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Virginia Woolf: El viaje a través del espejo. Por Ruben H. Rios
Virginia Woolf: El viaje a través del espejo
Por Ruben H. Rios
En su tercer intento de suicidio, el 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf se arroja al río Ouse, en Lewes, al este del condado de Sussex, con los bolsillos de su abrigo cargados de piedras. Como parte de la decisión, escribe dos cartas de despedida –una para la hermana y otra para el marido–, en las que explica los padecimientos psíquicos y anímicos de su enfermedad (manía depresiva o bipolaridad) y el temor a una nueva hospitalización. Deja también, lo que es más importante, una amplia obra compuesta de relatos, novelas, ensayos, textos autobiográficos, diarios, biografías, crónicas de viajes y escritos diversos. Algunos de sus libros ya son clásicos de la historia del feminismo –como Una habitación propia (A Room of One’s Own, 1929) y Tres guineas (Three Guineas, 1938) o la correspondencia y los diarios –publicados póstumamente–, pero otros forman parte de la constelación más radiante del alto modernismo que surge en el período de entreguerras y cuyo ascendiente quizá todavía no ha concluido.
En una palabra, el nombre de esta escritora aluvional figura junto al de Joyce, Eliot, Faulkner, Kafka, Musil, Proust, Pound, Beckett o William Burroughs como exponentes de ese gran movimiento cultural que renueva la literatura en el siglo XX y que, por diversas razones, quizá a partir de Apocalípticos e integrados (1964) de Eco y más aún con la transnacionalización de las editoriales, ha sido fosilizado.
Se trata de una larga historia y, en los comienzos, Virginia Woolf es una de las protagonistas. Adeline Virginia Stephen, tal el nombre de soltera, nace en 1882, en una familia perteneciente a los círculos literarios londinenses. Su padre, sir Leslie Stephen, reconocido editor y crítico literario, filósofo e historiador, y gran alpinista, cultiva la amistad de varios escritores destacados de la época. Suelen visitar el domicilio de los Stephen, ubicado en Kensington, el poeta Alfred Tennyson, Thomas Hardy y Henry James.
La familia se compone de seis hijos cuando nace Virginia. Tres son del primer matrimonio de su madre, Julia Duckworth, y una de su padre. El matrimonio tiene dos hijos más propios. La educación de Virginia está a cargo de tutores privados. Luego del fallecimiento del padre en 1905 (la madre muere en 1895), y tras el primer intento de suicidio, se muda con su hermana Vanessa y los hermanastros George y Gerald Duckworth a una casa del barrio londinense de Bloomsbury, que pronto se convierte en lugar de reunión de intelectuales y antiguos compañeros de universidad de los Duckworth (al parecer, durante este período, tanto ella como su hermana sufren abusos sexuales por parte de los medio hermanos.)
El Grupo de Bloomsbury se establece como una elite de ideas heterodoxas y, con el tiempo, de gravitación no menor en la cultura occidental de entreguerras. En 1910 adquiere cierta notoriedad pública cuando algunos miembros (entre ellos, Virginia) a moda de burla violan, disfrazados de una comitiva de la corte real de Abisina, las medidas seguridad de la marina británica e ingresan a bordo del modernísimo buque de guerra H.M.S. Dreadnought.
En su mayoría, los allegados al círculo de Bloomsbury proceden del Trinity College de Cambridge o del King’s College de Londres. Lo integran, entre otros, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, el economista John Maynard Keynes, los críticos de arte Roger Fry y Clive Bell, el sinólogo Arthur Waley, el escritor e historiador Gerald Brenan, el biógrafo Lytton Strachey, el crítico literario Desmond MacCarthy, las escritoras Katherine Mansfield y Woolf, el novelista y ensayista E.M. Forster y los pintores Dora Carrington, Vanessa Bell (la hermana de Virginia casada con Clive Bell) y Duncan Grant. También participa el economista, historiador y ensayista Leonard Woolf, quien se casa con Virginia en 1912. En 1917 el matrimonio funda la editorial The Hogarth Press, donde se publican la mayoría de los libros de Virginia, además de otros autores como Eliot, Mansfield o Freud.
En 1904, Virginia empieza a escribir regularmente artículos y críticas para The Guardian, y en 1905 para The Times Literary Supplement. A finales de ese año, imparte clases de literatura e historia inglesa en el Morley College (un instituto para la clase trabajadora) hasta 1907. Por esos años comienza a publicar relatos cortos en revistas como The Forum, Harper’s Bazaar, The Athenaeum y Harper’s Monthly.
Su primera novela, Fin de viaje (The Voyage Out), se publica en 1915 en la editorial de su medio hermano Gerald Duckwort. En esta ficción satírica, Rachel Vinrace se embarca para Sudamérica y a un viaje de descubrimiento interior. En ella aparece Clarissa Dalloway, el personaje central de la cuarta novela de Woolf, La señora Dalloway (Mrs. Dalloway, 1925). En 1919, la editorial de Duckwort publica Noche y día (Night and Day), segunda novela de Woolf. Hay cuatro personajes principales (Katharine Hilbery, Mary Datchet, Ralph Denham y William Rodney) a los que el relato vuelve continuamente, en una especie de contrapunto entre sus vidas cotidianas en el Londres eduardiano. En ella se trata de temas como el sufragio femenino, el amor y el matrimonio en un sentido crítico. Estas primeras dos novelas no abandonan las formas narrativas convencionales, si bien se percibe una tendencia a romper con el sometimiento de los personajes y acciones a la trama central de la novela y cierto acento poético en las descripciones.
En el mismo año de su segunda novela, sin embargo, Virginia publica dos libros fundamentales para el rumbo posterior de su obra: el volumen de cuentos Los jardines de Kew (Kew Gardens) y los ensayos de La ficción moderna (Modern Fiction). Publicado por Hogarth Press, en una edición de tiraje limitado, con grabados en madera hechos por Vanessa, Los jardines de Kew supone un conjunto de textos fundacionales en la obra de Virginia. Allí aparece su escritura del detalle, la disgregación del relato, el estilo poético, la fragmentación de la trivialidad cotidiana, un jardín de flores carnosas, insectos y caracoles, y ecos de conversaciones, palabras sueltas, recuerdos de objetos perdidos, el monólogo de un demente. Por otro lado, en Modern Fiction se elogia la literatura de Joyce, que por entonces ha publicado Dublineses (1914) y Retrato del artista adolescente (1916), y desde 1918 viene publicando el Ulises de modo seriado en la revista estadounidense The Little Review. La novedosa escritura de Virginia se presenta también en la colección de relatos breves Monday or Tuesday (1921). Estas narraciones y ensayos forman el umbral de una de las cimas de la reforma de la novela contemporánea.
En El cuarto de Jacob (Jacob’s Room, 1922), La señora Dalloway, Al faro (To the Lighthouse, 1927) y Las olas (The Waves, 1931), la energía de la novela se concentra por completo en el flujo de conciencia o monólogo interior de los personajes, lo cual no es un suceso inédito. Antes que Joyce o Virginia, el escritor simbolista Edouard Dujardin lo emplea en Los laureles están cortados (Les Lauriers sont coupés, 1888), quizá por primera vez. En 1915, con la publicación de Pointed Roofs de Dorothy Richardson (primer tomo de los trece de su gran novela: Pilgramage), la reseña de la escritora inglesa May Sinclair usa el término stream of consciousness, que toma de Principios de psicología (1890) del filósofo pragmatista William James, fijándolo de ahí en más para designar una técnica literaria bastante difundida en las vanguardias, que llega incluso hasta el objetivismo francés de los años 60. Tampoco en las influencias sobre la novelística de Virginia –el concepto de tiempo del filósofo francés Henri Bergson, Proust, Joyce, Dorothy Richardson, Mansfield y James– radica su originalidad, ni tampoco en el debilitamiento de la trama o en la abolición de los personajes tradicionales, sino, más bien, en la destrucción de las estructuras narrativas y los géneros y en el tratamiento poético que pone en crisis las fronteras entre novela y poema.
El cuarto de Jacob se publica en el mismo año que el Ulises (también La tierra baldía de Eliot aparece en 1922) y, a su modo, representa una modernidad tan extremada como la de aquél. La novela carece de una trama precisa y, de manera muy confusa e indirecta, gira alrededor de la biografía de Jacob Flanders –infancia, juventud en la universidad de Cambridge, adultez, viajes a Italia y Grecia y muerte– a partir de las impresiones y percepciones de otros personajes (principalmente mujeres) y del mismo narrador. De hecho, en esta novela el lugar del personaje central está vacío y la realidad se agota en una secuencia incesante de sensaciones y recuerdos. En La señora Dalloway, de manera semejante al Ulises, la narración a través del stream of consciousness abarca sólo algunas horas. Construida con dos pequeñas historias escritas anteriormente (La señora Dalloway en Bond Street de 1923 y la inconclusa El primer ministro), la novela consiste en los preparativos de Clarissa Dalloway para una fiesta que dará esa noche y en constantes flashbacks que se mueven hacia atrás y adelante en el tiempo.
La autobiográfica Al faro ha sido canonizada como un emblema del alto modernismo. La novela discurre en dos días separados por diez años, y narra las visitas de vacaciones que realiza la familia Ramsay a unas islas de Escocia entre 1910 y 1920, y las reflexiones y observaciones que despierta una excursión en barca a un faro cercano y las diversas fabulaciones conectadas con esto. La trama es mínima y los diálogos muy escasos dentro de un flujo de monólogos interiores, perspectivas múltiples y juegos con el tiempo, donde quince años transcurren en pocas líneas y los minutos se demoran prolongadamente a través frases sinuosas y de diversos motivos, como la infancia, la creación artística, la muerte y el problema de la percepción.
Es cierto que Las olas no cuenta con el favor de la crítica, pero en ella Virginia alcanza la dimensión frágil y poco explorada de la novela poética. Las seis figuras protagonistas –Bernard, Susan, Rhoda, Neville, Jinny y Louis– se reducen a flujos de conciencia que a veces se entrecruzan en coloquios, reales o irreales. Hay un séptimo personaje, Percival, de quien todos hablan y que nunca habla. Como en El cuarto de Jacob, nada se sabe del aspecto físico de estos personajes, de cómo viven o visten, ni en qué trama definida se hallan envueltos. Cada capítulo de esta novela coral incluye, como interludios que interrumpen los soliloquios, la descripción puntillosa de un paisaje costero, siempre el mismo, que varía de color y de apariencia conforme a la hora del día o de la noche. Los monólogos expresan sentimientos de desamparo, soledad, de incomprensión ante la realidad que viven, yendo y viniendo en un movimiento incesante, igual que las olas que llegan y se retiran de la orilla de una playa.
Los desplazamientos de las fronteras de los géneros que realiza Virginia se muestran todavía más claramente en Orlando: una biografía (Orlando: A Biography, 1928), Flush: una biografía (Flush: A Biography, 1933), y en su último libro, Roger Fry: una biografía (Roger Fry: A Biography, 1940).
Originalmente concebidas como biografías, hoy se consideran novelas. En especial la primera, llevada al cine por la directora Sally Potter en 1992 e inspirada en parte en la vida de la escritora Vita Sackville-West, esposa de un miembro del Grupo de Bloomsbury y amante de Virginia durante los años 20. La biografía novelada Flush es una amena narración de la vida de Elizabeth Barrett Browning y Robert Browning (creador del “monólogo dramático” de influencia en Pound y Eliot) a través de la perspectiva de su perro Flush, pero Orlando despliega más de 350 años de la historia y de la cultura inglesas, del período isabelino hasta al primer cuarto del siglo XX, que sólo equivale a veinte años de la vida fisiológica del protagonista –al principio un adolescente–, mientras se transforma en mujer. Este texto, a la vez que es una parodia de las biografías clásicas, congrega una serie de géneros: la lírica romántica, el poema caballeresco, la novela victoriana y el ensayo.
Los años (The Years, 1937) y Entre actos (Between the Acts, 1941), la novena y última novela de Virginia, publicada poco después del suicidio, señalan el declive de la autora y de su salud. Algunos destellos de su genio novelístico y de su sensibilidad poética sobreviven al hundimiento psíquico, pero el conjunto está por debajo de las rupturas formales de sus grandes obras. Dieciocho días después del 28 de marzo de 1941, el cuerpo sin vida de Virginia Woolf emerge a la superficie del río Ouse, ante la vista de unos niños que juegan en las orillas. Sus cenizas se esparcen en el jardín de su casa de Lewes.
Crónica de una enfermedad
Los colapsos y crisis depresivas, episodios delirantes y desmayos, intentos de suicidio e internaciones de Virginia Woolf comienzan luego de la muerte de su madre, a los trece años, y dos años después con la muerte de su hermana Stella. En 1904, al morir de cáncer su padre, sir Leslie Stephen, se desata nuevamente una crisis (más severa que las anteriores) e intenta suicidarse arrojándose por la ventana. Es internada por primera vez en un sanatorio. Por esa época, escucha pájaros que cantan en griego y ve al rey Eduardo VII espiándola.
La cuarta crisis se produce en 1910, por la cual permanece acostada durante el verano por prescripción médica y reingresa a la clínica de reposo. El período más grave de la enfermedad ocurre entre 1912 y 1915. Durante estos años, es internada varias veces. En julio de 1913 su estado empeora. El 9 de septiembre del mismo año, ante la posibilidad de otra internación, intenta suicidarse ingiriendo una dosis mortífera de Veronal. La presencia fortuita de un médico en la casa impide su muerte. Entre marzo y agosto de 1914, queda bajo cuidado y vigilancia de dos enfermeras debido a sus oscilaciones de ánimo y eventualidad de suicidio. Luego de un violento colapso, en 1915 la internan contra su voluntad. A partir de la publicación de su primera novela, Fin de viaje, (1915), aunque no sin altibajos y visiones (en 1924 escucha voces de muertos), su salud se restablece hasta 1936. Las crisis depresivas incluyen ideas recurrentes de suicidio, pánico a la soledad, sentimientos de desamparo y de culpa, pérdida del apetito, jaquecas, insomnio, imposibilidad de concentrarse en la lectura y escritura, etc. En el ensayo Estar enfermo (On being ill), publicado en 1926 en The Criterium, la revista de T. S. Eliot, además de tematizar la opresión económica y sexual de las mujeres, Virginia critica la forma en que los médicos tratan la depresión y la locura. Estar enfermo combina de un solo golpe la autobiografía, la sátira social y el análisis literario.
Perfil. 27 de marzo de 2011
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Comentarios
Muy buen articulo. Muy completo .
Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina
