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Nicole Krauss: "La literatura es curativa". Por Marina Mariash
Nicole Krauss: "La literatura es curativa"
A los 25 años escribió su primera novela, "Llega un hombre y dice", que ahora se edita en español y que fue elogiada por Philip Roth.
Por Marina Mariash
Recientemente elegida por The New Yorker entre los mejores escritores menores de cuarenta años, Nicole Krauss se encuentra en Israel para el Festival Internacional de Escritores. En ese país tiene además a uno de sus hermanos y su padre ha vivido allí varios años. Krauss, de todos modos, es una de las autoras más relevantes de la escena norteamericana actual, aunque ella prefiere leer libros traducidos y sus lectores traspasan por mucho las fronteras de los Estados Unidos.
- Leí en una entrevista que cuando comenzó a escribir no sabía bien hacia dónde iba la historia, ni tenía muy claro hacia dónde iban los personajes. ¿Es cierto? Las historias que entran en juego en sus novelas parecen encastrar perfectamente.
- Sí, es muy cierto, incluso no puedo imaginarme escribiendo de otro modo. Sé que hay algunos escritores que tienen una clara idea antes de comenzar a escribir y saben exactamente qué tipo de libro quieren escribir, o incluso yo sé, finalmente, acerca de mi historia. Pero cuando yo comienzo mis libros, realmente no tengo nada.
Eso mismo me pasa ahora, cuando estoy terminando una novela que va a ser publicada en el invierno, en los Estados Unidos, que ya es mi tercera novela, y ahora puedo asegurar que ése es el modo en el que yo escribo. Quiero decir, al principio creía que las historias de amor no podían surgir al azar, pero creo que, para mí, el trabajo no está vivo excepto que yo me sienta absolutamente perdida. Defiendo la idea de que cualquier cosa puede suceder: yo no sé lo que puede pasar, se trata de un proceso de descubrimiento. Cuando uno está escribiendo una novela está intentando descubrir algo sobre uno mismo, y quiere entender algo acerca de lo que piensa del mundo, o lo que piensa acerca de ciertas experiencias, y quiere ir muy profundo en las emociones que tuvo para tal vez poder entender. Entonces, ¿cómo podría saber a priori cómo va a ser la historia, lo que va a suceder? Creo que eso es esencial en mi proceso.
- ¿Qué es aquello que encuentra en textos de otros que los hace interesantes? ¿La dinámica, lo sorpresivo, aquello que hace a la literatura en el texto?
- Para mí, lo que hace interesante a la buena literatura son muchas cosas, pero lo primero que me viene a la mente es la idea de que, en algún sentido, uno puede reconocerse a sí mismo, no quién es exactamente, pero sí la esencia de quién es, y eso, al mismo tiempo, nos da un sentido de revelación, una suerte de reconocimiento de la realidad. Poder leer una frase en un párrafo de un libro y sentir "Dios, esto es exactamente lo que yo siento". Siempre sentí eso, no sé, es como sentir, por ejemplo, estar caminando por una calle oscura en la noche, y ver una luz en una ventana. Uno está solo y desearía estar adentro. Y, al mismo tiempo, el libro nos brinda una increíble revelación. Para mí es una extraña combinación.
- ¿Entonces encuentra ese efecto más bien en el nivel del sentido que en el de la forma?
- Bueno, podría pensar sobre esto durante horas, y por supuesto que nunca es una sola cosa. El sentido y la forma están, ambos, siempre, al servicio de su literatura, de sus metas. La buena escritura, o la bella escritura, no aportan realmente nada, no valen en sí mismas. Uno puede decir "qué lindo, qué adorable", pero no suma finalmente nada excepto que esté trabajando al servicio de algo más grande, en pos de una idea mucho más ambiciosa. La buena literatura es diferente en cada caso, es una exploración sobre la humanidad. Para mí, se trata de llegar a lugares a los que es muy difícil llegar, para mí misma, y supongo que finalmente también para los lectores, y no siempre los libros nos llevan a los lugares que usualmente queremos y, al mismo tiempo, nos desesperamos por llegar ahí. Necesitamos, sí, buen lenguaje, formas interesantes, originalidad y todo ese tipo de cosas, pero hay más herramientas para ayudarnos a hacer esta idea más grande.
- Lo que dice suena de alguna manera cercano al psicoanálisis: lleva a lugares adonde uno no quiere llegar pero tal vez necesite alcanzar.
- Sí, lo sé, podría disfrutar más las sesiones de terapia. Adoro leer un buen libro, una buena historia. No es medicinal, quiero decir, no en el sentido de la terapia. A nadie le gusta tener que curarse a uno mismo, o pensar en que tiene problemas. Creo que leer es un increíble medio para curarse a uno mismo. Leyendo una buena historia que te entretiene, donde te perdés en los personajes, te vas de viaje, te reís, llorás, todo al mismo tiempo y, en otros niveles más profundos, si se trata de un muy buen libro, hasta genera renovaciones en tu persona, en quién sos, en abrir puertas que no han sido abiertas por años, o décadas, o desde siempre. Puede ser revelador, pero no es tan doloroso porque no estás siempre consciente.
- ¿Entonces piensa que la literatura, en línea con Boecio, puede brindar cierto consuelo?
- Yo creo que la literatura puede ser curativa. Bueno, tal vez finalmente no cura, tal vez sea una ilusión. Quisiera no creer en que lo sea, pero creo que permite sentir que uno está conectado con otras personas. Pienso que en nuestro mundo, siempre, pero especialmente hoy, hay una gran soledad, un enorme sentimiento de no saber cómo conectarse o conocer a otra gente, de estar algo perdido. Leyendo se genera una profunda relación e intimidad con el escritor y con los personajes y sus vidas, y eso es una suerte de cura. No digo que uno siempre se sienta mejor al finalizar un libro, pero siempre pienso que uno aprende acerca de la empatía, de la compasión, de cómo ser con otras personas.
Y es extraño, porque en general uno está solo cuando lee.
-Empezó escribiendo poesía. Cuando comenzó con la prosa, ¿dejó de escribirla? ¿Sigue siendo lectora de poesía?
- Sí, claro. Por ejemplo, en mi vida entera, cuando era adolescente, y también en la universidad, no podía imaginar tener ninguna otra aspiración que la de ser poeta. No sé qué pasó, excepto que me di cuenta de que tenía algunos problemas con lo que estaba escribiendo y, en el mismo momento, me gradué de la universidad, y tenía que encontrar un empleo y hacer dinero. No es que escribir no fuera un camino posible para hacer dinero, pero tenía la sensación de que estaba garabateando poesía, no podía escribir bien. Por alguna razón no podía escribir, necesitaba una nueva libertad, un recreo. Entonces traté de empezar algo nuevo, a escribir novelas, tal vez algo más serio. Y me di cuenta de que amo escribir novelas, encuentro una increíble libertad en eso.
-Y le fue bien.
-¡Sí! Fue muy rápido, fue como un shock. Amo escribir novelas, encuentro una increíble libertad en la forma. Me di cuenta de que cuando estás escribiendo una novela no tenés una forma de referencia, tenés que inventártela todo el tiempo, y luego reinventarla: qué significa escribir una novela, qué hay antes. De algún modo es extraño, todo el tiempo volvés a comenzar, y todo es posible, creo que hay muy pocas reglas para escribir novelas, tal vez ninguna, y es realmente excitante, y me sentí muy cómoda con todo esto, con cierta libertad caótica que tenés al escribir una novela. Nunca pensé en que iba a dejar de escribir poesía, pero hace ya diez años que no lo hago.
Escribí mi primera novela a los 25 años y ahora tengo 35. Aún estoy sorprendida por eso, pero es que soy una especie de adicta a las novelas.
-Durante años la crítica se ha enc argado de decir que las escritoras mujeres suelen explorar, principalmente, la vida íntima, doméstica, las emociones, las relaciones familiares, mientras que los hombres salen al mundo y escriben sobre la vida política, el mundo exterior. ¿Cómo se siente respecto a este tipo de clasificaciones?
-Siento una especie de alergia a clasificaciones como ésas, o a cualquier tipo de clasificación, porque, de nuevo, volviendo a la idea de la libertad, para mí eso es una de las cosas más importantes para los escritores. Yo tengo total libertad para escribir cualquier cosa, ningún tipo de expectativa importa cuando me siento a escribir. Entiendo a qué te referís, y por supuesto que hay muchas mujeres escribiendo acerca del mundo íntimo, pero hay increíbles escritores hombres escribiendo también sobre el mundo íntimo, en Estados Unidos y en el mundo entero, claro. Pero no sé si uno puede prosperar con eso; quiero decir: no creo que puedas escribir tanto acerca del mundo interior si no salís a explorar el mundo exterior, y a pensar en cómo funciona el mundo. La gente simplifica las cosas dividiendo, piensa que los libros son o intelectuales o emocionales, y lo cierto es que no podés pensar sin sentir, y no podés sentir sin pensar.
-Uno de los personajes de su primera novela pierde la memoria. ¿La pérdida de la memoria es uno de los temas que la obsesionan?
-Cuando estás escribiendo, vas descubriendo las cosas que te obsesionan, realmente yo no sé cuál es hasta que no empiezo a trabajar, y de pronto descubro acerca de qué estoy escribiendo y ya no puedo escapar de eso, y sigo pensando en torno a ese tema. Claro que la memoria es un tema, pero es más que eso. La memoria es un tema demasiado amplio; creo que me fascina el hecho de pensar qué pasa con las personas cuando pierden algo importante, una pérdida trágica, y cómo pueden lidiar con eso, cómo pueden seguir adelante con sus vidas. Mi primer libro (Llega un hombre y dice) es sobre alguien que tiene que comenzar una segunda vida; es tremendo, él está obviamente perdido. El segundo libro (La historia del amor) es, en varios sentidos, sobre esto también, un viejo hombre sobreviviente del Holocausto que tiene una imaginación increíble. Para él, el modo de sobrevivir es inventando a su mejor amigo, que lo trae de regreso a la vida; lo lleva a su vecindario, que no existe realmente.
Hay una mujer a quien él ama y sobrevive gracias ella. Ella no lo ama, y luego además se muda, pero no es lo importante. Yo estuve pensando mucho en torno a esta idea, claro que en cada libro pensé en diferentes sentidos, pero incluso en el nuevo libro, el que está por salir.
-¿"Great House"? ¿De qué se trata?
-De muchas cosas. Son cuatro historias diferentes, cuatro voces, que suceden en distintas partes del mundo. Un hombre en Israel hablándole a su hijo, otro en Inglaterra hablando acerca de su esposa, de la que descubre un secreto luego de cincuenta años de matrimonio, un escritor americano... Bueno, es muy complicado describir este libro, pero, otra vez, está la misma idea acerca de la carga de la herencia.
En un sentido estoy hablando de la herencia física, pero, por sobre todo, de la herencia emocional.
Me preocupa mucho el tema de la herencia. Ese es el tema central de esta nueva novela, la carga de la herencia. No sólo hacia atrás en el tiempo, las cargas que heredamos de nuestros antepasados, sino de cómo lidiamos con las cargas que les pasamos a nuestros hijos, con nuestras tristezas o nuestras angustias.
-¿Cuáles diría que son los escritores norteamericanos qué influyeron en su escritura?
-Definitivamente, Saul Bellow, de quien amo sus libros. Y en cierto grado también Phillip Roth: sigo releyendo su obra.
Creo que esos dos fueron los más importantes para mí. Pero la mayoría de los libros que leo son traducciones, me encanta leer a escritores sudamericanos, alemanes, israelíes. No leo muchos escritores norteamericanos.
Entonces puedo nombrarte otros que me encantan, como Roberto Bolaño, lo vengo leyendo desde hace años, estoy totalmente loca por él. O un escritor israelí, David Grossman, que también me gusta mucho. W.G. Sebald creo que es increíble, y también Richard Yates. Aunque probablemente Samuel Beckett sea una de mis mayores influencias.
-¿Y escritoras mujeres?
-No sé, es más difícil, hay una escritora alemana que me encanta, es muy inteligente; su nombre es Jenny Erpenbeck, no sé si estará traducida al español, o tal vez sí, porque su último libro es sobre Argentina, es la historia de una chica hija de desaparecidos, que fue expropiada. Es realmente maravillosa.
-¿Conoce algún escritor argentino?
-Por supuesto me encanta Borges. Pero últimamente estuve leyendo a César Aira. Ahora están traduciendo sus libros al inglés y disfruto mucho leyéndolos. Soy una especie de fan de él.
-¿Puedo hacerle una pregunta sobre política? Supongo que, como muchos, habrá tenido alguna clase de expectativas con el desempeño de Barack Obama en la presidencia. ¿Está, en algún sentido, decepcionada con él?
-No sé si es decepción, creo que en Estados Unidos siempre fue muy difícil que se hagan las cosas, por la gran polarización que tenemos entre los dos grandes partidos que dominan al electorado. Creo que debemos ser pacientes. Generalmente el primer año es difícil para un presidente.
Y hay que aguardar que la gente adquiera confianza en que las cosas se harán bien. Yo creo que ya se han hecho ciertas cosas buenas, sobre todo si pensamos en lo que le tocó heredar.
-Tal vez como judía que conoce de cerca la situación en Israel pueda decir algo de lo que piensa acerca de la política estadounidense con respecto a Medio Oriente.
-Bueno, esto da para una conversación mucho más larga, cualquier cosa que pueda decir sería demasiado corta. Creo que la gente se pone cínica a veces a la hora de hablar de política, y creo que el Israel que yo conozco no es el mismo del que se habla en el resto del mundo, sobre todo en Europa, tal vez más que en los Estados Unidos. Tengo mucho para decir sobre eso, y es tan complicado. Como persona judía, Israel es un lugar que me preocupa mucho, siento un deseo casi irracional de compartir el Israel que yo conozco con las demás personas. Así lo hice con mis hijos, viajando con ellos por primera vez como adulta, ya que había ido antes cuando mi padre vivía allí. Me siento profundamente ligada a este tema, y todo lo que sucede políticamente es muy doloroso.
Revista Ñ. 26 de junio de 2010
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Comentarios
Si este comentario tuviera un título le pondría El Valor del Blog, porque se accede a información de modo más práctico y directo. Aparecen notas que salen en diarios que leo pero no llegué a esa pagina. En este caso de la escritora Krauss no sabía nada de ella aunque sí de sus escritores preferidos. Lo mejor, a mi criterio cuando asocia la lectura a la soledad= compañía. Creo que eso nos sucede siempre a los lectores. Lo discutible: su posición con respecto a Israel. Si bien está por dilucidarse si los pueblos tiene o no qué ver con las decisiones de sus gobiernos, adhiero a que sí tienen que ver. Debate que da para mucho más.
Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina
