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Juan Pablo Renzi: Un artista en sondeo permanente. Por Ana María Battistozzi

Un artista en sondeo permanente
Una muestra recorre décadas del trabajo rupturista y cambiante de Juan Pablo Renzi, un pintor cuya obra nunca dejó de ser profundamente política.
Por Ana María Battistozzi

Interesante desafío depara al espectador la muestra dedicada a Juan Pablo Renzi en el Espacio de la Fundación OSDE. Aproximarse a su obra y pensamiento, desplegados aquí como un calidoscopio de inquietudes múltiples, es una operación que requiere considerar, antes que nada, las mutuas implicancias entre el acontecer político, las ideas sobre el rol que debiera cumplir la práctica artística y la reflexión sobre su propia naturaleza, que fueron moneda corriente entre finales de las décadas del 60 y 80, precisamente el núcleo temporal que abarca la exhibición.

A simple vista, el conjunto podría ser tomado como un catálogo de todos los itinerarios posibles que se plantearon en el arte en aquellos años. Un recorrido que va de la abstracción informal de los primeros 60, al arte conceptual de la segunda mitad de esa década y principios de la siguiente, al hiperrealismo de los 70 y el expresionismo de los 80 con su singular uso de la cita.

La obra de Renzi no es algo que se plantee como conjunto homogéneo porque es muchas cosas a la vez. En ella convergen varias líneas simultáneas: la del pintor que nunca dejará de serlo, la del pensador y la del hombre de acción. Pero un mínimo detenimiento en cada una de estas estaciones revela sin embargo un sustrato reflexivo que ordena a todas y cada una de ellas. Una lógica conceptual que en la obra del artista emergió en 1966 –cuando deja de interesarse por "el impacto visual de la materia y el color" y empieza a reflexionar sobre las cuestiones del espacio y la representación– persistirá hasta su muerte en 1992. Esa dirección reflexiva es algo que Renzi mantendrá de ahí en más y acompañará el retorno a la pintura que realiza en los 70, tras haber tenido un protagonismo fundamental en la serie de acciones que llevó adelante la vanguardia rosarina y el Ciclo de Arte Experimental entre el 65 y el 68, que no sólo cuestionaron la autonomía del arte sino la propia radicalidad de la vanguardia artística que –afirmaban– era neutralizada por las propias instituciones que decían alentarla.

En esta dirección es preciso recordar el tránsito experimental de Renzi al pasar de pinturas de sesgo informalista, del General Mambrú y Una carcajada, de 1966, que constituyen el punto de partida de esta exhibición, a la indagación de signo eminentemente conceptual con objetos rígidos y blandos, líquidos y fluidos solidificados y estructuras de metal destinadas a demarcar espacios vacíos o volúmenes de agua y aire.

En junio de 1968, Renzi escribió el guión de lo que se ha conocido como "el asalto a la conferencia de Romero Brest", y en ese momento el artista definió como "Primera Obra de Arte de Acción". Concebida como una suerte de acción comando destinada a interrumpir la conferencia que el crítico de Buenos Aires dictaba en la sede rosarina de Amigos del Arte, no irrumpió sola en el firmamento de la creciente politización que asumía la experimentación artística en nuestro país. En Buenos Aires, Eduardo Ruano presentó en el Salón Ver y Estimar del mismo año un retrato de John F. Kennedy, que destruyó el día de la inauguración.

Ambos episodios ocurridos en Rosario y Buenos Aires fueron un antecedente de esa gran estrategia de contrainformación que fue Tucumán Arde. Pieza clave del mapa artístico político que templó una situación de creciente radicalización local e internacional en la que se superponían la crisis del proyecto que había iniciado Onganía en el 66 y la extendida oposición que suscitaba la intervención norteamericana en Vietnam. En el interior del campo del arte, la posición asumida por esta vanguardia artística comprometida con la realidad social significó también una clara toma de posición en contra de lo que se consideraba el "experimentalismo institucionalizado" del Instituto Torcuato Di Tella.

En la convicción del imperativo de un cambio revolucionario Juan Pablo Renzi encabezó la ruptura con esa institución que poco tiempo antes los había auspiciado en calidad de grupo de vanguardia. El cambio habría de modificar tanto la materia como la ontología de la obra de arte pero, como la propia exhibición de ahora se hace cargo de mostrar, no se llegó a consumar.

Un capítulo poético de intensidad inusual es el que sigue a la percepción de este fracaso en la vida y la obra de Renzi. Capítulo que se desarrollará por entero con los recursos que le habilitó la pintura como algo que acompañó su pensamiento buena parte de su vida.

Así funcionará como retardo (diría Duchamp) o más bien como paréntesis para un tiempo distinto y una dinámica concentrada que le permitirá una elaboración personal. Después de ocho años de "abstinencia", en octubre de 1976 vuelve a exponer pinturas en la galería Balmaceda de Buenos Aires. En el catálogo que acompaña la muestra confiesa algunos límites propios y alrededor de ella: "Con pretensiones más modestas y a partir del concepto [...] de que la pintura no tiene los alcances totalizadores que yo le adjudicara en mi periodo anterior y descubriendo que en relación a su oficio y lenguaje [...] existen profundidades que es posible todavía sondear".

Su sondeo indagará desde los componentes de la representación y la escena pictórica a la revisión de la propia historia del arte. De allí ese carácter de catálogo general de la modernidad que a primera vista asume su obra de los 80. Muchas de las pinturas de los 70 que integran esta muestra –Nostalgia del Paraná y Silla, de 1976, o La luz de afuera y La puerta blanca, de 1977, entre ellas– son de una melancolía infinita. Inquietantes interiores que desvían la atención hacia afuera y no dejan de denunciar aquel "agujero interior" que fue necesario franquear al acercarse el 82/83.

El interior o el paisaje recorren la obra de Renzi desde Gran interior Rojo, de 1966, y Paisaje, de 1968, a los sucesivos homenajes a Lacámera y esa última reflexión cargada de evocaciones y "pentimentos"que es Fantasía pompeyana de 1992.

Renzi Básico
Casilda, santa Fe, 1940 — Buenos Aires, 1992. Artista plástico
Figura clave de la vanguardia rosarina de los 60 y participante activo de la experiencia de arte político conocida como Tucumán Arde. Estudió pintura en el taller de Juana Grela. Entre 1963 y 1966 realizó sus primeras exposiciones, una serie de grandes telas de una estética afin a la Nueva Figuración que abandona por una producción de signo conceptual. Tras las sucesivas experiencias de arte de acción político retorna en 1976 a la pintura, práctica que mantendrá hasta su muerte.

Creado el 12/12/2009. Etiquetas: Artes visuales

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Comentarios

Creado por haydee norma moure el 10/05/10
visite en osde la muestra del pintor bellisimo sus trabajos,donde se puede comprar libros sobre su obra o la exposicion que hicieron hay un libro me encantaria tenerlo ya que no lo conocia

Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina