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Portantiero: Al maestro, con cariño, por Claudia Hilb
Portantiero: Al maestro, con cariño
Portantiero encarnó al intelectual comprometido del último medio siglo argentino. Aquí, los entretelones del libro homenaje "El político y el científico" y algunas de sus ideas en primera persona.
Por Claudia Hilb
La figura de Juan Carlos Portantiero representa como pocas el recorrido del intelectual de izquierda en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX, del intelectual público de alto prestigio académico e irrenunciable compromiso político. Autor de textos ya clásicos de la sociología y el pensamiento político argentinos, desde el pionero Estudio sobre los orígenes del peronismo, escrito en colaboración con Miguel Murmis, o los escritos sobre Gramsci, hasta sus trabajos sobre la transición democrática o el Partido Socialista, en los años 80 y 90, Portantiero fue al mismo tiempo uno de los inspiradores principales de algunas de las más influyentes aventuras político-intelectuales desde 1960 en nuestro país.
Animador, junto con José Aricó y otros, de la Revista Pasado y Presente –que derivó en la expulsión de sus inspiradores del Partido Comunista–, actor imprescindible de los foros en que, ya en el exilio mexicano tras el golpe de 1976 tantos intelectuales emprendieron la reinterrogación de su práctica y sus creencias políticas anteriores –la revista Controversia, la Mesa de discusión socialista–, socio fundador del Club de Cultura Socialista y de la revista La Ciudad Futura, Portantiero fue además integrante del grupo de intelectuales que colaboraron con Raúl Alfonsín durante su presidencia, y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA durante dos períodos, de 1990 a 1994 y de 1994 a 1998.
En octubre de 2007 Federico Schuster, decano de la Facultad de Ciencias Sociales, me propuso organizar un libro colectivo de homenaje a Portantiero, fallecido pocos meses antes, a quien me ligaba una relación de admiración y afecto. Un libro, me dijo entonces Federico, y yo convine, claro, es la mejor manera de honrar a quien hizo de la circulación del pensamiento su forma de intervención privilegiada. Ambos coincidimos también en que ese libro no debía ser un objeto meramente conmemoratorio; nos propusimos hacer un libro consistente, de pensamiento, que hasta donde fuéramos capaces de organizarlo, honrara a Portantiero en su terreno, el de la intervención intelectual.
El primer criterio que guió la organización del volumen fue el de convocar a intelectuales que, a través de su vida personal y profesional, hubieran mantenido, de una u otra manera, un diálogo con Portantiero, cuyas preocupaciones hubieran intersectado las propias preocupaciones de Portantiero. Nos propusimos también que esa intersección involucrara a diferentes generaciones: a sus compañeros de aventuras de pensamiento, a sus pares, pero también a intelectuales más jóvenes, ya fuera a quiénes podían verse como sus discípulos, o a quiénes podrían haberse nutrido en sus propias búsquedas por el diálogo con el Portantiero maduro, ya regresado del exilio mexicano. Y quisimos asimismo que estuvieran presentes las voces que, desde otras latitudes, habían compartido con Portantiero la revisión de antiguas certezas y la búsqueda de nuevas preguntas.
Convocamos a los autores a participar del libro con la invitación de que lo hicieran desde sus propios temas de interés, proponiendo como única orientación que contribuyeran desde el sitio en que cada uno entendiera que se producía una intersección entre sus propias preocupaciones y los temas que habían orientado a Portantiero durante su vida. No les solicitamos que sus textos hablaran de ni sobre Portantiero, sino que les propusimos hacer un libro que prolongara, del modo en que cada uno lo considerara más deseable, la conversación tácita o explícita que cada cual había, a su manera, en su propia actividad intelectual, entablado con Portantiero.
La respuesta de los autores, me atrevo a decir, estuvo a la altura de nuestra expectativa, y de lo que el prestigio de sus nombres auguraba: quien lea el libro –o quien, sin más, recorra el índice– podrá observar que de las contribuciones surge, no por azar, un mapa de los cruces de caminos entre sus voces y la voz de Portantiero; estos cruces nos conducen por el sendero de la tradición socialista (Juan Carlos Torre, Roberto Gargarella), de la relación de la tradición comunista con la democracia (Giuseppe Vacca), de las reflexiones sobre el peronismo y la política (Pablo Gerchunoff) o de la relación del intelectual y lo político (Hugo Quiroga, Ludolfo Paramio); estas intersecciones de preocupaciones e intereses nos embarcan asimismo por el camino de la experiencia política en la Argentina de los 60 y de su reinterrogación ulterior (Horacio Crespo, Ricardo Martínez Mazzola), y nos invitan a la reflexión sobre las categorías con que pensamos la política, la latinoamericana y argentina (Emilio de Ipola), y también en el mundo global (Giacomo Marramao).
El resultado es una hoja de ruta de los asuntos de interés común en los que encarnó, en la segunda mitad del siglo XX en Argentina, la figura del intelectual público. De ese intelectual del que Juan Carlos Portantiero fue, una vez más, uno de los ejemplos más notables. Es esa figura ya casi extinta entre nosotros, del académico reconocido y del intelectual comprometido, que hemos por fin querido honrar en el título del libro: El político y el científico alude sin disimulos a la extraña traducción al español de dos extraordinarias conferencias de Max Weber, que malamente aunque con mayor literalidad podrían restituirse en castellano como La Ciencia y la política como profesión/vocación. Sólo a Portantiero, entendimos, podía caberle el honor de que esa alusión deliberada a Max Weber no resultara desmedida, de que ese guiño metonímico –Portantiero, Weber, el político, el científico– invitara, por prepotencia de prestigio bien ganado, a la adhesión cómplice del lector.
Portantiero Básico
Buenos Aires, 1934-2007.
Sociólogo, politólogo.
Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Profesor Emérito de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad, Portantiero fue decano de esa facultad entre 1990 y 1998. Escribió libros clave para entender la política argentina, entre ellos Estudios de los orígenes del peronismo (con Miguel Murmis). Exiliado en México desde 1976, dirigió la revista Controversia. De regreso, fue asesor del ex presidente Alfonsín y junto a José Aricó fundó el Club de Cultura Socialista y la revista La Ciudad Futura.
Revista Ñ. 12 de septiembre de 2009
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Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina
