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James Joyce: Retrato del artista de vanguardia. Por Rubén H. Ríos
James Joyce: Retrato del artista de vanguardia
A poco de cumplirse setenta años de su muerte, James Joyce es una de las figuras fundamentales y más inextricables de la literatura del siglo XX. Autor de una obra inevitable y de otra serie de obras menores, algunos relatos inolvidables y una larga novela intraducible, su nombre marca el comienzo y el fin de las vanguardias.
Por Rubén H. Ríos
Tras una vida marcada por la falta de dinero, el exilio, la enemistad con la religión católica, la pérdida gradual de la visión, la esquizofrenia de su hija y una época muy especial de la cultura y la literatura occidentales, James Joyce muere el 13 de enero de 1941 en Zurich, casi ciego, después de una operación de urgencia a causa de una úlcera de duodeno perforada. Su última novela, Finnegans Wake (1939), que narra la muerte y resurrección de un aficionado al whisky irlandés a través de un flujo enmarañado de lenguaje, publicada por la prestigiosa Faber & Faber a instancias de su amigo T.S. Eliot (directivo de la editorial por entonces), también marca algo más: el fin del brillante ciclo narrativo de Joyce, emprendido desde Dublineses (1914), con un inesperado fracaso. La novela, a medida que se publican fragmentos con el título de Work in progress en distintas revistas –por ejemplo en The Criterion, dirigida por Eliot–, no despierta buenos comentarios, y aún hoy, a pesar de opiniones críticas favorables, se tiene por una obra poco menos que ininteligible, disparatada e intraducible.
Es evidente que la reacción ante esta novela del círculo más cercano a Joyce señala el agotamiento de la experiencia histórica de las vanguardias surgidas en Europa en las primeras décadas del siglo XX. El Finnegans representa la clausura y el rebasamiento de ese movimiento de renovación estética en el campo de la novela, cuyo sentido en gran medida se ha perdido (ya que no se trata de “experimentalismo”) y, a la vez, no es más que la necesaria secuela del libro que por diferentes motivos hace famoso al autor: Ulises (1922), una obra emergida de fuentes clásicas y técnicas narrativas bastante conocidas.
Como Eliot o Pound, Joyce se propone renovar la tradición. Con todo, hasta ese año en que publica Ulises, ha dado a conocer narraciones poco originales y que, en última instancia, como el Ulises, reflejan la formación clásica de un joven irlandés de clase media impregnado de literatura.
Sus lecturas de juventud –Tomás de Aquino, Dickens, Walter Scott, Jonathan Swift, Laurence Sterne, Byron, Rimbaud, William Blake, Thomas Hardy, Lewis Carroll– son la clave para entender la literatura de Joyce, Finnegans incluido. Desde ya, el simbolismo de Blake no ejerce una influencia menor, como la sátira social de Swift o los juegos de palabras de Carroll, pero quizá nada comparable a la de Sterne. Cuando en 1903, después de graduarse, se instala en París con la idea de estudiar medicina (otro interés que se expresa en el Ulises), la que abandona ante la falta de recursos económicos, Joyce ya cuenta con todos los elementos para componer su narrativa. Al parecer, en 1904, trata de publicar un relato con elementos ensayísticos sobre estética y al no conseguirlo lo convierte en una novela que titula Stephen el héroe, donde utiliza por primera vez el “flujo de conciencia” y que se considera el antecedente de Retrato del artista adolescente, título que repite el del texto que quiere publicar en 1904.
En cualquier caso, a partir de ese año, las cosas se le complican debido a la falta de dinero, que lo obliga a buscar trabajo como profesor de inglés y escritor de artículos periodísticos, mientras se manifiestan los primeros síntomas de la enfermedad en los ojos. Además, en 1904, al volver a Dublín, conoce a Nora Barnacle, una joven campesina de Galway que trabaja como camarera en el hotel Finn’s y con la que convive toda su vida sin unirse en matrimonio hasta 1931. La primera cita se realiza el 16 de junio de 1904, fecha en que transcurre el Ulises en su totalidad ya que, como es sabido, la novela describe un día en la vida del dublinés judío Leopold Bloom. Por razones laborales, y luego de una serie de contrariedades y penurias económicas en varias ciudades, Joyce y Nora se radican en Trieste en 1905, a orillas del mar Adriático, donde nacen sus dos hijos. A pesar de todo, en 1907 concibe el Ulises, empieza a escribir el Retrato... y aparece su primer libro, Música de cámara –poemas influenciados por la poesía lírica isabelina y los líricos ingleses de finales del siglo XIX– y se le declara iritis, una severa dolencia ocular.
En Trieste, donde ejerce como profesor de la Berlitz, Joyce escribe Dublineses por encargo de una revista de granjeros, The Irish Homestead, pero el director rechaza los cuentos. En ellos se narran episodios de la infancia y la adolescencia, de la familia y la vida cotidiana de Dublín de modo crítico y a través de una mezcolanza de costumbrismo y simbolismo. El libro se compone de relatos convencionales que se modifican de a poco, hasta que en el último cuento, Los muertos, el lenguaje se transforma por completo. Para publicar este libro, Joyce vuelve varias veces a Dublín, sin conseguir editor. Finalmente, por mediación de Pound, consigue que un editor londinense lo publique, pero se venden pocos ejemplares. También en ese mismo año comienza a publicarse por entregas, en la revista The Egoist, el Retrato.... Esta irónica novela, de base autobiográfica, cuenta en cinco episodios los avatares del joven Stephen Dedalus (álter ego de Joyce) en una sociedad burguesa y católica (la de Dublín) empleando el “flujo de conciencia” y la tercera persona. En ella ya aparece la mixtura de estilos del Ulises en coincidencia con las sucesivas etapas de la vida de Dedalus, desde los balbuceos de bebé hasta el período universitario que cierra la historia. En 1916, se publica la primera edición norteamericana de Dublineses.
Durante la Primera Guerra Mundial, los Joyce sobreviven pobremente en Zurich y Locarno (Suiza) con la ayuda de Pound, Yeats, H.G. Wells (declarado admirador de Joyce en 1915) y Harriet Shaw Weaver. En 1917, se le agravan los problemas de la iritis y se le forma glaucoma. En 1918, sin embargo, se inicia una buena racha para Joyce: funda en Zurich una compañía teatral con un actor inglés, escribe el drama Exiliados y comienza a publicarse el Ulises de forma seriada en la revista estadounidense de vanguardia The Little Review, en Chicago, lo cual prepara su futura fama mundial. En primer lugar porque, en los tres años siguientes, la novela es censurada por obscenidad en Estados Unidos y, en segundo lugar, porque los capítulos del Ulises que logran evadir la censura provocan la admiración de los círculos literarios asociados a la vanguardia. A mediados de 1920, Joyce es invitado a París por Pound y se queda los veinte años siguientes, con su familia, llevando a la par una vida bohemia. Allí conoce a Sylvia Beach, propietaria de la librería Shakespeare & Co (allí se reúnen Pound, Hemingway, Scott Fitzgerald, Djuna Barnes, Paul Valéry, André Gide y otros), quien en 1922 publica el Ulises en una edición en libro, de inmediato prohibida en los países de lengua inglesa hasta 1934.
Ulises empieza donde termina el Retrato... y, en términos generales, es una inversión irónica de La Odisea en la que Joyce exacerba la técnica del “flujo de conciencia” y la combina con técnicas de mimesis oral y parodia de los estilos literarios. Cada uno de los 18 capítulos se ajusta con relación a un significado, corresponde a un episodio de La Odisea, a un arte o una ciencia, a un símbolo determinado, representa un órgano del cuerpo humano, tiene un color propio, una técnica estilística propia y la acción sucede en una hora específica del día. El texto se ordena en tres grandes partes: la primera (Telemaquiada) relata las diligencias matutinas de Dedalus, la segunda (Andanzas de Odiseo) narra las peripecias de Bloom desde que abandona la casa en Eccles Street (a la que no quiere volver porque sabe que su mujer, Molly, le está siendo infiel) hasta una larga y detallada travesía por las calles de Dublín, la tercera (Nostos o El regreso a Itaca) consiste en el regreso de Bloom a su casa. A través de este laberinto, Joyce da forma a un crescendo que culmina en las impresionantes escenas de Mabbot Street y del prostíbulo de Bella Cohen. El “flujo de conciencia” llega al clímax con el monólogo final de Molly, escrito sin puntos ni comas. Introduce, además, numerosas palabras extranjeras (y a veces forma derivados), amontona significados distintos en una misma frase, emplea la antigua lengua irlandesa, argots, onomatopeyas, citas literarias, trozos de óperas, canciones, chistes y juegos de palabras, vocablos teológicos y científicos. En una palabra, Ulises prefigura su próxima obra.
En 1923, Joyce comienza en París el Finnegans, rentado por Harriet. En 1927, se publica Pomes Penyeach. En los primeros años, Joyce avanza en su nuevo libro, pero a partir de 1930 el trabajo se hace más lento debido a la intranquilidad que le provoca la esquizofrenia de su hija, Lucia, y a sus problemas con la vista, cada vez más graves. En 1939, por fin se publica el Finnegans Wake, un texto excepcional, una especie de delirio polisémico lúcido (por ejemplo, wake significa tanto velorio como vigilia y también estela o la preposición “tras”) y, para algunos, en relación de mimesis con la enfermedad de su hija, internada definitivamente en 1936. El título se refiere, no sin humor, a una popular balada irlandesa de mediados del siglo XIX, que relata la caída del albañil Tim Finnegan de un andamio y el velatorio, porque sus compañeros lo creen muerto, durante el cual un poco de whisky (el celta: uisge beatha, “agua de la vida”) cae en la boca de Finnegan y lo revive.
La novela acontece en un suburbio de Dublín, en la taberna Finnegans Wake, y narra el laberíntico sueño del tabernero Porter (también llamado Humphrey Chimpden Earwicker e innumerables variantes a partir de las siglas HCE) que se mezcla –entre otros personajes oníricos, históricos y míticos– con los sueños de su mujer, Anna Livia Plurabelle, y de los dos hijos varones y la hija, de quien el tabernero está enamorado. Comienza con una frase que se completa al final del libro a través de una estructura circular, que culmina con el despertar del soñador, en la que discurre un “flujo de conciencia” caótico, construido de complejos juegos de palabras urdidos en numerosos idiomas e idiolectos (se calcula no menos de sesenta) y de vocablos desconocidos, parónimos, deformaciones del inglés, formas sintácticas nuevas, expresiones insólitas (la más célebre es Three Quarks for Muster Mark, origen del nombre de una de las partículas físicas más raras, el quark) y una espesa acumulación y superposición de símbolos. Es decir, el Finnegans explora el lenguaje críptico de los sueños.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Joyce se traslada de nuevo a Zurich, donde muere a los 59 años. Gran parte de sus papeles se conservan en el Harry Ransom Center, de la Universidad de Texas, e incluye manuscritos, correspondencia, proyectos, notas, fragmentos de novela, letras de canciones, partituras musicales, traducciones y poemas humorísticos.
Diario Perfil. 6 de febrero de 2011
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Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina
