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Simplemente Internet, por Juan C. Benavente
Simplemente Internet
Cuarenta años atrás se desarrollaba el núcleo de la red de redes
Palpita en la oscuridad como un superhéroe múltiple, polifacético y bondadoso que nos tiende la mano, como un Gran Hermano que lo sabe todo, pero que es abierto y generoso y está allí, en cada rincón, en la más remota esquina del hogar para ayudarnos y permitirnos vivir. Allí está todo, allí reside el Aleph que fue borrado de la casa de Carlos Argentino Daneri. Simplemente Internet.
Por Juan C. Benavente
“Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores en todas las naciones; por niños a quienes se enseñan altos conceptos matemáticos... Una representación gráfica de información abstraída de los bancos de todas las computadoras del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja.”
Esta abstrusa y premonitoria “complejidad inimaginable”, no es ni más ni menos que la idea del ciberespacio, tal como aparece en la novela Neuromance (1984) del escritor William Gibson. El neologismo ciberespacio, el “lugar” no físico en donde se mueven los cibernautas, es de cuño y letra del propio Gibson.
Neuromance se llevó los premios más importantes que se otorgan a obras de ciencia-ficción y pronto se mezcló con la estética ciberpunk; la alucinación colectiva soñada por Gibson, aunque incipiente, gozaba por entonces de buena salud y mostraba un crecimiento sostenido, explosivo después. A su manera, Gibson vislumbró lo que Internet permitió: la aparición de un nuevo mundo, aún adolescente, en el que se difuminan el tiempo y la geografía.
Todo y todos, de algún modo convertidos en estrictos unos y ceros binarios, finalmente terminan allí. Internet es la gran vidriera de la humanidad, el depósito planetario de información. A cuarenta años de generado el núcleo de aquella explosión, vale la pena apuntar unas líneas acerca de este conspicuo paradigma de lo global, fenómeno cultural y tecnológico con una capacidad de reproducción sólo comparable a la de la vida.
¿QUE ES INTERNET?
Un doble click en el mouse y adentro. Herramienta de comunicación, infoteca global descentralizada, lugar virtual de encuentro, conjunto terráqueo de redes sociales interconectadas. Internet es una caótica nube a la que se accede mediante un modesto cable o por ondas de radio (Wi-Fi); como buen cosmos, sigue expandiéndose como un Big Bang de escala humana.
Aunque nació como red, no fue la primera. Las redes de computadoras (conexión de varias máquinas para compartir recursos) preexisten a su aparición. Usualmente, terminales no inteligentes se conectaban a grandes computadoras centrales y en ese orden jerárquico cualquier falla en la central derrumbaba todo el sistema.
Una red así no era la apropiada para el mundo de la Guerra Fría. Durante años, ingenieros, matemáticos y técnicos trabajaron en la cuestión y con el tiempo fue surgiendo lo que hoy se conoce como Internet. Internet no fue un producto militar, pero su precedente más importante fue impulsado y financiado por el sector castrense.
NACE LA LEYENDA
Comenzaban los dorados y agitados años ’60. Latía más fuerte el riesgo de una guerra nuclear entre Occidente y el creciente mundo socialista; en ambos espacios proliferaban los misiles de largo alcance con ojivas nucleares. La pesadilla de la devastación era el futuro concebible.
Sin embargo, la confrontación efectiva de la Guerra Fría se libró en las arenas, selvas y ciudades del Tercer Mundo, con la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) guiñando movimientos de liberación y los EE.UU. regando los países con dictaduras, especialmente, los de Latinoamérica.
La guerra fue total y adquirió formas propias del espacio de lo simbólico y el terreno de la conciencia: el arte, los medios masivos, las creencias, la cultura. Los dos mundos privilegiaron la ciencia, la tecnología y la industria y allí también compitieron. Sin duda, el ejemplo más recordado fue la carrera espacial.
En ese marco, la Rand Corporation de los EE.UU., uno de los más notorios think tanks (“fábricas” o “tanques” de ideas, una suerte de consultora en asuntos estratégicos y militares), comenzó a trabajar –cercada por el secreto militar– en una ardua cuestión: ¿cómo mantener una red de comunicaciones entre autoridades y centros militares después de un ataque nuclear masivo?
Así planteado, el problema desveló a un equipo de investigadores entre los que estaba el ingeniero Paul Baran (1926). Del otro lado del Atlántico y más o menos por la misma época, Donald Davies del National Physics Laboratory de Gran Bretaña (www.npl.co.uk) y científicos de la Société Internationale de Télécommunications Aeronautiques (www.sita.aero), estuvieron experimentando con una técnica de interconexión de computadoras denominada “conmutación de paquetes” (packet switching), a primera vista algo ineficaz, pero muy flexible y extremadamente confiable. Pero fue el doctor en informática Leonard Kleinrock, del MIT (Massachusetts Institute of Technology) quien publicó por primera vez, en 1962, un trabajo explicando esa misma técnica.
Dos años antes, Joseph C. R. Licklider (1915-1990), en un artículo titulado “Man Computer Symbiosis” (Simbiosis hombre-computadora) concibió una red global de computadoras y una red multiusuario de centros pensantes, los thinking centers.
Hacia 1964 se publicó en On Distributed Communications Networks (Sobre las redes distribuidas de comunicaciones) la propuesta de Baran y sus colegas en la que se daban los fundamentos de la red. Dado que los misiles enemigos buscarían los centros de información y comunicación, la red debería ser descentralizada y horizontal, cualquier punto debería tener los privilegios de autoridad suficientes para recibir y transmitir mensajes y la arquitectura de la red debería sostener la comunicación total entre los lugares supervivientes. También, se utilizaría la técnica de red de paquetes conmutados.
Durante años, esta extraña concepción dio vueltas por universidades y centros de investigación; incluso el NPL británico alcanzó a ensayar una pequeña red de computadoras con estos principios. Y sobrevino el empujón decisivo. La Agencia para Proyectos de Investigación Avanzada (Advanced Research Projects Agency, ARPA) del Departamento de Defensa de los EE.UU. decidió financiar experimentos con estas redes.
En octubre de 1969, unos meses después de que Neil Armstrong diera el primer paso en la superficie lunar, ARPA comenzó a gatear: enlazó a la Universidad de Los Angeles con el Instituto de Investigación de Stanford, ambos en el oeste de los EE.UU. En diciembre de ese año quedó constituida la primera versión de la red, denominada ARPAnet (net significa red en inglés) que interconectó con éxito a la Universidad de Santa Bárbara, en California, la Universidad de Utah y a las dos mencionadas.
La modesta ARPAnet permitía a científicos e investigadores compartir información a “alta velocidad”. No tardaron en aparecer las tecnologías del correo electrónico y las listas de distribución a multiusuarios, que pronto perturbaron los intereses militares. Una de las primeras listas fue la SF Lovers, Amantes de la Ciencia Ficción.
En dos años la red sumó una treintena de conexiones y continuó en expansión por los EE.UU. primero, agregando luego algunos nodos europeos. El primer paso había sido dado, y el núcleo de lo que posteriormente sería Internet contagiaba entusiasmo.
... DE PAQUETES Y OTRAS YERBAS
La arquitectura de Internet, una red descentralizada de conmutación de paquetes, es hoy tecnológicamente compleja y caótica por la cantidad y tipo de conexiones. La conmutación es una técnica que mejora la eficiencia de los enlaces de comunicación. Los mensajes digitales (secuencias de números binarios, 1 y 0, voltaje o sin voltaje, únicos estados que entiende una computadora) se fragmentan en porciones discretas denominadas paquetes.
Los paquetes son bloques que portan datos e información de control y cada uno se envía a la red por separado. El destinatario recibe los paquetes, por distintos caminos. Cada paquete tiene secuencias numéricas (información de control) que permiten el ensamblado y la reconstrucción íntegra de la información en el destinatario. Si algún paquete falla, se retransmite el bloque.
Obviamente, es necesario para establecer la comunicación que algunos nodos y enlaces funcionen. Como los paquetes pueden circular por líneas analógicas (como la telefónica) se utiliza un modem, un aparato que convierte los pulsos binarios de la computadora en información analógica y viceversa. Como todos lo nodos de la red son jerárquicamente iguales, los paquetes pueden viajar por ellos hasta llegar a destino. Y en la red existen unos dispositivos inteligentes, los ruteadores (routers), que organizan el tráfico por los caminos más apropiados.
UN PROTOCOLO ESENCIAL
A principios de los ’80, la red contaba con cientos de nodos conectados (universidades, centros militares y gubernamentales); en 1983 los militares conforman MILnet y se desentienden del control de ARPAnet. La National Science Foundation (NSF) se interesa en el asunto y crea la NSFnet, una potente red que al fusionarse con la pionera ARPAnet, origina el término Internet.
¿Cómo fue posible que multitudes de máquinas y redes disímiles sean capaces de entenderse e intercambiar información? Respuesta correcta: un esperanto de la era digital. Un protocolo, en la jerga técnica, que es un conjunto de reglas electrónicas que especifican, homogeneizan y gobiernan la forma en que se comunican las máquinas.
En los comienzos el protocolo utilizado fue el NCP (Network Control Protocol), pero a mediados de los ’70, y ante el desafío de encontrarle una solución a la interconexión de redes que proliferaban por aquí y allá, aparece el TCP/IP (Protocolo de Control de Transmisión/Protocolo de Internet), más sofisticado que su antecesor y actualmente en uso desde 1983.
Esta normativa, desde luego, establece la “sintaxis” que deben tener los paquetes de información que envía cada computadora de la red y cómo debe recomponerlos el destinatario; el Protocolo de Internet (IP) manipula las direcciones de la red verificando la traslación de paquetes por distintos caminos y subredes. La instauración de un lenguaje común hizo posible el desarrollo de la red, así como el lenguaje facilitó los procesos de hominización y socialización humanos.
CRONICAS DE LA GRAN RED
En 1973 se desarrolla el protocolo FTP que permitió la transferencia de archivos por la red, un instrumento formidable. En la década siguiente, aparece una utilidad que generaría adicción: el Internet Relay Chat (IRC) el programa para dialogar electrónicamente en tiempo real o “en línea”. Sin embargo, faltaba el golpe de los duros, del hardware.
A comienzos de los años ’80, la compañía IBM lanza las computadoras personales (PC, Personal Computer) más poderosas y versátiles que las consolas usuales de la época (en nuestro país, Commodore 64 y Texas TI-99, entre otros). Rápidamente son clonadas por cientos de empresas chinas, con el consecuente descenso de precios y facilitando el acceso de millones de personas a esas máquinas. Mientras tanto, habitada principalmente por foros, en la fauna de la red reinaban los Tableros de Noticias o BBS (de Bulletin Board System) y el tráfico estaba formado por texto y gráficos elementales.
Comenzando los ’90, y con el propósito de facilitar la edición, consulta e intercambio de información entre científicos atómicos (siempre lo nuclear como telón), el investigador inglés Tim Berners-Lee del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, crea la World Wide Web, la famosa triple W, combinando un lenguaje de programación, un protocolo para transferir hipertexto (texto electrónico con enlaces a otros contenidos) y un programa de navegación. Con el tiempo, el desarrollo se expande y la telaraña de la WWW, organizada en páginas, atrapó con la posibilidad de incorporar al texto múltiples formatos auditivos e icónicos fijos y en movimiento.
Asomaba el febo multimedial. Hay que reconocer, además, que Internet ha desatado una apasionada guerra fría entre hackers policíacos y libertarios, en ocasiones con ribetes robinhoodescos en el espacio virtual; más de una vez, los libertarios terminaron tras las rejas físicas.
Oficialmente, organizaciones privadas como la Internet Society (www.isoc.org), con sede física en Virginia, EE.UU., coordina desde 1992 la evolución y el uso de Internet, o delega en otros organismos funciones de desarrollo, normativas técnicas, supervisión y asignación de “números” de red (cada computadora de la red posee un identificador numérico). ISOC posee un “capítulo” argentino: www.isoc.org.ar.
Hacia 1989, el mismo año en que el Muro de Berlín se desintegra, ARPAnet deja de existir. Su descendencia fue más que próspera; cerca de la quinta parte de la población mundial utiliza Internet; el crecimiento de la red haría erizar las barbas de los patriarcas del Génesis.
Esse est percipi, ser es ser percibido. En un sentido, Internet llevó al paroxismo la máxima que condensa la postura idealista del monje George Berkeley (1685-1753). Hoy, todos se apuran a tener un lugar en ese extraño mundo virtual donde el pseudo idealismo posmoderno parece afirmar: “Si no estás en Internet no existís”.
En la ensoñación de Gibson, los vaqueros de consola proyectan sus vidas en el ciberespacio. Algo más tosca y distante –los sitios web y los blogs aún no requieren electrodos ni implantes como los antihéroes de Neuromance– Internet captura y resume y desparrama en unos megabytes la complejidad de una lucha, de una tecnología, de un conocimiento, de una vida. ¿El futuro será lo imaginado o será lo percibido?
Página 12. 22 de agosto de 2009
Etiquetas: Ciencia y técnica
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“Donde no hay seguridad nadie puede romperla”. Entrevista a Richard Stallman, el ex hacker del MIT, ahora gurú del software libre
“Donde no hay seguridad nadie puede romperla”
Richard Stallman, el ex hacker del MIT, ahora gurú del software libre
Creador del concepto de “software libre”, inventor del “copyleft” contrapuesto al “copyright”, Stallman recorre el planeta pregonando la libertad en el mundo de la informática: que el desarrollo tecnológico no esté regido por los parámetros del mercado capitalista sino por la democratización y un acceso sin restricciones. Esta semana estará en Argentina para difundir sus ideas. Aquí su historia y propuestas, explicadas por él mismo.
Por Verónica Engler
–Se cuentan muchas historias románticas, aventureras y hasta heroicas de la movida hacker de los años ‘70 y ‘80. ¿Cómo fue esa etapa para usted en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)?
–Primero habría que decir qué es un hacker. Para mí un hacker es alguien que suele divertirse usando su inteligencia con un espíritu juguetón y no necesariamente utilizando computadoras. Pero si le interesan las computadoras puede escribir programas y enfrentarse a tareas difíciles, desafíos, sólo por placer y no necesariamente para lograr que algo resulte útil.
–¿En esa época estuvo en contacto con otros grupos de hackers, como el Chaos Computer Club de Alemania? (Antes de la caída del muro de Berlín algunos de los integrantes de este grupo conseguían software para el KGB, hackeando computadoras de Occidente, para ayudar a la URSS a equipararse tecnológicamente con Estados Unidos.)
–Nunca he tenido contacto con ellos, ellos solían romper la seguridad o hacer cosas relacionadas con la seguridad. Pero para nosotros, el hacking usualmente no tenía nada que ver con la seguridad. Una cosa que se puede hacer con inteligencia y un espíritu juguetón es romper la seguridad de una computadora, pero lo que más me gustaba a mí era diseñar el sistema para no tener seguridad. Por ejemplo, algo que no comencé yo pero en lo que participaba, el Incompatible Timesharing System (ITS, revolucionario e influyente sistema operativo desarrollado principalmente en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT). En ese sistema no había seguridad, no había claves, no había protección de archivos, cualquier persona podía entrar en la computadora bajo cualquier nombre y hacer cualquier cosa, y nos gustaba que fuera así, deliberadamente implementábamos el sistema sin seguridad. Mi trabajo en el laboratorio era mejorar el sistema. Si hubiéramos querido tener seguridad nos tendríamos que haber dedicado, entre otras tareas, a implementar la seguridad, que era lo que no queríamos. Entonces, donde no hay seguridad nadie puede romperla.
–¿Es factible sostener un sistema (informático) sin ningún tipo de seguridad?
–Aunque muchos pueden pensar que es imposible, es algo que todavía puede ser posible. Pero con esto no quiero decir que no tiene que haber seguridad en los bancos, por ejemplo, no estoy a favor de robar las cuentas bancarias. Pero nuestro laboratorio no era un banco, no teníamos datos personales, no teníamos datos financieros, fue un laboratorio para colaborar en la investigación y el desarrollo. Pero hoy en día es algo diferente, porque habitualmente usamos computadoras personales, pero en los años ’70 una computadora era demasiado cara, era casi imposible tener una computadora personal. Y en ese período el laboratorio tenía dos computadoras principales que todos teníamos que compartir. Cuando la gente comparte una computadora, tener seguridad entre los usuarios exige imponer un estado policíaco, pero no es igual con las computadoras personales, porque fácilmente se puede excluir a los demás de tu computadora, sin imponerse a uno mismo un estado policíaco. Pero en las computadoras compartidas nosotros no deseábamos tener seguridad, no fue sólo un capricho, fue por motivos racionales, porque queríamos vivir en libertad, no queríamos desarrollar un arma para los administradores para someternos.
–¿De qué manera se modificó su concepción de la informática desde su etapa como hacker en el MIT durante los años setenta hasta hoy, que se dedica a difundir el software libre?
–La informática era la mayor parte de mi vida en esa época. Trabajando con software libre, en una comunidad de software libre, aprendí a valorar la libertad que nos ofrecía, aprendí a querer vivir en libertad, pero nuestra comunidad murió más o menos en el año 82. Luego de que dejaron usar el sistema ITS pusieron otro sistema privativo (que tiene vedado el acceso al “código fuente” con el que está hecho el programa), que no podíamos cambiar y fue horrible. Fue como ver tu país ocupado por un dictador, entonces tuve que decidir cómo reaccionar ante ese desastre y luchar por crear una nueva comunidad de libertad, y para tener una comunidad de software libre hace falta un sistema operativo libre. Por lo tanto, decidí de-sarrollar uno, es el sistema operativo GNU. Desde entonces he trabajado para desarrollar y luego para promover este sistema libre y del software libre en general.
–¿Cómo se terminó la comunidad que usted formaba en el MIT?
–Fue bajo presión comercial. Habíamos desarrollado una computadora, especialmente para el lenguaje LISP, que se usa mucho en Inteligencia Artificial, y deseábamos producir un tipo de máquina para que otros pudieran usarla. Por lo tanto, varios hackers pensaban lanzar empresas para fabricar estas máquinas, pero había una disputa y se crearon dos empresas que competían y el laboratorio se volvió su campo de batalla. Fue muy triste.
–Desde hace algunos años, la palabra Linux es, cada vez más, entendida como sinónimo de alternativa a Windows. Sin embargo, usted siempre aclara que hay un error conceptual al nombrarlo de esa manera, ya que lo correcto es decir GNU/Linux, porque Linux es sólo una parte (el núcleo) del sistema operativo. ¿Podría explicar por qué le parece tan importante resaltar esta diferencia?
–Comenzamos el desarrollo del sistema GNU en enero del ’84 y convoqué a otros (programadores) para desarrollar otros componentes del sistema. En el año ’92 teníamos listo casi todo el sistema, pero faltaba aún un componente esencial, el kernel (el núcleo), y en el ’92 el señor (Linus) Torvalds liberó el kernel Linux que había comenzado (a desarrollar) en el ’91. Entre los componentes del sistema Linux es grande e importante, pero el trabajo que habíamos comenzado casi una década antes es mucho más. No es justo darle todo el crédito y no reconocer nuestro trabajo. Al llamar al sistema GNU/Linux se reconoce nuestro trabajo también. Pero ¿por qué es tan importante? No sólo es un asunto de crédito, aunque el crédito vale algo, hay otro asunto más importante en esta elección de nombres, porque hemos desarrollado el sistema GNU para establecer la libertad para los usuarios. Pero el de-sarrollador de Linux, el señor Torvalds, no está por la libertad, no piensa que el usuario debe tener esta libertad, y se opone a nuestras ideas. Tiene el derecho de expresar su opinión, pero no tiene derecho a usar nuestro trabajo como una plataforma para condenar nuestras ideas. Este sistema es el resultado, el producto de un gran esfuerzo que hemos hecho para estar en la libertad. Los usuarios necesitan saberlo, porque necesitan reconocer qué quiere decir la libertad de un usuario de un programa, necesitan defender su propia libertad para no perderla.
–Usted también suele hacer referencia a otra distinción importante: entre quienes aprecian el software libre como un asunto ético y político, y quienes sólo citan los beneficios prácticos y presentan al software libre como un eficiente modelo de desarrollo por permitir el acceso al código fuente. ¿Podría ahondar un poco en las diferencias entre estas dos concepciones?
–Los que toman el concepto “open source” (código abierto) no plantean ningún asunto ético, entonces no es un movimiento en el mismo sentido. Para nosotros, un programa privativo es un problema social, porque priva de la libertad a los usuarios. Quienes promueven el código abierto no plantean este asunto y tienen derecho a su opinión, pero lo que no me gusta es que su opinión me es atribuida. Hay cuatro libertades esenciales para el usuario de software libre: la libertad cero es la libertad de ejecutar el programa como quiera; la libertad uno es la libertad de estudiar el código fuente del programa y cambiarlo para que el programa haga lo que el usuario quiera; la liberta dos es la libertad de ayudar a su prójimo, es la libertad de redistribuir copias, y la libertad tres es la libertad de contribuir a su comunidad, es la libertad de distribuir copias de sus versiones cambiadas. Con estas cuatro libertades, los usuarios tienen el control del programa, pero si el programa no lleva estas cuatro libertades, es un instrumento del poder del desarrollador sobre los usuarios, es injusto, algo que no debe existir.
–¿Usted cree que estas cuatro libertades del software libre son entendidas por usuarios no expertos?
–No, usualmente no. Pero a veces no hace falta ser programador para apreciar la libertad. Estuve en La Paz (Bolivia, unos días antes de llegar a la Argentina) y he tenido reuniones con altos funcionarios del gobierno que aprecian estas libertades aunque no son programadores. Porque éste no es un asunto técnico, es un asunto ético, social y político. Puede ser que quien use software libre no sea un programador, hay muchas otras cosas que hacer en la vida, pero cuando un programa es libre tiene entre sus usuarios a programadores y esos programadores con la “libertad uno” pueden estudiar el código fuente, y si encuentran algo malévolo, pueden cambiarlo. Y con su “libertad tres” podrá publicar su versión mejorada, diciendo: “he descubierto y he quitado esta funcionalidad malévola”, y todo el mundo podrá migrar a esa versión mejorada. Tuve una reunión en mi primera visita a Ecuador con el presidente (Rafael) Correa y le expliqué la filosofía del software libre, y lo comprendió y decidió migrar (los sistemas informáticos de) el Estado ecuatoriano al software libre, algo que ya está haciendo. Es muy fácil comprender este asunto sin ser programador, porque si usa un programa privativo uno queda a merced del desarrollador, está indefenso. El desarrollador puede imponerle al usuario cualquier cosa y no es inusual que los programas privativos contengan funcionalidades malévolas, deliberadamente, “puertas traseras” (que permiten redirigir la información de una computadora hacia otra, sin que el usuario pueda advertirlo, con el consiguiente riesgo para la privacidad de sus datos) para molestar o dañar. Por ejemplo, Windows tiene una puerta trasera con la cual Microsoft puede imponer cualquier cambio de software cuando quiera sin pedir la aprobación del supuesto dueño de la máquina. Otro ejemplo es el de Kindle, un sistema de Amazon (para comprar y leer libros electrónicos) que vigila la usuario, porque es imposible comprar un libro anónimamente y también lo restringe porque el software está desarrollado para que no se puedan hacer copias. Además tiene una puerta trasera con la cual Amazon, hace más o menos un mes, borró remotamente todas las copias de unos libros. ¿Y puede adivinar de qué libros borró todas las copias?... De 1984 (se ríe).
–¿Sigue usando una OLPC? (One Laptop Per Child, “Una Laptop Por Chico” es una computadora portátil muy económica que se basa en una plataforma GNU/Linux. Fue lanzada en 2005 por Nicolas Negroponte, quien se retiró del proyecto el año pasado.)
–No, porque en la misma semana en que empecé a usarla, después de meses de preparaciones, el señor Negroponte nos traicionó, porque hasta ese momento había sido diseñada para correr el sistema GNU/Linux. Luego Negroponte decidió hacerlo correr también con otros sistemas, y algunos dimitieron del proyecto por esa decisión. De hecho yo había empezado a usar esa máquina porque fue la única manera de evitar un BIOS privativo (El BIOS es el sistema básico de Entrada/Salida de datos que, cuando se enciende la computadora, localiza y carga el sistema operativo en la memoria para que la computadora pueda funcionar). En esa época todas las computadoras portátiles tenían un programa privativo de inicialización y la OLPC fue la primera excepción, por lo tanto empecé a usarla. El problema es que ahora se van a producir las máquinas de manera que es totalmente fácil instalar Windows. Entonces, me puse muy contento de descubrir otro tipo de computadora que también evite el BIOS privativo y en la cual Windows nunca pudo funcionar. Es la Lemote, de una empresa china, es una netbook (es una subportátil, una computadora de bajo costo y más pequeña que una notebook, utilizadas principalmente para navegar por Internet y realizar funciones básicas como procesador de texto y de hojas de cálculo).
–Usted usualmente no navega por Internet ni utiliza celular, ¿verdad?
–Es verdad, por motivos diferentes. No navego con mi computadora, pero no pienso que es algo malo, es sólo una penitencia personal, digamos, pero no digo que deban hacer lo mismo. En cuanto al teléfono celular, no quiero tener uno porque son instrumentos de vigilacia y seguimiento. Hasta un punto es inevitable para hacer o recibir llamadas, el sistema necesita saber donde está uno, pero no me gusta que algo sepa dónde estoy siempre, entonces prefiero no tenerlo.
–¿Me puede contar cómo surge San IGNUcio, esa segunda personalidad suya que lo muestra ante el público como un santo hereje de la informática?
–Es una broma. Siempre tuve la ambición de ser un actor cómico, y una vez alguien que no estaba de acuerdo con el movimiento de software libre me acusó de ser un imán loco, entonces decidí burlarme de él y de mí mismo. Pero en realidad, la primera vez que lo personifiqué fue en una fiesta de disfraces en California. Había olvidado llevar un disfraz y en la casa de una amiga en la que estaba había un viejo disco duro y tuve la idea de usarlo como aureola y presentarme como santo, y fui a la fiesta como San IGNUcio. Luego, la semana siguiente tuve que ir a México a unas conferencias y decidí presentar a San IGNUcio y la audiencia se río mucho. Y a través de los años he añadido más bromas a mi rutina cómica.
Página 12. 24 de agosto de 2009
Etiquetas: Ciencia y técnica
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Jugando con los electrones. Diálogo con Néstor Katz, por Leonardo Moledo
Jugando con los electrones
Diálogo con Néstor Katz, Doctor en Química
¿Descubrimos o inventamos las leyes de la naturaleza...? ¿Y creamos los objetos de la naturaleza en el laboratorio? Esa es la discusión que cifra el misterio de la ciencia. Aprovecha el jinete un congreso de bacterias lácticas al que fue invitado para hablar de Darwin.
Por Leonardo Moledo
–Aparentemente, usted no es ferroviario ni polígrafo...
–¿Y eso a qué viene?
–Mire, no tengo idea... tal vez antes que a usted estuve entrevistando a un ferroviario, o a un polígrafo, pero la verdad es que no me acuerdo, así que lo tenemos que aceptar como viene.
–Y bueno...
–Y tengo otra mala noticia: no me mandaron las fotos de Tucumán, así que voy a poner otra ilustración cualquiera.
–Bueno, si no hay más remedio... le cuento: sigo en mi profesión a mi padre, que también era doctor en Química y profesor de la Universidad de Tucumán. Yo también doy clases allí, en la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia. Allí hice mi carrera, el doctorado lo hice en la Universidad de La Plata y luego ingresé a la carrera de investigador del Conicet. Actualmente soy investigador principal y fui designado el año pasado como director interino del primer instituto de investigaciones químicas del Conicet en Tucumán: el Inquinoa (Instituto de Química del Noroeste Argentino), que agrupa varias líneas de investigación que se vienen llevando a cabo hace varios años en la Universidad de Tucumán.
–Eso es lo formal. ¿Vamos a la ciencia?
–Adelante.
–Cuénteme en qué consiste su investigación concreta.
–Mi tema de investigación se refiere a química de compuestos de coordinación, es decir, química de sustancias inorgánicas que tienen en su estructura metales de transición, elementos de la tabla periódica que les confieren propiedades particulares a estos elementos.
–¿Por ejemplo?
–Uno de ellos, al que estamos abocados casi todos los que nos dedicamos a esto, es la conversión de energía. Uno puede utilizar, actualmente, un complejo artificial para reproducir pasos primarios de la fotosíntesis, es decir, poder convertir energía luminosa o energía solar en energía eléctrica o química.
–A ver, cuénteme ese proceso.
–Está basado en lo que Einstein estudió hace muchos años, y por eso se lo considera el padre de la fotoquímica (a pesar de que en realidad era físico). Se trata del efecto fotoeléctrico, por el cual ganó el Premio Nobel de Física. Llega un fotón a la superficie de un material, que eyecta un electrón. En el caso de estos complejos que estudiamos, lo que es conocido y está transferido tecnológicamente, es fabricar un panel solar, donde se pone un semiconductor (como dióxido de titanio), una sustancia transparente que no absorbe luz visible. Sobre este semiconductor se pega uno de estos complejos coloreados que absorbe mucha luz visible. Hay que saber diseñar estos compuestos, pero no es a lo que nosotros nos dedicamos.
–¿...?
–Nosotros nos dedicamos más a la síntesis y estudio de propiedades, no a la transferencia tecnológica. Cuando llega el fotón, le decía, eyecta un electrón del complejo, que toma un estado excitado. Ese electrón entra en la capa de conducción del dióxido de titanio. Si ese dióxido de titanio se conecta a un circuito eléctrico, uno puede obtener inmediatamente corriente eléctrica.
–A ver si entiendo. Nosotros tenemos una capa molecular de dióxido de titanio, recubierta con un complejo. El complejo, a su vez, tiene un fotosensibilizador.
–Claro, su función es la de antena. Recibe el fotón, se excita y libera un electrón.
–¿Y ese electrón adónde va?
–Esa energía promueve un electrón de su estado fundamental a un orbital más alto. Desde ese nuevo orbital se puede transferir al dióxido de titanio, que se conecta a un cable y de ahí se obtiene la energía eléctrica. Es lo que se llama una transferencia electrónica del fotosensibilizador al semiconductor.
–Ese sería el tema general. Vayamos un poco más a lo micro.
–Nosotros lo que tratamos de hacer es sintetizar compuestos nuevos, intentando encontrar propiedades físico-químicas interesantes con miras a convertir en energía. También podrían utilizarse como sensores moleculares. Hay muchos compuestos, por ejemplo, cuya absorción UV visible cambia con el PH de la solución, con su contenido ácido. Uno podría usar eso como sensor de contaminante ambiental.
–Cuando usted sintetiza un compuesto que no existe en la naturaleza, llamémoslo X, ¿está descubriendo algo o fabricando algo?
–Uno fabrica y encuentra algo nuevo.
–Hay un inconveniente allí. Si yo llego a sintetizar algo que no existe en la naturaleza, tengo que reconocer por lo menos que ese complejo es algo posible (si no lo fuera, no lo podría haber diseñado). En ese sentido, le pregunto: al crear algo que solamente es posible porque las leyes de la naturaleza lo permiten, ¿está fabricando o está descubriendo?
–Insisto: creo que ambas cosas. El químico inorgánico se diferencia un poquito del físico-químico en que este último se dedica más bien a hacer mediciones y a encontrar propiedades nuevas de compuestos ya conocidos. El inorgánico hace algo de físico-química, pero además sintetiza en su laboratorio algo que es nuevo, es un descubrimiento.
–Pero usted está enriqueciendo la naturaleza con cosas que no existían...
–Pero que la naturaleza permite. Hoy se conocen más de un millón de compuestos químicos sintetizados en la naturaleza. Y le diría que el sueño de todo químico sintético es fabricar vida en el laboratorio. Hasta ahora no ha sido hecho. Las células están hechas de moléculas y las moléculas son el objeto de estudio de la química. Si un químico es capaz de manipular moléculas y de armarlas como le plazca, es posible que él pudiera fabricar vida sintética.
–La pregunta que yo le podría hacer es la siguiente: hace poco hubo una historia con los monopolios magnéticos. Hace tiempo que los estaban buscando, pero no se encontraban por ningún lado, hasta que decidieron fabricarlos. Ahora bien, los monopolios magnéticos están predichos por la teoría. Si una teoría predice algo (que esa molécula puede existir), pero esa molécula existe y se llena sintéticamente, ese molde que permite la creación del monopolio, por ejemplo, ¿se puede decir que la naturaleza lo tenía y que lo único que faltaba era producirlo?
–Es muy interesante y muy difícil. No se lo puedo contestar, creo que requeriría una charla de horas.
–Tenemos horas.
–O de meses.
–No tenemos meses.
–Qué alivio.
–Con respecto a todas las cosas que usted utiliza teóricamente, como por ejemplo las moléculas, las uniones, los orbitales, ¿usted cree que existen en la realidad empírica o que son simples modelos?
–En principio las teorías físicas son aproximaciones a la realidad. Ahora hay métodos modernos de microscopía electrónica donde uno ya puede ver las moléculas.
–Hay algo curioso allí. Cuando uno estudia teóricamente, digamos, el electrón, se lo imagina con características de partícula, de corpúsculo. Pero en microscopio electrónico se lo percibe como una onda. Es muy raro eso, ¿no? Da la sensación de que se avanza un poco a los tumbos, sin saber bien qué son las cosas en realidad.
–Sí. Por eso le decía que son aproximaciones. Y en eso se basan todas las teorías. Su validez se apoya en los experimentos. Y eso remite a la famosa frase de Einstein que dice, aproximadamente: “Que muchos experimentos coincidan con la teoría no significa que ésta sea cierta; pero basta con que uno la refute para demostrar que la teoría es falsa”.
–Yo estoy muy interesado en el problema de la existencia de las cosas con las que se trabaja.
–Es un problema filosófico.
–Me interesan los problemas filosóficos.
–Van más allá de la química.
–Yo no creo que vayan más allá. Yo creo que la naturaleza de los objetos con los que trabajamos tiene que ver con lo que hacemos. Y una pregunta más.
–No, por favor...
–Todo lo que es físicamente o químicamente posible, ¿existe?
–...
Página 12. 28 de octubre de 2009
Etiquetas: Ciencia y técnica
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Hacete el loco, por Juan Forn
Hacete el loco
Por Juan Forn
En 1937, la revista Life preparaba un largo artículo sobre Einstein y encargó a Lotte Jacobi que fotografiara al genio en su nuevo hogar norteamericano. Como Einstein y tantos otros integrantes de la intelligentzia alemana, la Jacobi había llegado al Nuevo Mundo huyendo del nazismo y sus primeros trabajos en Nueva York consistieron precisamente en fotografiar a esos expatriados. Pero cuando llevó las imágenes de aquella sesión informal a Life, la revista las rechazó, argumentando que las fotos no mostraban a Einstein “suficientemente digno”. Jacobi se encogió de hombros y se limitó a decir: “Mi estilo fotográfico es el estilo de la persona que retrato”. Einstein adoró la anécdota y la repitió muchas veces a quienes lo visitaban en su casa y veían la foto en cuestión, enmarcada y colgada en la pared.
Las relaciones de Einstein con su país de adopción estuvieron marcadas por esta clase de equívocos desde su primer intento de visita, en 1919. Einstein enfrentaba por entonces un complicado divorcio de su primera esposa, la serbia Mileva Maric, a quien llegó a ofrecerle el dinero del Premio Nobel que aún no había ganado (lo recibiría recién dos años después) para que lo dejara en paz. Enterado de las estrecheces financieras del gran científico, un admirador llamado Max Warburg le propuso organizarle una gira de conferencias por Norteamérica, pero ninguna universidad mostró interés por pagar los honorarios solicitados, cosa que alivió a Einstein. “Es mejor así”, le escribió a su admirador. “No soy orador, no me parecía una manera muy digna de ganar dinero.”
Eso mismo le contó dos años después a Chaim Weizmann, el dirigente sionista que sería el primer presidente de Israel, cuando éste le pidió que lo acompañara a Nueva York a recaudar fondos. Es graciosa la manera en que Weizmann lo sumó a la causa del sionismo. Einstein le dijo en aquella entrevista que le parecía absurdo llevar a trabajar la tierra a un pueblo que se caracterizaba por su orientación hacia lo intelectual. Weizmann le contestó que lo ayudara entonces a juntar dinero para crear la primera universidad hebrea en Palestina. Einstein le dijo que ya había comprobado que nadie pagaría por escucharlo en América. Weizmann le contestó que no se trataba de pedir honorarios por hablar de la teoría de la relatividad, sino de recolectar donaciones voluntarias entre los judíos de América hablándoles de la patria que construirían en Palestina.
La llegada a Manhattan del Premio Nobel y el futuro presidente de Israel colapsó la ciudad. Multitudes de inmigrantes los esperaban en el puerto y siguieron cada uno de sus pasos en los días siguientes. Llamativamente, el grueso de esas multitudes estaba compuesto por inmigrantes de clase media y baja. El establishment judío, en cambio, encabezado por Louis Brandeis (presidente de la Corte Suprema norteamericana), Felix Frankfurter (decano de Leyes de Harvard), Arthur Hays Sulzberger (dueño del New York Times), el financista Irving Lehman, el filántropo Daniel Guggenheim y el senador Jefferson Levy, le recomendó discretamente a Einstein que restringiese a lo científico sus alocuciones públicas y dejara a cargo de ellos la recaudación de fondos: “No se puede confiar el dinero para la creación de un Estado judío en Palestina a los judíos rusos. Weizmann es una buena persona, pero su gente no es confiable”. Einstein les contestó públicamente: “Hasta hace una generación, los judíos alemanes no se consideraban miembros del pueblo hebreo. El antisemitismo ha revertido esa situación, nos guste o no nos guste, y considero repulsiva la indigna tendencia a adaptarse y conformar a los goyim que caracteriza a los judíos asimilados, tanto aquí como en Europa”. Consecuencia: Harvard le retiró una invitación para dirigirse a su alumnado, el New York Times cubrió con mal disimulada ironía la gira y los fondos recaudados en la gira fueron cinco veces inferiores a los cuatro millones de dólares que esperaba Weizmann.
La única universidad que honró a Einstein como se merecía fue Princeton: le contrató un ciclo entero de conferencias, le dio un doctorado honoris causa y le ofreció publicar la traducción al inglés de esas conferencias con un royalty del 15 por ciento (cuando el derecho de autor histórico era del 10 por ciento). Así comenzó el vínculo que desembocaría, doce años después, en la instalación definitiva de Einstein en Long Island, como “joya de la corona” de Princeton. Pero su vida allá no fue fácil. Su sionismo, su pacifismo, su socialismo, su igualitarismo racial no eran vistos como virtudes “americanas”, ni en los años de preguerra, ni durante, ni después. Para el decano de Princeton, que tanto esfuerzo había hecho por contratarlo, las declaraciones políticas de Einstein eran una incomodidad permanente. Incluso cuando hablaba de las causas que defendía. No más llegar a Princeton, Einstein despertó las iras del sionismo cuando declaró: “Si los judíos somos incapaces de encontrar una honesta vía de pactar y cooperar con los árabes, demostraremos que no hemos aprendido nada en veinte siglos de sufrimiento” (años después, cuando rechazó la presidencia de Israel, supo ser más discreto: le confesó en una carta a su hijastra Margot que “si aceptara, debería decir cosas que el pueblo israelí no quiere escuchar”).
Es sabido que, desde que Estados Unidos entró en la guerra, un comité de la universidad filtraba el correo de Einstein e incluso rechazaba invitaciones a su nombre sin consultarlo. Cuando Einstein comprendió la situación, decidió poner en práctica el consejo que le había dado su amigo Charles Chaplin y aprendió a camuflar sus ideas políticas a través de la fachada simpática de genio distraído (la melena revuelta, los suéters viejos, los zapatos sin medias). En 1949 le escribió al matemático Max Born: “Se me considera un objeto petrificado, un rol que no me disgusta del todo si sirve para que se acepten mis defectos como los acepto yo mismo”.
El FBI no le respetó la intimidad ni siquiera en el lecho de muerte. En el frondoso legajo sobre su persona, abierto al público recientemente, hay un memorándum furioso de J. Edgar Hoover preguntando cómo era posible que la enfermera que cuidaba de Einstein en sus últimas horas (y escuchó sus últimas palabras) no supiera alemán, idioma en el que se refugió el moribundo antes de expirar. La última intromisión a la intimidad de Einstein fue la disección de su cerebro para estudiar “el origen de su genio”. Dividido en 240 partes, almacenado en frascos de vidrio, analizado por todo tipo de genetistas durante los últimos cincuenta años, el cerebro de Einstein no logró ofrecer ninguna revelación particular a la ciencia norteamericana, demostrando cuán literalmente cierta era la frase que su dueño repitió un millón de veces sin que nadie lo tomara en serio: “No tengo talentos especiales; sólo una anormal curiosidad”.
Página 12. 27 de noviembre de 2009
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El método de Montecarlo. Jugando con procesos aleatorios mientras el lobo no está. Por Claudio H. Sanchez
El método de Montecarlo
Jugando con procesos aleatorios mientras el lobo no está.
Los procesos aleatorios, estocásticos o probabilísticos suelen desafiar la intuición y, a veces, aun la de los matemáticos. Sin embargo, la teoría de las probabilidades es tan precisa que, la verdad, uno se queda pasmado. ¿Cómo puede predecirse lo que es aleatorio, azaroso, en apariencia impredecible? Los ejemplos que aparecen aquí sobre el método de Montecarlo pueden convencer (o no) de este asunto. Es azaroso.
Por Claudio H. Sanchez
En 1944, John von Neumann y Stanislaw Ulam trabajaban en el laboratorio de Los Alamos, investigando sobre la bomba atómica. Ambos eran matemáticos y sus investigaciones eran obviamente teóricas: no podían hacer estallar una bomba cada vez que querían comprobar el resultado de sus cálculos. Pero el análisis teórico tampoco era fácil porque las reacciones nucleares que determinan el funcionamiento de una bomba atómica tienen un comportamiento aleatorio que no responde necesariamente a ecuaciones simples como la trayectoria de un proyectil o la oscilación de un péndulo. Entonces decidieron simular ese proceso aleatorio con otro dispositivo aleatorio: una ruleta. Bajo ciertas condiciones, la secuencia de números aparecidos en la ruleta podría reproducir el desarrollo del fenómeno que querían estudiar. Llamaron a esta simulación Método de Montecarlo, en obvia alusión al casino de la Costa Azul.
Las aplicaciones del método de Montecarlo no se limitan a la física nuclear. Cualquier proceso aleatorio suficientemente complejo o costoso como para reproducirlo en forma real se puede simular mediante dispositivos que generen valores al azar, sean ruletas, dados o, más comúnmente, programas de computadora.
Un problema de sexos
Por ejemplo, si una pareja tiene cuatro hijos, ¿qué es más probable? ¿Que haya dos hijos de cada sexo o tres de un sexo y uno del otro? Hay muchas formas de responder a esta pregunta. Se puede hacer un cálculo, aplicando las leyes de probabilidad. Se puede hacer el recuento de todas las combinaciones posibles y ver cuál es la más frecuente. O se puede hacer un censo entre familias de cuatro hijos. Lo que no se puede hacer (o sería muy costoso y complicado) es resolverlo experimentalmente: contratar a un grupo grande de parejas para que tengan cuatro hijos y luego analizar los resultados. Pero sí se puede simular el proceso.
Para esto se necesita un dispositivo que genere al azar dos valores posibles que representen los dos sexos. Puede hacerse con una moneda: si tiramos cuatro monedas (o una misma moneda cuatro veces), la secuencia de caras y cecas puede equipararse a la secuencia de varones y mujeres.
Por ejemplo, tiramos las cuatro monedas y obtenemos una cara y tres cecas. Repetimos la experiencia y obtenemos dos caras y dos cecas. Continuamos así hasta completar veinte tiradas y obtenemos los siguientes resultados: todas caras (o todas cecas), cuatro veces; dos caras y dos cecas, cinco veces; tres caras y una ceca (o al revés), trece veces. Aunque los números no se corresponden exactamente con lo que predice el cálculo de probabilidades, el resultado de la simulación es esencialmente correcto: es más probable que haya tres mujeres y un varón (o al revés), que dos y dos.
El problema del estacionamiento
La simulación por el método de Montecarlo también se aplica a fenómenos donde entra en juego el comportamiento humano. Por ejemplo, si a un banco concurren veinte clientes por hora y cada uno se demora dos minutos en la ventanilla, parecería que nunca se formará una fila ya que el tiempo de atención es menor a la frecuencia de llegada de clientes. Sin embargo, podría ser que llegaran cinco clientes juntos en pocos minutos. En ese caso tendrán que esperar. Para saber el tiempo promedio de espera en la fila se puede recurrir a algún dispositivo aleatorio que simule la llegada de los clientes.
Otro ejemplo es el llamado “problema del estacionamiento”: si un auto necesita cinco metros para estacionar (incluyendo el espacio necesario para entrar y salir), ¿cuántos autos podrán estacionar en una calle de cien metros? La respuesta no es veinte autos (cien dividido cinco). Eso ocurriría si cada auto estacionara exactamente a continuación del anterior. Pero si algún auto se estacionara a tres metros de otro, quedaría un espacio desperdiciado que reduciría la cantidad de autos posibles.
Como cada auto llega y se acomoda donde puede o donde mejor le parece, éste es un fenómeno de características aleatorias y se puede simular por el método de Montecarlo. A falta de ruleta, como dispositivo aleatorio, se puede usar un libro que se abre al azar: las dos últimas cifras del número de página representarán la distancia a la que estaciona el auto, medida desde un extremo de la calle.
Por ejemplo, se abre el libro al azar en la página 315. Esto significa que el primer auto estaciona a 15 metros de la esquina. Repetimos la experiencia y esta vez el libro se abre en la Página/129. Es decir que el segundo auto se estaciona a 29 metros de la esquina. En la tercera experiencia abrimos el libro en la página 227. Este número representa un auto que pretende estacionar a 27 metros de la esquina, ocupando parte del espacio del anterior. Entonces simplemente se descarta este “auto”. Se siguen generando números al azar con el libro y se abre en las páginas 205, 139, 337, 193, 91, 321, 241, 109, 305, 273, 161, 281 y 250.
Si de estos números se descartan los que corresponden a posiciones ya ocupadas, los números restantes representan diez autos que estacionan. Además, quedan cinco espacios intermedios, suficientes para otros tantos autos. Se puede detener la simulación en este punto ya que un auto que llega y encuentra un espacio de cinco o más metros libres entre otros dos se estacionará ahí. En cualquier caso, la simulación indica que se pueden estacionar quince autos, que es justamente el número al que se llegaría tras un análisis estadístico más complejo.
Por supuesto, en las modernas simulaciones los números aleatorios no se obtienen con ruletas, dados ni libros sino con computadoras. Una computadora puede simular miles de experiencias en pocos segundos, con lo que los resultados resultan mucho más confiables.
La aguja de Buffon
En realidad, la idea de usar dispositivos aleatorios para resolver ciertos cálculos complejos es muy anterior a las experiencias de von Newmann y Ulam y se aplica a problemas que, en principio, parecen no tener que ver con el azar. Por ejemplo, para medir superficies irregulares. Se dibuja la superficie en una hoja cuadrada y se desparraman granos de arroz, uniformemente, sobre la hoja. La fracción de granos que caen dentro de la superficie es igual a la relación entre la superficie a medir y la del cuadrado.
Otro ejemplo muy curioso es el experimento llamado “la Aguja de Buffon”, propuesto por Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, un matemático francés del siglo XVIII. Permite calcular el número p (la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro) dejando caer agujas sobre un piso de tablas. La separación entre las tablas debe ser igual al largo de la aguja. Se deja caer la aguja muchas veces. Cientos o miles de veces (este conde era un hombre con mucho tiempo libre). Se toma nota de cuántas veces la aguja cae cortando la separación entre dos tablas. Puede demostrarse teóricamente (y comprobarse empíricamente) que multiplicando por dos la cantidad veces que se deja caer la aguja, y dividiendo por la cantidad de veces que la aguja corta la separación entre dos tablas, se obtiene un número muy próximo a p.
El experimento de Buffon fue realizado en 1901 por un matemático italiano de apellido Lazzerini. Dejando caer la aguja más treinta de mil veces (otro a quien le sobraba el tiempo), Lazzerini obtuvo un valor de p de 3,1415929, que es exacto hasta la séptima cifra significativa (el último dígito debería ser un seis). El resultado es tan bueno que muchos desconfían de él: o Lazzerini tuvo mucha suerte o, simplemente, falseó los resultados.
Quienes no tengan tanto tiempo como Lazzerini o Buffon pueden encontrar en Internet muchos programas para realizar la simulación en una computadora. Por ejemplo, en www.efg2.com/Lab/Mathematics/Buffon.htm.
Página 12. 5 de diciembre de 2009
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Un paseo por la mente. Una entrevista a Carolina Scotto, por Leonardo Moledo e Ignacio Jawtuschenko
Un paseo por la mente
Una entrevista a Carolina Scotto, filósofa de la mente y rectora de la Universidad Nacional de Córdoba.
Los procesos de percepción, memoria y conciencia. El concepto, o mejor, los múltiples conceptos del “yo”. Carolina Scotto es doctora en Filosofía y en esta entrevista recorre la relación del mundo con la mente: la filosofía de la mente como capítulo esencial de la epistemología.
Por Leonardo Moledo e Ignacio Jawtuschenko
–Bueno, usted es rectora de la universidad de Córdoba, y sobre eso tendrá mucho que decir, pero también se dedica la filosofía de la mente. La verdad, preferiría que dejáramos las cosas burocráticas de lado y hablemos de esto último. ¿De acuerdo?
–De acuerdo.
–Me parece la mejor cualidad de un rector: que hable de lo que investiga...
–Sí, lo otro termina muchas veces en frases hechas...
–Bueno, vamos entonces: la relación del mundo con la mente es interesante porque abre la pregunta acerca de por qué es posible la ciencia.
–Claro, eso hace de la filosofía de la mente un capítulo esencial de la epistemología.
–Hablemos de aquello en lo que usted trabaja específicamente.
–En estos últimos años el trabajo con mis becarios y mi equipo de investigación ha girado en torno de las relaciones conceptuales y teóricas entre los modos vulgares o precientíficos de explicar el comportamiento de ciertas criaturas y los modos científicos, en plural, de conceptualizar y teorizar acerca de la explicación psicológica.
–Criaturas... ¿A qué se refiere?
–La ciencia psicológica o las ciencias de la mente han estado tradicionalmente centradas en la atribución de predicados mentales sólo a sujetos humanos. Esto tiene una larga tradición en la historia del pensamiento filosófico y científico, cada vez se le ha ido dando más vigor a una concepción de lo mental, como aquello que sólo se presenta en el caso de los sujetos humanos adultos hablantes.
–Cuando dice “lo mental”, ¿qué quiere decir?
–Mental es un adjetivo extremadamente genérico. Se incluye en un muy variado espectro de procesos, mecanismos, habilidades, facultades, que van desde aquellas que despertaron en la tradición clásica escaso interés por considerarse las más toscas, menos singularizadoras de la mente humana, aquellas a través de las cuales mantenemos una propiocepción –una percepción de nosotros mismos y de nuestro entorno inmediato– no necesariamente procesada a nivel consciente pero que constituye un flujo de información esencial para la realización de otros procesos cognitivos más complejos, ya de carácter consciente. Estos últimos procesos son aquellos a los que paradigmáticamente la tradición clásica ha prestado más atención por considerarlas competencias cognitivas singularizadoras, incluso con una visión de la superioridad que nos da con respecto a otras criaturas tener estas facultades.
–Usted habla de ese flujo en el medio del cual estamos. En ese flujo se define un “yo”, pero en la filosofía de la mente hay dos problemas. Uno es tratar de definir el estado consciente, y el otro es el asunto del pensamiento y el lenguaje, que parece que no está para nada definido. Así como hay algunos que piensan que el pensamiento es lenguaje o que el lenguaje es el pensamiento, tal vez el lenguaje sea una parte del pensamiento e incluso un obstáculo, en determinados momentos, para el pensamiento.
–Yo diría como primera parte de mi respuesta que hay un conjunto de conceptos en la reflexión filosófica contemporánea acerca de lo mental de una enorme densidad semántica y filosófica. El concepto de “yo” es uno de ellos. El de “conciencia” es otro de ellos, también “racionalidad”, “experiencia fenoménica”.
–Nada fáciles, por cierto.
–Y claro que no. Para todos ellos hay más de un significado, no en el sentido de que cada teórico aporta su propia concepción del problema, sino que detrás de cada concepto hay muchas nociones. Hay nociones de “yo” tales como la que dejó inscripta con una enorme fuerza en la tradición científico filosófica de la modernidad Descartes, que es la del yo como la de un gran escenario interno, autotransparente para el propio sujeto, porque lo que ocurre dentro de ese “yo” constituye la esfera interior de un reino, en “un ser en el mundo” esencialmente distinta del modo de ser de las cosas meramente físicas.
–Ahora, de Descartes hasta aquí ha corrido mucha agua horadando esa noción de “yo”, por ejemplo con Kant.
–Sin dudas la noción kantiana es desde ya es una noción compleja. No hay un “yo” en Kant, hay muchos. Por su parte, los filósofos empiristas han hecho enormes avances en lo que se denomina hoy naturalizar el “yo”, sacarlo de ese reino tan contrario al reino de la naturaleza. El “yo” de Jung es prácticamente una cadena de fenómenos que es explicable en un nivel bastante similar a como puede explicarse cualquier otro fenómeno en el orden natural del mundo.
–Pero Jung en cierta forma ya pasó...
–Puede ser. Pero luego hemos tenido otros aluviones sobre esta noción del “yo”. La idea freudiana, la concepción freudiana (obviamente no me refiero al psicoanálisis), pero me refiero a una importantísima matriz dentro de la psicología del pensamiento, también nos ha enseñado a distinguir entre el “yo” consciente y una importantísima dimensión de nuestra actividad mental que gobierna buena parte de nuestras acciones, que no es consciente y que es en principio inaccesible a la conciencia inclusive.
–Sería en cierta forma lo contrario del yo cartesiano. Y a ver... ¿puedo dar unos pasos hacia delante?
–Sí, claro.
–En otras ciencias de lo mental, como pueden ser las ciencias cognitivas, en aquellos capítulos dedicados a la cognición animal, es decir criaturas no humanas, también se ha identificado mediante una serie de tests, especialmente con grandes simios una cierta conciencia de la identidad personal. En el famoso test del espejo, la conducta que vivencian estas criaturas cuando se observan a sí mismas es una clara muestra de que se distinguen a sí mismos de los demás, es un comportamiento que no podría tener una adecuada explicación si no hubiera criterios bastante sólidos de identidad personal y de reconocimiento.
–La mente no es patrimonio exclusivo de los seres humanos...
–Los evolucionistas materialistas como yo hablamos de personas humanas y personas no humanas. Peter Singer dice que muchas más criaturas que los seres humanos constituyen comunidades morales, comunidades de derechos. Muchas de ellas requieren de nuestra protección, dada nuestras facultades para ejercer una protección sobre ellos, no menos quizás, que personas humanas con limitaciones o discapacidades. No sé si no estoy hablando demasiado, pero me cuesta controlarme.
–No importa, así yo descanso... y pienso.
–Además hay un argumento evolutivo acá que no se puede ignorar. Si el “yo” que es una característica del sujeto y el sujeto se constituyó evolutivamente, el “yo” tuvo que evolucionar, o sea que hay instancias intermedias del “yo”.
–Yo adhiero profundamente a la noción de gradualismo. Creo que es una de las más profundas lecciones que para las ciencias tanto humanas como naturales ha dejado el pensamiento darwiniano. Creo que tener una posición gradualista es una gran contribución a la conceptualización y teorización de los fenómenos mentales. No sólo pluralizar el concepto, de qué yo o conciencia estamos hablando, sino además admitir grados en los que se dan estos fenómenos conforme el tipo de criaturas o tipos de mentes de que se trate o incluso según el estadio del desarrollo cognitivo de cada criatura.
–¿Podemos llegar a conceptualizar un “yo” parcial o eso nos está vedado?
–Seguramente que podemos conceptualizar. El cada vez mayor conocimiento de los desórdenes, patologías y daños que en los distintos niveles de la función cognitiva ha hecho una gran contribución al conocimiento científico de lo mental y ha removido mucho la reflexión filosófica. Conocer qué se pierde cuando se pierde cierta facultad, cuánto del resto del comportamiento y de las capacidades cognitivas de un agente se desarregla por la pérdida o la afectación de alguna otra función contribuye a la comprensión global de la mente sana, de la mente normal.
–Y en cuanto a la relación del “yo” con la memoria, ¿puede haber un “yo” sin memoria? Por otro lado, ¿el “yo” puede conceptualizar el mundo de una manera no narrativa?
–Sobre la primera pregunta casi no tendría nada que decir, excepto que nuestra concepción humana del “yo” incluye esencialmente la facultad de un relato histórico. Yo diría hoy que en algún sentido dentro de esta idea de multiplicidad de capas que admiten estas nociones, en el sentido más social, más manejable no científicamente, el “yo” es un relato y como tal requiere de la memoria, porque todo relato tiene un transcurso del tiempo y ha sido construido en el tiempo.
–No sólo un relato. Yo digo “taza”, y sé que es la misma taza de hace un rato.
–Usted dice “taza” porque quiere un poco más de café.
–Efectivamente, pero bueno, en algún momento se produce ese reconocimiento de la “taza”, con café o sin él. Es un relato que se extiende en el tiempo. Hay un entorno del tiempo que uno reconoce como continuidad. Ahora, si ese relato que es memoria y que es relato sobre todo es constitutivo del yo y si una parte del yo esta en la posibilidad de hablar, y otra parte del yo está en la posibilidad de pensar o conceptualizar, ¿conceptualizamos según relatos aunque sean mínimos? ¿Es posible conceptualizar la puerta aquella que vemos simplemente como puerta o tenemos que integrarla en otra cosa, en algo que tiene una continuidad narrativa?
–Buena parte de nuestro pensamiento y aquel que en particular es pertinente para la construcción de ese relato del que está hecho nuestra identidad personal tiene carácter proposicional. No es una mera acumulación de conceptos atómicos separados unos de otros sin ninguna articulación, sino que tiene el carácter del pensamiento articulado. No es una especie de flujo de información preconceptual. Estaba hablando del relato aquel del que se constituye nuestra identidad personal. Pero creo que es fácil demostrar que hay una enorme e importantísima actividad mental, que por qué no llamarla pensamiento, que puede incluir desde sensaciones, percepciones hasta alguna forma de pensamiento más complejo que no necesariamente tiene carácter proposicional, aunque creo en el caso humano tiene generalmente carácter conceptual, que no es lo mismo que decir carácter lingüístico.
–¿Ese carácter conceptual tiene algún elemento narrativo? Narrativo en el sentido de que cuando miramos la puerta pensamos en la puerta permaneciendo en el tiempo o pensamos en la puerta que se abrió, o sea no podemos pensar la puerta sola como concepto aislado platónico.
–Es pensamiento proposicional, se piensa en algo y se piensa algo acerca de ese algo. Uno no piensa en lapiceras. Normalmente pienso en la lapicera que está ahí, en la lapicera que es mía o en que tengo una lapicera. A eso le llamamos pensamiento proposicional, una articulación de conceptos que incluye un concepto relativo a la entidad en la que pensamos y uno o más conceptos que nos dicen algo acerca de cómo pensamos sobre esa entidad.
–¿Cuando soñamos estamos pensando?
–La única manera de responderlo tiene por fuente de información el recuerdo del sueño. Normalmente ese recuerdo del sueño, que sin duda debe recoger apenas fragmentos de lo que ha sido un continuo de actividad cerebral ocurrida durante el sueño, tiene formato lingüístico, a veces sólo conceptual, a veces imaginístico de sensaciones.
–Uno se pregunta por qué uno sueña lo que sueña. Por ejemplo la teoría de Crick dice que es una manera de olvidar, una manera de transferir de memorias cortas a memorias largas. Ahora: ¿por qué eso tendría que ser narrativo? Si el pensamiento es básicamente narrativo, entonces se entiende que el sueño como pensamiento tiene que organizarse de una manera narrativa cualquiera.
–Yo no estoy tan segura, porque hay una enorme de actividad mental que no necesariamente tiene el formato de relato y de la que no somos normalmente conscientes porque estamos centrando el foco de atención en algún pensamiento consciente. Yo al mismo tiempo que estoy intentando responder la pregunta estoy sintiendo los límites de mi propia corporalidad respecto de las otras entidades físicas que me rodean, sin los cuales seguramente podría cometer algunas torpezas o algunos errores graves que no me permitirían seguir articulando conceptos. Y eso no necesariamente tiene el formato de un relato, pero es información sin la cual no podría yo intentar responder la pregunta. Solemos prestar más atención al pensamiento consciente de carácter discursivo, a los relatos, a través de los cuales construimos nuestra identidad personal, nuestros razonamientos más sofisticados. Y no solemos prestar atención a la actividad que tendemos a caracterizar como pre-mental, pre-lingüístico, pre-conceptual, que genera una especie de territorio más bien del lado del cuerpo que del lado de la mente y en realidad ahí hay una cantidad de información sin la cual no seríamos sujetos competentes.
–Usted dice que el pensamiento lingüístico es una parte. Si el pensamiento lingüístico fuera todo efectivamente –como dice Quine– no se podrían entender los sujetos, sin embargo no es así. Podemos aprender otro lenguaje. Para aprender otro lenguaje tenemos que tener un elemento no lingüístico que nos permita aprenderlo.
–El bueno de Quine estuvo cerca de admitir que estaba equivocado cuando él mismo, intentando explicar cómo hacemos para comprender una comunidad totalmente extraña a la nuestra, recurrió a ese gran poder que es la empatía, esa conexión con el otro, que nos permite ponernos en el lugar del otro, proyectar nuestros modos de comportamiento al otro...
–¿La empatía es exclusivamente humana?
–Absolutamente no. Hay interesantísimos estudios acerca del complejo concepto de empatía y que permiten distinguir muchos niveles de competencias cognitivas. Claro, la versión más sofisticada requiere de una clara conciencia del propio yo, de su distinción respecto de otro yo y del razonamiento de proyectar al otro las cosas que al propio sujeto le acontecen como una estrategia para entenderlo. Pero esa competencia cognitiva se asienta en habilidades bastante más primitivas. Todos ingredientes de nuestro concepto humano de empatía: los fenómenos de la simpatía, del contagio emocional, de la atención visual conjunta, los compartimos con los grandes simios. Gracias a la empatía, la madre y el niño, tanto humanos como simios, consiguen entenderse de una manera intransferible, no verbal. Ahí, aun sin tener lenguaje consiguen percibir dónde está el peligro, saber u oler o sentirse auxiliados o seguros frente a la madre.
–¿Es posible que los primates puedan experimentar empatía por otra especie?
–Hay un libro maravilloso y muchísimos artículos de un autor, Franz Bibal...
–No entendí bien ese nombre, pero bueno, lo dejo así.
–Franz Bibal, un investigador holandés, que incorpora en sus reflexiones sobre la empatía, la cognición animal y el comportamiento animal en general evidencia realmente difícil de creer, como la empatía por ejemplo entre un bonobo y un pajarito.
–A eso me refería, exactamente.
–Bibal relata el caso de un bonobo que ve un pájaro herido caído, lo levanta, lo tira a volar, lo intenta ayudar a que recupere el vuelo, el pajarito estaba bastante malherido y vuelve a caerse y el bonobo decide hacer un esfuerzo adicional totalmente altruista, desinteresado, no conectable con la satisfacción de ningún interés propio, trepa a una palmera altísima con lo cual se pone en riesgo y desde ahí arriba intenta lanzarlo.
–Pobre pajarito... ¿Qué diferencia a la mente humana de la de un primate evolucionado como un bonobo?
–Muy pocos y muy sustantivos rasgos. Nos parecemos muchísimo, compartimos cerca de un 98 por ciento del ADN. Sin embargo hay una enorme e importante cantidad de mecanismos, facultades, humanas que compartimos con otras criaturas, que consideramos menores y nos concentramos en aquellas diferencias que marcan una diferencia sustancial. Creo que una vez que adquirimos la capacidad de almacenar y transferir información mediante el lenguaje adquirimos una habilidad que introduce diferencias cualitativas entre nuestras vidas mentales y las vidas mentales de las otras criaturas.
–¿No tienen lenguaje?
–Tienen refinadísimos sistemas de comunicación, pero no tienen algunas de las facultades singulares del lenguaje articulado humano. Los sistemas de comunicación animal, que están siendo cada vez más conocidos, tienen una enorme sofisticación, para modificar la conducta del otro, para sobrevivir, para perseguir los propios fines. El sistema lingüístico humano permite acumular información con un alto grado de refinamiento, que ahorra a la mente un enorme esfuerzo y multiplica en la comunidad esa información y genera cultura.
–En Occidente hay toda una mitología en torno del cerebro como lugar sagrado de residencia de la mente, ¿no?
–Sí, es un gran prejuicio y un gran deseo. Responde al deseo de encontrar un lugar donde estén los fenómenos bajo estudio, pero es extremadamente simplificador. Cuando uno caracteriza el objeto de estudio de las ciencias cognitivas, tiene que decir que esa actividad está enormemente dispersa en una red de fenómenos; algunos están situados espacio-temporalmente, pero otros son fenómenos como las entidades inobservables de la ciencia en general. Por ejemplo, lo que se sitúa a nivel de la relación de una persona y otra. Tenemos que desontologizar nuestras preguntas científicas básicas. Muchas veces tenemos que reemplazar la pregunta ¿qué es? por ¿cómo funciona? La reflexión ontológica nos obliga a ver que hay más clases de cosas. Hay una incontable cantidad de objetos de estudio de la ciencia, que no son cosas, por ejemplo, los significados. No necesariamente lo que decimos que existe son solo entidades discretas, materiales, situadas en el espacio-tiempo.
–Hay teorías como la del yo distribuido de Crick, que dice que no existe el, yo es la red neuronal.
–Hay una gran discusión que en rigor es tan vieja como la filosofía misma acerca de cuán separados o cuán conectados o cuán diferentes son mente y cerebro. Esta es una discusión que ha adquirido más carnadura, un carácter más desafiante a medida que las ciencias del cerebro han aportado un caudal de conocimiento del que antes no se disponía. Todo lo que ha conseguido explicarse en estas últimas décadas respecto de ciertos fenómenos, para los cuales antes sólo contábamos con caracterizaciones fenomenológicas o con teorías altamente especulativas, ha vuelto a poner sobre la mesa cuántas ciencias no materialistas sobrevivirán a las ciencias del cerebro.
–...
–Ahí tenemos a las versiones “tipo Bunge” del mundo y después tenemos versiones más narrativistas, que sostienen que cualquiera sea el avance en las ciencias del cerebro y los modelos de facultades mentales entre las cuales están las del cerebro, siempre habrá algo que se escapa. Ahí distingo, para usar la expresión de un querido y admirado filósofo contemporáneo, Daniel Bennet. Yo diría que él tiene una visión en extremo pluralista acerca de a qué le llamamos mente y cuántas ciencias hacen falta para estudiar un fenómeno tan complejo. De algún modo desplazando la discusión de si vamos a ser materialistas o dualistas, por una discusión de si será imprescindible ser pluralista. Eso sí, ser pluralista serio y poner en conexión los niveles explicativos siempre que se pueda y no tener pruritos en mantener niveles explicativos no necesariamente reducibles a niveles de explicación neural.
–Tal vez la clave de ese asunto está en el gradualismo. Si nosotros pudiéramos saber lo que pensaba un pitecantropus... Las mentes animales son mentes ya completas de alguna manera que evolucionaron en otro sentido.
–Se están escribiendo libros muy importantes sobre arqueología de la mente. Es un esfuerzo que parece infranqueable porque no solo está la barrera temporal, también es mínima la evidencia disponible. Pero el objetivo es reconstruir cuál pudo haber sido el universo mental y los recursos cognitivos de los que disponía el hombre primitivo. Hay autores que intentan conectar el origen de la facultad lingüística con ciertas habilidades para el desarrollo de la música. Hay mucha información cognitiva detrás de las herramientas que usaba el hombre primitivo. Algo a lo que la antropología y la arqueología pocas décadas atrás no prestaban atención. Estos elementos no solo son indicativos del estilo de vida económico de los pueblos, sino también muestran qué podían pensar y cómo construían conceptos.
–Hay cosas que por ahora sabemos que están en el misterio. Algunos dirán que estarán siempre en el misterio. ¿Las facultades cognitivas que necesita una rectora de una universidad tan grande y antigua como ésta alcanzan o hay una zona de misterio que no se puede resolver?
–Lo que uno realmente sabe, piensa, cree, siente y puede no lo sabe más uno que los demás.
Página 12. 7 de diciembre de 2009
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Jon Maddog Hall: “Las patentes de software no deberían existir”. Por Mariano Blejman
“Las patentes de software no deberían existir”
Entrevista a Jon "Maddog" Hall, director ejecutivo de Linux International. Este histórico gurú de la informática y evangelizador del software libre llega a Buenos Aires para presentar el Proyecto Cauã, que pretende dar acceso inalámbrico a Internet a gran escala y bajo costo. Una charla sobre los códigos abiertos.
Por Mariano Blejman
Jon “Maddog” Hall forma parte de ese estrecha elite mundial que vio nacer a la informática a comienzos de los ’80, le dio algo de forma y luchó desde el comienzo –al mismo tiempo que su barba crecía, y jamás dejaría de hacerlo– para que el software se mantenga libre y abierto. A mediados de los ’90, Hall distribuyó las primeras versiones de Linux, el corazón del sistema operativo inventado por Linus Torvalds, montado sobre otro proyecto conocido como GNU, desarrollado por Richard Stallman. Hall es el director ejecutivo de Linux International, la organización que promueve el uso de Linux, y hoy a las 15 (en la Biblioteca Nacional, en la Conferencia Internacional de Software Libre, organizada por la Fundación Sociedades Digitales y la Cámara Argentina de Empresas de Software Libre) presentará en Buenos Aires el Proyecto Cauã, un emprendimiento concebido junto al gobierno de Brasil –pero que se puede extender a la Argentina– para acortar la brecha digital y aumentar la independencia y la libertad de los usuarios, ya que pretende generar el soporte técnico para dar conexión inalámbrica a gran escala, con un hardware económico y que puede funcionar a 12 voltios. “No se puede perder el control de los datos”, dirá más adelante Hall a Página/12, que acaba de llegar de Brasil, donde expuso en la LinuxCon, la conferencia sobre Linux más grande del mundo.
Cuando habla, Hall tiene la prepotencia de los que han configurado el presente junto a la simpleza de aquellos que han elegido el camino más solidario. “En lugares como San Pablo o Buenos Aires, donde la gente vive en edificios y hay muchas pequeñas compañías que tienen 4 o 5 empleados, es claro que ni los edificios ni las compañías pueden pagar por separado un administrador de sistema. Generalmente contratan a un empleado que hace los back-ups, pero que se equivoca y no sabe muy bien cómo hacer las cosas. Pretendemos preparar administradores de sistema con el Proyecto Cauã que puedan hacer que el sistema trabaje como es debido. El usuario final no tiene que comprar el sistema, que es abierto. Sólo lo usa, tiene que comprar una pequeña placa y un router wifi, pero el costo del soporte y el mantenimiento será muy bajo.”
De lo que habla Hall no es otra cosa que del concepto que está impregnando el mercado y que cambiará la relación de los usuarios con las computadoras: el cloud computing o la computación en las nubes, mediante la cual los usuarios se conectarán a través de pequeños ordenadores para acceder a sus datos y escritorios que estarán en línea. Si bien el modelo de nube más conocido es el de Google (que tiene on line aplicaciones como Gmail, GDocs, etc.), no es el único modelo. “Nosotros preferimos hablar de time sharing, o compartir el tiempo. Cuando empecé había una computadora central, había que caminar hasta la computadora y allí se compartía todo. No había virus, ni spams, ni había que hacer back-ups.”
–O sea que subirse a la “nube” es como volver al principio...
–El problema es que el modelo que ofrece Google depende de la conexión del cliente. Pero a veces las bandas anchas son pequeñas. Con este sistema, el usuario tendrá un link dedicado con 1 Gb por segundo. Y además se acepta la virtualización. Es decir, que nuestro escritorio será virtual, pero no dependerá de una gran empresa, sino que será administrado por un ingeniero de manera local. Está basado en el proyecto Linux Terminal Server y se puede acceder con RedHat, Ubuntu, Debian, no hay ninguna diferencia. También pensamos en dar soporte para Windows y para Mac, si es que los usuarios desean comprar las licencias.
–¿De qué tipo de computación en la nube habla?
–La palabra nube tiene cuatro modelos. Unos proponen software como servicio (Google), otros aplicaciones (apis) como servicios para usar programa, luego está la infraestructura como servicio, o –lo más completo– un contenedor virtual en donde el usuario compra su propio servidor y tiene control total. Nosotros hablamos del tercer tipo de nube, lo que le permite al usuario moverse a cualquier lugar donde esté. El otro tema es el de la privacidad...
–... el gran tema del mundo contemporáneo.
–La nube puede generar gran dependencia. Google, por ejemplo, lanzó el proyecto Wave. Durante mucho tiempo, algunas personas trabajaron con él. Hasta que un día decidieron cerrarlo, no les interesaba seguir desarrollándolo. Así, mucha gente perderá sus datos y no tiene control sobre sus programas. Nuestro modelo le da trabajo a mucha gente y hace al sistema más eficiente.
–¿Puede poner la eficiencia en números?
–Hay 1250 millones de computadoras de escritorios, aproximadamente. Si se pierden 15 minutos al día porque tiene que sacar los virus, no encuentra los archivos, le instalaron un programa y le rompieron algo, no hizo el back-up o porque Microsoft dice que hay que migrar, se pierden 260 millones de horas por día de la economía mundial. Son cinco mil millones de dólares por día. Pero si se pudiera achicar ese tiempo a 10 o 5 minutos porque el software trabaja mejor, se puede usar ese dinero para otra cosa. En una empresa de 300 personas, que pierdan 15 minutos por persona son nueve personas que no fueron a trabajar. Un gerente estaría furioso por eso, pero sin embargo no se enoja igual si el software no trabaja bien.
–Cauã propone un sistema bastante diferente al Google Chrome OS (el sistema operativo de Google que saldrá con hardware propio).
–Google Chrome dice: “Lo único que necesitas es un browser”. No creo que ésa sea la forma. Dicen: “Pueden usar el 99 por ciento de las aplicaciones”. Pero se pierden de ese valioso uno por ciento. La idea nuestra es que teniendo burbujas de conexión por toda la ciudad, puedo usar mi propio escritorio en mi departamento como en cualquier otro lugar de la ciudad. Se puede usar un sistema Linux o un sistema pago. En el sistema pago, se paga cada vez que se usa. En el sistema Linux se usa gratuitamente, porque uno también está liberando su conectividad al resto.
–¿No es irónico que el éxito de Google está relacionado con el código abierto y estén monopolizando el negocio mundial de la publicidad?
–Su negocio es la publicidad, lo cual no es gratis. Google le da mucho a la comunidad desarrollando código abierto. IBM, Hewlett Packard y Daniel Coletti hacen dinero con software libre. Google es muy grande, pero no hay nada que detenga a otra gente de usar Bing de Microsoft. La gente lo usa porque es gratis y funciona bien. Mucha gente piensa que Google es malo, pero es una compañía grande, ellos creen que hacen lo correcto. No estoy de acuerdo con todo lo que dice Eric Schmidt, pero la gente tiene elección: puede elegir no usar Gmail, Google Search, etcétera.
Página 12. 7 de septiembre de 2010
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Asa Dotzler: “No queremos saber qué hacen los usuarios”. Por Mariano Blejman
Asa Dotzler: “No queremos saber qué hacen los usuarios”
Entrevista a Asa Dotzler, uno de los creadores del navegador Firefox. Cerca de 400 millones de personas usan Firefox, creado por la Fundación Mozilla. El navegador tiene dos millones de descargas por día y lo apoya una comunidad de decenas de miles de usuarios que trabajan de manera voluntaria a favor del software libre. Los adelantos del Firefox 4.
Por Mariano Blejman
Si usted está leyendo esta nota en una computadora por Internet, existe un 30 por ciento de posibilidades de que lo esté haciendo a través del navegador Firefox. Si está leyendo esta nota en papel, es probable que después tenga ganas de usar Firefox para navegar por la web. ¿Por qué? Porque el navegador creado por la Fundación Mozilla cambió hace poco más de cinco años la forma en que se usa la web. Y la fuerza de su crecimiento tuvo que ver con los motivos que dieron nacimiento a la creación de la Fundación Mozilla: que la web permanezca abierta, y que el software esté pensado a favor del usuario y no del mercado. Asa Dotzler es uno de los creadores del proyecto que daría nacimiento a Firefox, surgido de las cenizas del enterrado Netscape.
La Fundación Mozilla abre sus puertas cristalinas en el centro de Mountain View, en el corazón del Silicon Valley, para explicar en qué se diferencia Firefox del resto de los navegadores: el navegador salió a competir en 2000 con el entonces poderoso Internet Explorer de Microsoft, y se sumaron a la batalla el Safari de Apple y el Google Chrome. En 2003, Firefox era usado apenas por tres millones de usuarios, el uno por ciento de la web. En 2004, era usado por el 1,8 por ciento. En 2005, Firefox ya tenía el 10 por ciento y ahora representa un 30 por ciento del mercado. “En 2004 sólo les pagábamos a ocho personas”, cuenta Asa Dotzler. El resto era una comunidad de voluntarios a favor del software libre.
Actualmente, Firefox tiene una planta estable de 250 personas: “Hay cerca de mil programadores, pero nosotros sólo contratamos a 150. El resto son voluntarios. En 2004, los programadores contratados eran apenas cuatro. Ahora tiene 250 empleados en oficinas de Estados Unidos, Canadá, Japón, Europa y Nueva Zelanda; 20 mil personas trabajan cotidianamente y hay cerca de 100 mil sitios que promueven voluntariamente Firefox, el navegador usado por 400 millones de personas. Cada día, de la página de Firefox (mozilla.org) se bajan dos millones de Firefox. “Si quisiéramos, podríamos hacer mucho dinero. Tenemos 400 millones de usuarios, Facebook tiene 500 millones y vale 15 mil millones de dólares. ¿Cuánto vale Mozilla? No sé. No tenemos valor financiero. Sólo pensamos en cómo mejorar Internet. Nuestros objetivos son promover la posibilidad de elegir y la innovación permanente”. En 2008, la Fundación tuvo ingresos por 75 millones de dólares.
“Somos el corazón líder de 250 personas, responsable de una organización de decenas de miles de personas”, dirá Dotzler. El navegador está traducido a 80 idiomas y tiene las búsquedas localizadas: en Rusia se busca en Yandex.ru, en vez de Google. En la Argentina se busca en Mercado Libre en vez de E-Bay. Aquí, la revolución que provocó Firefox en la forma de navegar tardó en llegar. “Fui a la Argentina hace tres años, tenemos un grupo importante de voluntarios, pero entonces teníamos sólo el 8 o 9 por ciento del mercado. Ahora ya estamos en 25 a 35 por ciento. ¿Por qué usar Firefox? Porque no queremos saber los datos de los usuarios, ni queremos ganar plata con ellos. Queremos que el usuario tenga el mejor navegador.”
De arranque, Dotzler pregunta por la situación política en la Argentina. Quiere saber si hay algún tipo de conciencia sobre lo que significa políticamente el uso del software libre, y se interioriza sobre las declaraciones del ministro Aníbal Fernández sobre la decisión del gobierno argentino de adoptar el software libre como política de Estado. “Hasta ahora nunca hicimos lobby político. Google, por ejemplo, tiene un grupo de lobbistas en Washington DC. En Mozilla nunca estuvimos de acuerdo en hacer lobby, somos mejores haciendo productos. Pero esta vez decidimos enfrentarnos a los peligros que ocurren en la web, y teníamos que hacer una declaración política. Hay riesgo de que Internet pierda su neutralidad.”
–¿Podría explicar por qué eso es un riesgo?
–Actualmente unas pocas compañías controlan toda la infraestructura de Internet. En Estados Unidos, por ejemplo, está Comcast, Verizon, AT&T. Ellos controlan la infraestructura. Hasta ahora, el éxito de la web estuvo en la posibilidad de que la información que envía una persona viaje a la misma velocidad que si es enviada por una corporación. Pero como Comcast, además de la infraestructura, tiene también contenido, quieren ofrecer servicios diferenciados: lo que ellos tienen para ofrecer irá más rápido que el resto. Algunas compañías están empezando a discriminar algunos contenidos. Comcast, por ejemplo, diferencia el tráfico peer to peer, para el intercambio de archivos, porque compite con su contenido.
–Es una especie de monopolio.
–No tienen monopolio global porque en cada país hay distintos operadores, pero sí tienen monopolios locales. En la península de San Francisco, Comcast es el único proveedor para ver televisión. El gobierno les da el monopolio. Lo mismo para Internet sin cables. Por ejemplo, para usar un teléfono con tecnología 3G, hay una sola empresa que ofrece el servicio. Ellos dicen que no tienen suficiente ancho de banda. Pero nosotros pensamos que un bite es un bite y hay que tratarlo igual. Los grandes operadores no quieren que la red siga siendo neutral, quieren usar su monopolio para favorecer sus negocios.
–Según The New York Times, Google estaría cerrando un acuerdo con Verizon para darse prioridad mutuamente.
–Google dice que quieren neutralidad en la red para aquellos que se conectan por cable, pero no para los dispositivos móviles. Por todo esto, quisimos decir algo. Nos encontramos con el jefe del Federal Communications Commissions (FCC), la organización que regula nuestras comunicaciones. Ellos tienen que asegurar la neutralidad de la red. Mitchell Baker (responsable general de la Fundación Mozilla) escribió un artículo que fue publicado en The Wall Street Journal en 2009. Normalmente no hacemos declaraciones políticas, somos mejores haciendo lo que hacemos.
–¿Y por qué no suelen hacerlo?
–Nuestros productos pueden provocar los cambios. Si creemos que la privacidad es un tema importante, podemos hacer dos cosas: pedir al gobierno que legisle o hacer un producto en Firefox y dárselo a 400 millones de usuarios. Tenemos impacto muy rápidamente. Si queremos que haya posibilidad de elegir navegadores en los teléfonos inteligentes, lanzamos el navegador para móviles, que salió la semana pasada. Hasta ahora, si uno usaba un iPhone sólo podía usar el navegador de Apple. Si usaba un Android, sólo podía usar el de Google. Ahora tendrán elección. Eso nos hace mejores. Muchos servicios como Gmail, Facebook, Twitter, tienen información nuestra privada. Estamos pensando en el Mozilla Sync, una herramienta para sincronizar nuestras identidades entre el teléfono, la notebooks, la computadora de escritorio. A diferencia de Google, pensamos: ¿cómo podemos hacer para no saber qué hacen nuestros usuarios? Mientras todos ofrecen servicios para ver los datos de los usuarios y hacer dinero con eso, nosotros pensamos en el usuario. Lo que hicimos fue encriptar las comunicaciones, para no poder ver qué hace o dice el usuario, o cuáles son sus claves. No se podrá vender la información, no se podrá vender publicidad. Va a estar en el Firefox 4, a fin de año. Tal vez no es tan bueno para hacer dinero, pero hay otras formas de hacer plata.
–¿Mozilla no se preocupa por los ingresos?
–Tenemos relaciones con servicios on line, incluimos servicios de búsqueda como Google, Yahoo, servicios de comercio electrónico, y tenemos un alto ingreso por donaciones. No tenemos que corromper nuestros productos para hacer plata. Mucha gente sostiene nuestra organización.
–¿Y el navegador Google Chrome no es una amenaza para ustedes?
–No. Nuestro objetivo es promover la elección y la innovación. Ahora hay posibilidad de elegir. Si estuviéramos solos, la innovación sería lenta. Gracias a la competencia, el Internet Explorer 9 es un buen navegador. Nosotros los empujamos, les sacamos tantos usuarios que tuvieron que mejorarlo. En Chrome nos empujan a nosotros. Ellos dicen: “Creemos que la velocidad es importante”, y ahora tenemos que competir por la velocidad. Esta competencia es buena para Mozilla, pero sobre todo es mejor para la web, que tiene 1500 millones de usuarios.
–Sin embargo, Chris Anderson, autor de The Long Tail y Free, publicó un artículo donde dice que la web “está muerta”. ¿Qué piensa?
–Cada año declaran alguna muerte. Creo que la interpretación de los datos no es correcta. El ha dicho que la web está muerta. La información, según la entiendo, dice que el video crece muy rápido comparado con las páginas web y dicen que el video no es parte de la web. De todo el tráfico de Internet, el video sube muy rápido, los juegos suben rápido y la web sube menos rápido. Pero están midiendo ancho de banda más que cantidad de visitas. En cantidad de visitas, la web también estaría subiendo. Aunque hay una preocupación que comparto: lo que dicen es que las aplicaciones van a reemplazar al navegador. Un iPhone o un Android está lleno de aplicaciones: para usar Twitter, para usar Facebook, para leer un diario. Eso es una amenaza a la web, porque son pequeños programas que se focalizan en un solo servicio. Los navegadores necesitan ser mejores. También lo cree Google y Microsoft, aunque Apple no tanto. Html5, css3 y javascript están evolucionando. Con Firefox 4 y el Internet Explorer 9 podremos hacer desarrollos tan buenos como las aplicaciones actuales.
Drumbeat: estimular la comunidad
Este año, la Fundación Mozilla creó Drumbeat, un proyecto marco que pretende ampliar la base de las comunidades que envuelven al proyecto de código abierto. Asa Doztler cree que la Fundación puede usar la experiencia para construir comunidades alrededor de Firefox para otro tipo de proyectos. En ese marco, apareció la P2PU (Peer 2 Peer University), que es un espacio generado para desarrollar conocimiento. Uno de esos cursos el es de Open Web / Open Journalism, que pretende juntar a programadores con periodistas para pensar contenidos para la web. Otro de los proyectos enmarcado en Drumbeat es el de “Subtítulos universales”, con el cual pretenden organizar un sistema distribuido de traducciones para películas. “Creemos que nuestra experiencia de los últimos 15 años podría ser útil para que otros construyan proyectos exitosos”, dice Dotzler.
–¿Cómo ha sido la relación de Mozilla con los medios?
–Mozilla es una historia para contar. Y los ayudó a los periodistas a entender la web desde 2001. No todos diferencian Internet de la web, y el escritorio del servidor. Muchos creen que las páginas web están adentro de Google. La web se hizo para que diversas computadoras de diversos sistemas pudieran comunicarse entre sí. La idea era tener un entorno transparente e interoperable. Si perdemos la web uno tendrá que darle todo a una empresa para usar sus servicios y perderán su capacidad de elección.
–¿Y qué piensa del sistema operativo de Google Chrome OS, que usará una computadora sólo para conectarse a sus servicios?
–Hasta ahora, ni Microsoft sabe la clave de mi computadora personal. Sin embargo, en el modelo de Google para entrar a la computadora habrá que escribir el usuario y la clave de Google. Es decir que Google tendrá control total de nuestra computadora. El uso de código abierto de Google es un tanto curioso. Google es muy cerrado para lo que les da plata y abierto cuando necesitan ayuda. En Mozilla somos abiertos para todo lo que sea legalmente posible. Proponemos un sistema transparente, público y participatorio. Y no tenemos una agenda secreta. ¿Sabe por qué construyó un navegador Apple? Porque si no, no iba a tener navegador para su sistema operativo. ¿Sabe por qué construyó un navegador Google? Para tener los datos de sus usuarios y vender publicidad contextual. ¿Sabe para qué construyó un navegador Mozilla? Para promover la innovación.
Página 12. 12 de octubre de 2010
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No existe ningún modelo científico eterno. Diálogo con el astrofísico francés Jean Pierre Luminet. Por Eduardo Febbro
No existe ningún modelo científico eterno
Diálogo con el astrofísico francés Jean Pierre Luminet. Primero revolucionó el conocimiento sobre los agujeros negros, después y presentó un modelo del universo, y de lo finito lo infinito, antes de que los satélites comprobaran que existía. Pero Jean Pierre Luminet, que esta semana expondrá sus ideas en Buenos Aires, también avanza en el terreno de las artes y presenta una visión del mundo y de la ciencia que entrecruza lo científico con el imaginario.
Por Eduardo Febbro
Definir una teoría sobre la topología del universo, sobre lo infinito del cosmos, sobre los agujeros negros y sobre lo visible y lo invisible no sofoca la humanidad del instante. La garúa cae con persistencia en el parque del Observatorio de París Meudon. Imposible encontrar la puerta de entrada en este vasto recinto. Corre la hora de la cita con el astrofísico francés Jean Pierre Luminet y ningún camino visible conduce a la puerta del Laboratorio Universo y Teorías, LUTH, donde trabaja. Jean Pierre Luminet toma su auto y acude en ayuda del visitante perdido en un ángulo lejano de parque. Astrofísico fuera de lo común, especialista en la gravitación relativista, pionero de las investigaciones sobre los agujeros negros, divulgador científico ejemplar, especialista en cosmología y en la topología del universo, poeta y novelista, Luminet concentra una alucinante convergencia de disciplinas. En 1979, Luminet fue el primero en simular las distorsiones ópticas provocadas por el campo gravitacional de un agujero negro; en 1982, innovó con el estudio de los efectos del paso de una estrella en las inmediaciones de un agujero negro súper masivo. A partir de 2003, Luminet concibió un modelo sobre la forma del espacio corroborado luego por las observaciones satelitales. Este modelo fue expuesto por el astrofísico francés en un libro que lleva el nombre de su esquema topológico: L’Univers Chiffonné, el Universo arrugado o “en bollo”. Esta patrón sobre la topología plantea que el universo podría estar cerrado sobre sí mismo, un poco como una pelota de fútbol pero con una forma dodecaédrica.
Calificado como un “descubrimiento mayor”, este modelo no cierra el debate ancestral sobre la infinitud o la finitud del universo. Sin embargo, agrega una contribución al conocimiento de nuestro vasto mundo. En paralelo a sus brillantes investigaciones científicas, Luminet escribió varios libros de poemas y novelas de divulgación científica sobre esos genios de la historia que son Newton, Galileo y Kepler.
La forma del universo
–Hemos tenido varios modelos del universo. En breve, el de Ptolomeo, el de Copérnico y el de Galileo. En la ciencia contemporánea, también hubo varios modelos sobre la infinitud o la no infinitud de nuestro universo. Usted ha propuesto un esquema fuera de lo común.
–La talla del universo, es decir, es finito o infinito, es una cuestión que se remonta a los pensadores de la antigüedad. En el curso de los siglos hubo un ir y venir entre la idea de un universo finito y un universo infinito. La situación moderna permite que esas cuestiones sean abordadas no ya desde las teorías de Galileo, Copérnico, Kepler o Newton sino con la ley de la Relatividad General de Einstein. A ella hay que agregarle preceptos matemáticos nuevos como los de la topología. Eso permite poner sobre el papel infinitos tipos de espacios posibles. Con la topología se descubrió que existe un número infinito de espacios posibles. Hay espacios finitos sin bordes, y modelos de espacios infinitos. Esas dos opciones son posibles en el marco de los modelos cosmológicos actuales, que se llaman modelos relativistas porque están basados en la teoría de Einstein. Son los famosos modelos en expansión derivados del Big Bang. Hay dos, sea que se trate de una expansión por contracción, sea de una expansión perpetua, acelerada. Con ello tenemos una respuesta sobre la dinámica, es decir, sobre la historia en el curso del tiempo, pero aún no tenemos una respuesta sobre la extensión del espacio: no sabemos si el espacio es finito o infinito.
–Es allí donde se sitúa su descubrimiento: el universo arrugado.
–Sí, lo llamé así de forma metafórica. Se trata de una modelización matemática con una forma del espacio fascinante que trasladé a la cosmología. Un universo arrugado es un modelo de espacio finito, que no tiene bordes. ¡Claro, no es simple concebir la idea de un espacio finito sin bordes! Para explicarlo de alguna manera diría que si viajamos en un cohete en línea recta sin dar la vuelta, un espacio finito sin bordes nos traerá a nuestro punto de partida. Hay en esto una analogía con la superficie de una esfera, que es en dos dimensiones. Una línea recta es como un gran círculo que da la vuelta completa. Se regresa al punto de partida sin chocar con ningún borde ni ir al infinito. Se puede imaginar esto, pero en tres dimensiones. Se pueden imaginar espacios normales, en tres dimensiones, en los que se viaja derecho y se vuelve al punto de partida. Ahora bien, este tipo de espacio es clásico y se conoce desde hace mucho. Pero hay variantes topológicas, como la que yo llamé el universo arrugado, en donde los espacios están reconectados. Si tomamos una hoja de papel y pegamos los bordes para hacer un cilindro y luego cortamos los extremos y los volvemos a pegar, tenemos entonces una superficie finita pero sin bordes. Así se pueden construir miles de espacios tridimensionales, finitos, sin bordes y reconectados. Es un poco como la pantalla de un videojuego: el cohete va hacia delante y en cuanto llega al borde de la pantalla el cohete reaparece del otro lado. Los bordes están así reconectados. Entonces, un modelo de espacio arrugado es un modelo de espacio tridimensional que carece de bordes. En realidad, hay bordes, pero como están pegados, reconectados, eso los suprime. Aclaro que este esquema no es un juego o una fantasía matemática sino una propuesta de espacio físico real.
Lo finito y lo infinito
–Con este modelo se crea una suerte de ilusión óptica que desemboca en réplicas del universo o de los objetos observados.
–Efectivamente. La reconexión de los espacios multiplica los caminos de los rayos luminosos entre dos puntos. Ello crea imágenes múltiples de un mismo objeto celeste: una galaxia lejana podría ser vista en varios ejemplares, en diferentes lugares del espacio, y sin reconocer que se trata del mismo objeto porque la estamos viendo en diferentes momentos de su historia. ¡La luz recorre muchos caminos distintos hasta llegar a nosotros! También se pueden fabricar modelos del espacio arrugado cuyo tamaño físico es más pequeño que el espacio que se observa. En general, se piensa que observamos un subconjunto de una realidad que es extraordinariamente grande, tal vez infinita. Aquí, al contrario, asistimos a una redundancia: observamos una duplicación del universo físico entero más allá del cual solo veríamos una réplica, una repetición. En el año 2003, las observaciones astronómicas realizadas por un satélite de la NASA que cartografió la luz fósil encontraron indicios capaces de sustentar este tipo de modelo, en lo concreto a uno de los modelos de espacio que propuse. Se trata de una forma del universo que se asemeja a un dodecaedro cuyos lados pegados, reconectados, hacen que viajemos de una cara a la otra sin salir nunca de la caja. Esta modelización topográfica del espacio del universo no pone en tela de juicio los modelos existentes, el Big Bang, por ejemplo. En cambio, sí pone en tela de juicio nuestra relación con lo real entre el espacio percibido, el verdadero espacio, y las ilusiones ópticas.
–De alguna manera usted encontró una de las formas de lo infinito.
–Me gusta mucho la paradoja que hay en todo esto. Siempre existió el debate entre espacio infinito y finito. Con el modelo del universo arrugado tenemos un modelo de universo finito pero capaz de dar la ilusión de lo infinito. En cierta forma volvemos a la pregunta fundamental planteada por Aristóteles: ¿el infinito actual o el infinito potencial? Con este modelo del universo arrugado tenemos un infinito que no está reactualizado porque el espacio sería así realmente finito, pero con la ilusión y la apariencia de ser infinito. Es un juego de espejos. Aclaro que no es el universo el que se repite en un juego de espejos sino la percepción que nosotros tenemos de él. Imaginemos una pieza tapizada de espejos en la cual encendemos velas. La habitación no se repite, es la ilusión de la visión la que crea la sensación de infinito. La pieza es única.
–Usted fija un límite, si se puede decir, a lo que la teoría de la Relatividad General puede explicar. Usted dice que se llega a un momento en que la teoría de Einstein no sirve para explicar la cuestión del infinito. Ello implica un afirmación objetiva: no existe teoría absoluta para explicar la vida, el universo.
–Por supuesto que no. Como toda teoría científica, por más bella y elegante que sea, la Relatividad General acabó por encontrar sus límites. Lo mismo ocurrió con algunas teorías de Newton, que funcionaron durante 150 años. A finales del siglo XIX la física era completamente newtoniana. Todo iba muy bien hasta que un físico inglés de la época recordó que existían solo dos nubes para poder explicarlo todo con Newton: esas dos nubes van a desembocar en la teoría de la relatividad y el la física cuántica. En el siglo XX se dijo lo mismo, que la Teoría de la Relatividad explicaba todos los fenómenos a gran escala mientras que la física cuántica explica todo lo que es infinitamente pequeño. Se dijo: casi no queda nada por hacer, a no ser unir las dos teorías para elaborar una teoría definitiva, final y única. Pensar así es inocente. La teoría de Einstein tiene dos límites: el primero a escala de lo infinitamente pequeño, el segundo, la Teoría de la Relatividad igualmente incompleta a escala de lo infinitamente grande. La Teoría General de la Relatividad no dice si el espacio es finito o infinito. Para completarla hace falta agregar las hipótesis de la topología, que es lo que yo hice.
–Usted aborda también esta pregunta en su libro El Universo arrugado. La idea del infinito, ¿acaso nos expone o nos protege?
–Depende del sentimiento cósmico que hay en cada individuo, de su cultura, de sus opciones filosóficas. Puede que sintamos terror frente a la idea del infinito porque como no tiene fin nos sentimos perdidos. No hay ni centro ni borde y así carecemos de referencias. Cuando en los siglos XVI y XVII, con la gran revolución astronómica que va de Copérnico a Newton, se plasma la concepción cosmológica de un universo, que era pequeño, finito y cerrado en la antigüedad, al universo inmenso, tal vez infinito, de Newton, se produce una pérdida de referencias. Para otras personas, al contrario, la idea de lo infinito no es perturbadora. Giordano Bruno decía “un espacio infinito multiplica al infinito las posibilidades”. Ello implica la idea de la pluralidad de los mundos, etc. Hoy, cuatro siglos más tarde, siguen existiendo las dos modelizaciones posibles, ambas compatibles con la relatividad y el modelo del Big Bang. Incluso en el seno de la comunidad científica hay quienes prefieren un espacio infinito y otros no. Puede que un científico racionalmente esté con la idea de un espacio finito y que, al mismo tiempo, filosóficamente prefiera el otro espacio.
La racionalidad científica y el imaginario
–¿Ambas opciones son posibles en la racionalidad científica?
–Desde luego que sí. Los científicos no se han sacado de encima la subjetividad. Desde el vamos, todo modelo científico parte de nuestro imaginario, igual que toda creación. Ese imaginario será luego reelaborado en un modelo que obedece a reglas, a obligaciones, a la coherencia matemática, a la comparación con las observaciones, a la experiencia. Insisto igualmente en que las preferencias de los científicos tienen una relación con la estética. Desde el nacimiento de la ciencia hay como una apuesta filosófica de que existe una forma estética en la organización del cosmos. La física es eso, una apuesta a favor de que existan leyes físicas en lugar de un caos sobre el que nunca entenderemos nada. Esa apuesta sobre la existencia de una forma de orden en el universo se asemeja a una forma de la estética. Para un matemático o un físico, la estética va a pasar por una formulación matemática o geométrica elegante en la descripción del universo.
–Hay en el espíritu humano una dualidad esencial: razón y providencia. Nada ilustra mejor esa dualidad como el baúl de Newton. El hombre que creó la ciencia moderna tenía un baúl lleno de escritos esotéricos que se descubrió muchos siglos después de su muerte. Como si el infinito sólo pudiese alcanzarse mediante el arte, la religión o la filosofía.
–Los escritos encontrados en al baúl de Newton no están en contradicción con sus escritos racionales. Pero creo que todos sus escritos escondidos en el baúl, es decir, sus investigaciones en torno de la alquimia, sus investigaciones sobre los escritos bíblicos, sus cálculos sobre el Apocalipsis, su fascinación por el esoterismo y el hermetismo, esto forma un todo. Newton es un personaje extremadamente complejo. Sin embargo, esa tendencia a mezclar investigaciones racionales e irracionales se explica porque nuestro imaginario no es racional. Sacamos nuestras teorías racionales de nuestro imaginario, que no lo es. En mi serie sobre los constructores del cielo mostré cómo Kepler, que es un personaje genial, no dudó en mezclar en todos sus tratados científicos, astronómicos y matemáticos las consideraciones místico-religiosas. Ahí vemos el funcionamiento de un espíritu extraordinariamente creativo, sin separación. El sabio más racional siempre funciona con su imaginario.
–Esa dualidad ciencia/imaginario, razón e irracionalidad, usted la expuso mediante un trabajo creativo muy fructífero: novelas históricas sobre los genios de la ciencia, música, poesía.
–Cuando yo era adolescente mi verdadera pasión era la literatura, la poseía. La poseía es una forma de expresión particular que se asemeja un poco a la ecuación matemática. En la poesía se intenta unir en una frase un núcleo, el núcleo duro del sentido, lo mismo que en una ecuación se concentra el núcleo duro de una teoría. La literatura, la poesía, la música, terminó por alimentar mi imaginario. No se si todo eso influyó en las ideas que luego tuve en la ciencia, tal vez sí. Pero son caminos subterráneos, con muchas ramificaciones. Antes de que me consagrara a los trapazos sobre el universo arrugado yo me dediqué a la investigación sobre lo invisible, es decir, a los agujeros negros. Me sentí atraído por lo invisible, por la idea de visualizar lo que no se ve. Y esto no es ajeno a mi fascinación por una forma de literatura como la de Borges o Cortázar. En esos juegos de espejos, la biblioteca de Babel, hay en todo esto muchas correlaciones. Sigo fascinado por las relaciones entre lo visible y lo invisible, lo percibido y lo no percibido, las ilusiones ópticas, los espejos. A su vez, la ciencia influyó en mi obra poética. Por ejemplo, mis poemas fueron adquiriendo con el tiempo una forma cada vez más topológica, una suerte de polisemia que proviene de un enfoque topológico, con una relación de conexiones entre frases y palabras que se pueden cambiar. Cada vez que cambiamos las conexiones se cambia el sentido del poema, y eso me gusta mucho. Esa es una clara influencia de mis investigaciones científicas en la poesía. Y como tengo la pasión de la escritura escribí libros de vulgarización científica sobre los agujeros negros, unos 15 en total, y luego novelas. En los años ’90 me interesé en la historia de las ciencias, en las ideas, y volví a la escritura con obras sobre los grandes creadores de ideas del pasado: Copérnico, Kepler, Newton. Los tres propusieron mucho más que el sol en el centro del universo, las elipsis y Newton la ley sobre la atracción universal. A través de las novelas sobre ellos quise contar la gran historia, el inmenso debate de ideas que hubo en el curso del tiempo. En total escribí seis novelas sobre estos genios y las ideas que se discutieron durante siglos y siglos. Quise contar la historia de la ciencia pero no mediante una biografía lisa en la que sólo se muestran los éxitos de los científicos y las cosas brillantes. No. Son gente de carne y hueso y yo elegí contar también las cosas escondidas. Fíjese en Kepler: con todos los problemas derivados de su enfermedad física, de sus problemas económicos y familiares fue capaz de llegar, en contados momentos, a desbloquear su espíritu, a evadirse.
La ciencia y el arte
–En realidad, esos científicos –como los de ahora–, al construir el cielo construyeron la Tierra.
–Desde luego. A menudo la gente cree ocuparse de la organización celeste es estar desconectado de los asuntos terrestres. ¡Para nada! Cuando miramos la historia vemos que sin esos cambios globales de la visión del mundo, la sociedad actual no sería lo que es. Las grandes preguntas humanas tampoco están ausentes en esas temáticas: el lugar del ser humano en el universo, el sentido de la existencia, etc., etc. Se puede pensar que la astrofísica evacua un poco al hombre del universo porque nos damos cuenta de que somos un puñado de polvo ínfimo. Pero, por otro lado, otros enfoques ofrecen lazos más interesantes y nos muestran que estamos inscriptos en una historia cósmica hecha de materia y de átomos fabricados por las estrellas durante miles de millones de años. Toda la historia del universo está en nosotros. Es maravilloso reencontrar mediante la ciencia moderna, que trata de desprenderse de las viejas ideas, toda la historia del universo en nosotros. Y no sólo a través de nosotros, sino también del conejo, la lombriz. En suma, la vida en sí, la comple-jidad acunada en la historia del universo. Esto cambia la perspectiva del sentimiento cósmico y las interrogaciones sobre lo que hacemos en el universo. Por cierto, estamos hechos de polvo, pero somos polvo pensante.
–A sus maneras distintas, ¿acaso la ciencia y el arte no son dos formas de creación de la verdad?
–No sé si se puede decir que toda creación desemboca en una forma de verdad. Seré prudente en este enunciado. No pienso en términos de una verdad absoluta con una gran “V”. Diría que hay verdades provisorias. La ciencia es una creación intelectual que puede confrontarse con las observaciones y la experiencia. No pretendo que eso sea la verdad del universo. El universo es como es y es indiferente a nuestras teorías. Además, no existe ningún modelo científico eterno. La teoría del universo arrugado subsiste desde hace 7 años, y no está mal. Si dura 20 años más es aún mejor. Ello querrá decir que abrió pistas nuevas sobre nuestras concepciones sobre el espacio. Ciencia, arte, todo esto es creación pura. No me animo a decir que es creación de la verdad. Tal vez sea una creación para nuestra verdad interior, que no es universal.
Página 12. 13 de noviembre de 2010
Etiquetas: Ciencia y técnica
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La poesía es uno de los caminos para salvarnos. Diálogo con Jacques Roubaud. Por Eduardo Febbro
La poesía es uno de los caminos para salvarnos
Diálogo con el poeta y matemático francés Jacques Roubaud. Este escritor singular es oriundo del mundo de las ciencias. Orfebre de los números y las palabras, convive en los dos universos y los combina para dar lugar a una obra única. Compañero de ruta de Italo Calvino, Georges Pérec, Marcel Duchamp o Julio Cortázar, sorprende por su visión de la poesía.
Por Eduardo Febbro
Números y palabras. O a la inversa. Poesía y matemática, irracionalidad imaginaria y racionalidad científica. Sólo un poeta convive en esos dos mundos y traza una relación entre las cifras y las palabras: Jacques Roubaud. Este escritor singular y exquisito es oriundo del mundo de las ciencias. Matemático de profesión, Roubaud desarrolló una obra poética, narrativa, ensayos y traducciones de una originalidad sorprendente. El lector lo espera en un ángulo, Roubaud aparece en otro. Figura sobresaliente de ese invento matemático literario que es el Oulipo –taller de literatura potencial– y en cuyo seno desfilaron autores como Italo Calvino, Raymond Queneau, Georges Pérec, Marcel Duchamp o Julio Cortázar, Roubaud tiene una extensa y divertidísima obra poética. El Oulipo es un movimiento que postula el trabajo de la escritura como un desafío a la arbitrariedad de la creación. En la seriedad del postulado casi científico que Roubaud defiende, “si no nos fijamos reglas podemos terminar repitiendo lo que ya escribimos”, se esconde una libertad plena, un prodigioso viaje a través de los sentidos y las combinaciones inusitadas de las palabras. ¿Qué es un autor del Oulipo? Sus integrantes responden: “Es una rata que construye por sí misma el laberinto del que se propone salir”. La obra maestra de esa disciplina es la novela de Georges Pérec, La desaparición, en la cual no figura la letra “e”. Nada define mejor la obra de este poeta genial y humilde como ese enunciado de la rata: sus poemas son construcciones de rigurosos laberintos en los cuales las palabras vienen a ser las llaves que van abriendo los pasillos. Jacques Roubaud, a sus casi 80 años, es un mega híper moderno: al adjuntar a su experiencia poética la herencia y la cultura de su profesión de matemático el autor francés hace cohabitar en su obra los números que nos rigen y las palabras con que nos expresamos. No puede haber nada más moderno: cifras, combinaciones, números y palabras. Obra deliciosa, juvenil, juguetona y profunda, la poética de Jacques Roubaud alegra la vida y los oídos. El modelo de Roubaud es musical y matemático: su matriz son los trovadores del siglo XII. Sus composiciones le sugieren la rima y el tejido matemático del poema. ¿Matemático o poeta? La poseía es un descanso de las matemáticas, las matemáticas, un descanso de la poesía, dice Roubaud.
Juego, arte, disciplina, ironía y juventud. Este poeta francés, cuyos libros han sido escasamente traducido al español, plantea una idea a la vez anacrónica y original: “la poesía, para seguir existiendo, debe defenderse del olvido, de la desaparición, de la irrisión a través de la elección de un arcaísmo. El arcaísmo del trovador es el mío”. Trovar, cantar, jugar, combinar con inocencia y pasión, sin meta comercial o beneficio, esa hazaña en un siglo de velocidad y superficialidad aún existe, tangible y mágica, en la obra poética de este autor. “La idea de poesía como arte, como artesanía y como pasión, como juego, como ironía, como búsqueda, como saber, como violencia, como actividad autónoma, como forma de vida, esa idea la hice mía.” Para quienes se preguntan para qué sirve la poesía, cómo es aún posible su existencia, y qué tienen que ver los números con las palabras, Jacques Roubaud es una introducción rigurosa y epifánica para saborear el olvidado asombro.
Números y palabras
–Usted aúna en su obra poética dos universos aparentemente inconciliables: las palabras y los números, la matemática y la poesía. ¿Qué lazo hay entre estas dos invenciones geniales de la humanidad?
–A diferencia del lenguaje corriente, en la mayoría de las poesías del mundo, de los relatos, se utiliza mucho los números. La poesía tradicional francesa se apoya en los números. En cada idioma hay números que gustan más que otros. A los japoneses, por ejemplo, no les gustan los números pares. En Francia, por el contrario, hemos tenido una pasión por el 12, un número desechado en España o en Italia. Hay como una suerte de número amado en los idiomas. Profesionalmente, mi vida fue la de un matemático, y, como poeta, muy rápidamente me ocupó la relación entre poesía y número.
–Estamos sitiados por los números, por los códigos. Los números han entrado a formar parte de los instrumentos cotidianos de relación con la realidad. ¿Acaso la poesía puede salvarnos de los números?
–Los números son como el mismo idioma, pueden hacerse cosas buenas y cosas malas. Hay una manera de tratar los números como cantidad, es decir la acumulación, o, al contrario, se los puede usar para censar a la gente, un principio muy apreciado por las autoridades pero que no constituye un uso agradable de los números. Los números se usan también para los códigos, pero aquí la codificación tiene un destino más bien de protección del secreto bancario. Sin embargo, en la vida se emplean muchos códigos, y en la poesía también. Los poetas usan los números de forma mucho más simpática. La poesía puede emplear los números desde este ángulo, más lúdico, y no del lado maléfico.
La poesía como memoria del idioma
–En un mundo tan plano, tan brutal, tan escasamente poético, dominado por la imagen comercial y la función de beneficio, la poesía aparece como una suerte de arte gratuito, espontáneo, sin especulación.
–Hay una lucha constante entre la tendencia de la sociedad por olvidar la poesía porque no es comercial, y la poesía misma que busca medios de existencia donde el aspecto comercial sea secundario. La poesía tiene una función especial, tanto para quienes la componen como para quienes la reciben. La poesía ofrece a los individuos lo que es más precioso en su idioma. Es lo que yo llamo la función memoria del idioma, es decir, la poesía como una memoria del idioma. La poesía no apunta a contar esto o lo otro, a demostrar una u otra tesis política, sino que apunta a hacer que el lazo de cada individuo con su memoria, con su idioma, sea lo más precioso posible. Desde la infancia misma, a los niños les gusta la poesía porque, a través de ella, los niños entran en su propio idioma. Mediante la poesía, el idioma les pertenece. La poesía trata de preservar esa dimensión y de emplear el idioma de una forma que evite que se vuelva mediocre. Los discursos políticos, comerciales, son extremadamente mediocres. La poesía conserva esa función de preservación de la calidad del idioma y de la memoria del lenguaje. Ahora bien, por otra parte, no estoy seguro de que la poesía esté contenta con ese estatuto de arte completamente gratuito. Quien habla de un arte que no se inscribe en el mundo comercial está aceptando que ese arte tiene dificultades para ser visible. Claro, los poetas no buscan el éxito comercial. Si alguien decide a los 20 o 25 años ser poeta sabe perfectamente que nunca hará fortuna. Pero los progresos de la técnica torna posibles, mucho más que antes, la difusión de la poesía. Se pueden realizar pequeñas ediciones y también hacer que los poemas existan en una pantalla, gracias a Internet. Es muy difícil leer una novela en una pantalla, pero no la poesía. La existencia visual y oral de la poesía puede perfectamente servirse de los progresos técnicos. La poesía debe poder existir tanto en una página como en el oído y en la boca.
–Estamos tan lejos de Dios como de la naturaleza y del lenguaje. ¿La poesía podría ser un lazo, una resonancia, con esas entidades?
–La poesía debe ser la resistencia del idioma ante su corrupción, ante su descrédito, su mal uso, ante la tendencia a usar un idioma para cosas feas, malas. Haciendo que el idioma sirva para lo bello, lo precioso, la poesía mantiene la existencia del idioma. Salvo en un caso, la poesía no interviene en la sociedad. Si estamos en una situación en la cual la gente no puede hablar porque existe una prohibición dictatorial o política, en ese caso la posibilidad de hablar pasa por la poesía. Pero en los países donde uno puede expresarse, donde no hay dictadura, la resistencia de la poesía se expresa por su actitud a no rebajar el idioma. El pasado y el presente de la vida surgen en la poesía. Todo lo que hemos atesorado en la memoria empapa la poesía. Los poetas tienen un papel importante para desempeñar en relación con el idioma en el que viven. ¡El idioma es un instrumento muy importante!: a través de él se transmite el pensamiento, la esperanza en el porvenir. La poesía es uno de los caminos para salvarnos. Y digo UNO y no EL camino. Hay otros. Cuando el idioma se acuerda de su pasado mediante la poesía se adelanta a lo que será. Muchas evoluciones del idioma fueron previstas por los poetas.
–Ahora bien, esa pureza del idioma que persiste gracias a la poesía, ¿acaso no desautoriza su traducción?
–Existe una tesis sobre la naturaleza de la poesía que dice: “un poema debe ser considerado definido por el conjunto de sus traducciones”. Cada lectura que hacemos de un poema es una traducción. Traducimos el poema que está en nuestro idioma hacia la forma en que comprendemos el idioma y los sentidos de las palabras. En realidad, hay una simpatía general entre los idiomas. Los oponemos mucho pero es un error. Y esa simpatía general va a transitar de poesía en poesía. Es entonces esencial que las grandes poesías se traduzcan a otros idiomas.
Las propiedades poéticas de los números
–¿Y los números?
–Si no se la utiliza con fines puramente pragmáticos, la matemática también puede servir para esto. Hay investigaciones puras sobre la belleza de los números que restauran la integridad y la pureza de los números. La belleza de las palabras se plasma en sus asociaciones. Las palabras serán tanto más bellas cuanto que las asociaciones y construcciones en las cuales las introducimos sean acertadas. Y es precisamente allí donde intervienen los números. Esto no es nuevo, muchas tradiciones poéticas han basado la poesía en los números. En mi caso, mi fuente han sido los trovadores. Los trovadores concibieron la poesía a través de los números. Para ellos, no todos los números son iguales porque existen familias de números que son más bellas que otras. Y de esas familias bellas, los trovadores definían formas poéticas. También son los últimos que plasmaron la unión del texto y la música.
–Resulta extraño concebir la existencia de esos dos mundos: la extrema racionalidad de la matemática combinada con la dimensión imaginaria de las palabras y la poesía.
–La imaginación matemática, en particular la imaginación que se sustenta en los números, no se asemeja a la racionalidad ordinaria. Los números tienen propiedades asombrosas. Uno de los grandes matemáticos del siglo XX, Ramanujan, decía: “Cada número tiene que ser nuestro amigo personal, pero entre éstos hay números que son mejores amigos que otros”. Se cuenta que, en su lecho de muerte, Ramanujan recibió la visita de un matemático amigo suyo, Hardy. Hardy le dijo: “Vine a verte en taxi pero el número del taxi no era interesante”. Ramanujan le dijo: “Amigo, es el número más pequeño que puede escribirse de dos formas como la suma de dos cubos”. Existen así estas maravillas de relación entre los números. Desde luego, cuando hablo de números, los más prestigiosos son los números enteros. Hay muchas maneras de pasar de la palabra a los números. Hay por ejemplo una manera de situar la letra de las palabras y su correspondencia en el abecedario con los números. Cada letra quedará sí asociada a un número. También es posible descomponer la palabra en sílabas y asociarle una familia de números. Podemos realizar un retrato de la palabra con números. Como hay muchos caminos para ir de las palabras a los números, el trabajo de la poesía consiste en abrir esos caminos.
–Hay algo paradójico en ese postulado. Si leemos poesía en una pantalla, en realidad, detrás de la imagen que vemos hay números. La producción de la imagen es numérica.
–Así es. La poesía viene a colonizar esa sopa de números. Pero esos números están arreglados por razones puramente técnicas. Pero cuando la poesía se apodera de la configuración de los números lo que hace es dotarlos de un rostro. El ascenso de la matemática no es más que la emergencia del sector de la matemática más utilizable, comercial, y no es la mejor. Es necesaria, desde luego. Pero ese segmento de la matemática no tiene que llevarse la exclusividad. Hay sectores de la matemática que son tan difíciles de imponer como la poesía. En particular, el campo de las propiedades de los números. Aquí estamos ante corrientes más profundas y más finas. Este sector está fuera de los números cuantitativos. ¡Los números cualitativos poseen propiedades inverosímiles! No confundo las dos cosas: la poesía es la poesía y la matemática la matemática. Ambas conservan su dimensión libre. Hay, con todo, un sector de la matemática que conserva su libertad, que no puede ser reducido a la utilización comercial.
Los números también hacen llorar
–Intuyo un límite en la función del número que usted propone: la poesía alivia el alma. Si estamos solos o tristes, una poesía puede reconciliarnos, los números no.
–A uno de mis amigos con el que trabajé mucho sobre la matemática le preguntaron por qué hacia estudios matemáticos basados en números extraídos de poemas que producían un gran efecto emocional. El respondió: “Quiero comprender por qué los números hacen llorar”. Lo mismo que en la poesía y la música, muchos de esos efectos de la emoción también pasan a través de los números. Por eso mi amigo se pregunta “por qué los números hacen llorar”. Desde luego, nadie ve a los números de esa manera, pero si los miramos de una manera profunda vamos a encontrar esas emociones. Podríamos hablar de un esqueleto de números vestido con palabras.
–¿Por qué la gente no reconoce la poesía que existe en la racionalidad extrema?
–Porque la gente sólo se relaciona con un tipo de racionalidad, la racionalidad económica, que está exenta de dimensión poética. La poesía está construida también de forma muy racional. Como decían los trovadores, es un trabajo de herrero, se trabaja con las manos, que manipulan las palabras. En apariencia, y sólo en apariencia, las palabras tienen más sentidos, más propiedades que los números. Es falso. Todo depende del conjunto de propiedades que hemos extraído de un número. Muy a menudo sólo conocemos de un número sus propiedades muy pobres, pero, sin embargo, ese mismo número tiene otras propiedades, una familia inmensa, con un montón de primos que desconocemos. Los números son más ricos de lo que creemos. Yo escribo caminando, en mi cabeza. Camino, me acuerdo de cosas, observo, percibo, compongo. En esa caminata también interviene una suerte de batería de cocina de números, que siempre tengo en reserva. La matemática entra así en la poesía. En esa batería de números que tengo en la cabeza voy a poner las palabras con las que construyo el poema. El ritmo de la marcha influye en las sílabas y los versos. Ahora, con los años, mis caminatas son más cortas y lentas. Mis poemas son también más breves.
–¿Cuál es su número preferido?
–No tengo un número preferido sino una familia de números. Es la familia compuesta por los llamados números de Raymond Queneau: están el seis, nueve, el 11, el 14, el 23. Trabajo mucho con esos números porque son mi gran familia.
Página 12. 11 de diciembre de 2010
Etiquetas: Ciencia y técnica Literatura
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Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina
