lenguaje articulado humano. Los sistemas de comunicación animal, que están siendo cada vez más conocidos, tienen una enorme sofisticación, para modificar la conducta del otro, para sobrevivir, para perseguir los propios fines. El sistema lingüístico humano permite acumular información con un alto grado de refinamiento, que ahorra a la mente un enorme esfuerzo y multiplica en la comunidad esa información y genera cultura.

–En Occidente hay toda una mitología en torno del cerebro como lugar sagrado de residencia de la mente, ¿no?

–Sí, es un gran prejuicio y un gran deseo. Responde al deseo de encontrar un lugar donde estén los fenómenos bajo estudio, pero es extremadamente simplificador. Cuando uno caracteriza el objeto de estudio de las ciencias cognitivas, tiene que decir que esa actividad está enormemente dispersa en una red de fenómenos; algunos están situados espacio-temporalmente, pero otros son fenómenos como las entidades inobservables de la ciencia en general. Por ejemplo, lo que se sitúa a nivel de la relación de una persona y otra. Tenemos que desontologizar nuestras preguntas científicas básicas. Muchas veces tenemos que reemplazar la pregunta ¿qué es? por ¿cómo funciona? La reflexión ontológica nos obliga a ver que hay más clases de cosas. Hay una incontable cantidad de objetos de estudio de la ciencia, que no son cosas, por ejemplo, los significados. No necesariamente lo que decimos que existe son solo entidades discretas, materiales, situadas en el espacio-tiempo.

–Hay teorías como la del yo distribuido de Crick, que dice que no existe el, yo es la red neuronal.

–Hay una gran discusión que en rigor es tan vieja como la filosofía misma acerca de cuán separados o cuán conectados o cuán diferentes son mente y cerebro. Esta es una discusión que ha adquirido más carnadura, un carácter más desafiante a medida que las ciencias del cerebro han aportado un caudal de conocimiento del que antes no se disponía. Todo lo que ha conseguido explicarse en estas últimas décadas respecto de ciertos fenómenos, para los cuales antes sólo contábamos con caracterizaciones fenomenológicas o con teorías altamente especulativas, ha vuelto a poner sobre la mesa cuántas ciencias no materialistas sobrevivirán a las ciencias del cerebro.

–...

–Ahí tenemos a las versiones “tipo Bunge” del mundo y después tenemos versiones más narrativistas, que sostienen que cualquiera sea el avance en las ciencias del cerebro y los modelos de facultades mentales entre las cuales están las del cerebro, siempre habrá algo que se escapa. Ahí distingo, para usar la expresión de un querido y admirado filósofo contemporáneo, Daniel Bennet. Yo diría que él tiene una visión en extremo pluralista acerca de a qué le llamamos mente y cuántas ciencias hacen falta para estudiar un fenómeno tan complejo. De algún modo desplazando la discusión de si vamos a ser materialistas o dualistas, por una discusión de si será imprescindible ser pluralista. Eso sí, ser pluralista serio y poner en conexión los niveles explicativos siempre que se pueda y no tener pruritos en mantener niveles explicativos no necesariamente reducibles a niveles de explicación neural.

–Tal vez la clave de ese asunto está en el gradualismo. Si nosotros pudiéramos saber lo que pensaba un pitecantropus... Las mentes animales son mentes ya completas de alguna manera que evolucionaron en otro sentido.

–Se están escribiendo libros muy importantes sobre arqueología de la mente. Es un esfuerzo que parece infranqueable porque no solo está la barrera temporal, también es mínima la evidencia disponible. Pero el objetivo es reconstruir cuál pudo haber sido el universo mental y los recursos cognitivos de los que disponía el hombre primitivo. Hay autores que intentan conectar el origen de la facultad lingüística con ciertas habilidades para el desarrollo de la música. Hay mucha información cognitiva detrás de las herramientas que usaba el hombre primitivo. Algo a lo que la antropología y la arqueología pocas décadas atrás no prestaban atención. Estos elementos no solo son indicativos del estilo de vida económico de los pueblos, sino también muestran qué podían pensar y cómo construían conceptos.

–Hay cosas que por ahora sabemos que están en el misterio. Algunos dirán que estarán siempre en el misterio. ¿Las facultades cognitivas que necesita una rectora de una universidad tan grande y antigua como ésta alcanzan o hay una zona de misterio que no se puede resolver?

–Lo que uno realmente sabe, piensa, cree, siente y puede no lo sabe más uno que los demás.

Página 12. 7 de diciembre de 2009

Creado el 09/12/2009.
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Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina