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Claude Bussac: "La fotografía ha ganado espontaneidad, pero perdió algo de romanticismo". Por Fabián Bosoer

Claude Bussac: "La fotografía ha ganado espontaneidad, pero perdió algo de romanticismo"
Vivimos inmersos en la cultura visual, se sabe. ¿Podemos procesar todas las imágenes que vemos o fotografiamos casi compulsivamente? El desarrollo tecnológico trajo más creatividad, pero también más banalización.
Por Fabián Bosoer

La fotografía se difunde de múltiples modos y se utiliza para retratar, crear, acompañar, acercar a las personas entre sí y con el mundo, o interponer entre ellas recursos distractivos. También, participa como un género más de las bellas artes, en festivales, exposiciones y muestras que adquieren dimensiones internacionales y multitudinarias. Un ejemplo de ello es PhotoEspaña, el más importante Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales, cuya directora Claude Bussac, conversó con Clarín.

Bussac estuvo pocas semanas atrás en Buenos Aires para participar de la conferencia anual de la Sociedad de Diseñadores de Diarios. Francesa de origen, vive hace más de diez años en Madrid, donde fue Directora de Estudios Artísticos de la Casa de Velázquez y subdirectora del Círculo de Bellas Artes. Actualmente, dirige también el Master en Ingeniería Cultural de la Universidad Europea de Madrid. Bussac, 46 años, es licenciada en Economía Internacional y Europea de la Universidad de París y tiene especialización en Gestión de Instituciones Culturales. En 2005 el Ministerio de Cultura francés la distinguió como "Chevalier de la Orden de las Artes y las Letras". Tomando un poco de distancia, entre tantas fotos, dice: "Estamos en una época de verdadera bulimia de imágenes".

¿Cuál es la fuerza que tiene la fotografía para generar ese atractivo tan especial?

La fotografía tiene la fuerza de una imagen, de un impacto visual. Muchas personas pueden no tener una cultura literaria pero todos tenemos cultura visual. Y vivimos inmersos en ella cada vez más.

¿Cómo afectan a la fotografía la difusión de las tecnologías digitales y el acceso masivo a imágenes en tiempo real?

Pues mucho. Es una herramienta que utilizan los artistas y abre miles de posibilidades de explorar, de investigar, de arriesgarse. Y abre un camino distinto a la relación que tiene la gente con la fotografía. La fotografía es algo muy familiar, íntimo; todo el mundo tiene fotografías familiares en sus álbumes, en su casa.

Ahora ya no las tenemos guardadas en los álbumes sino digitalizadas en la computadora.

Las tenemos en la computadora y eso marca algo importante: el acto fotográfico ha perdido solemnidad. Cuando se hacía una foto familiar, una se peinaba, se ponía su vestido especial; se hacía foto familiar de los abuelos y seguro que estaban todos impecables, como en la comunión o el casamiento. Toda esa ritualidad de la preparación para la foto ya casi no existe: tenemos el teléfono móvil y sacamos instantáneas a cada paso. Quizás la relación de la gente con la fotografía ha perdido ese carácter de acto ceremonial; ganó espontaneidad por cierto y ha perdido ese romanticismo, ese retrato de un momento especial que tenía en otros tiempos. Aunque también creo que, insisto, ha ganado en otros aspectos

¿Qué es lo que tiene el ojo de un fotógrafo que no tenemos el común de los mortales?

Pues lo que tiene el bolígrafo de la persona que sabe escribir, un escritor o un periodista, con respecto de los que no tenemos talento para eso. Creo que cada uno tiene su narración. Es lo fascinante de la fotografía, que no hay una sola manera de narrar. Hay fotógrafos que buscan una instantánea; hay otros que, al contrario, son de esperar, de cazar la imagen, de encontrar el momento. Tal vez sea eso; no es que exista un ojo especial: un fotógrafo tiene innumerable cantidad de ojos posibles...

Una foto ¿es la última o es la primera mirada de un hecho?

No sé si es la primera, pero desde luego no es la última. Una foto nos transmite una manera de recortar un instante y reconstruir a partir de ese instante una historia posible sobre lo que nos muestra. Es realidad e imaginación a la vez.

¿Cualquiera puede ser fotógrafo?

Todos podemos hacer fotografía, pero no todos podemos ser fotógrafos. Si ser fotógrafo es un oficio, como cualquier otro, no podemos ser todos dentistas o mecánicos, aunque sepamos de mecánica. En el caso del fotoperiodista, es un trabajo que necesita mucha experiencia y sabiduría para saber retratar a la gente. Por supuesto que no cualquier persona puede ser fotógrafo, aunque alguna foto pueda salirle bien. En el caso de la fotografía de autor, la fotografía artística, lo central es tener algo que decir.

Ha habido muchos debates a partir de la fotografía digital, un poco pesimistas sobre la imagen y el riesgo de la pérdida de la autoría.

Es una revolución monumental la que estamos viviendo, que es muy difícil de acompañar y pensar al mismo tiempo: Internet, Facebook, Twitter, etc. Como en todas estas revoluciones, lo que es importante es asentar los cambios, intentar tener cada vez más cultura fotográfica y cultura en general para desarrollar una reflexión más crítica.

¿Cuál es la mayor crítica que merece esta cultura de lo hipervisual?

Pues creo que estamos en una época de bulimia de imágenes. Pero no sólo es la obsesión de los jóvenes o los turistas. Hay fotos de todo y de todos. No tengo un juicio acerca de esto, no me arriesgo a decir todavía si está bien o mal. Sí creo que es muy difícil procesar tanta imagen. Como es tan accesible, todo el mundo se ha liberado del acto solemne de la fotografía. Todos tienen un aparato fotográfico, con gran cantidad de fotos que después, a lo mejor, se seleccionan. Pero muchas otras quedan allí guardadas como instantes que no recordaremos. Ese proceso vacante es un misterio, un desperdicio, una desmemoria... No lo sé.

¿Hay cierto empacho o saturación de imágenes, es a eso a lo que se refiere?

No hablaría de indigestión de imágenes. Sería excesivo definirlo así. Yo creo que tenemos más indigestión de mensajes que de imagen. Tenemos también una percepción del mundo muy distinta, diversa, contradictoria a veces. Y una capacidad de emoción que también puede haberse ampliado. Uno va a Machu Picchu y no sé si la emoción es la misma que cuando lo descubrieron y no se había visto ninguna imagen aún. Apenas algunos dibujos. Hoy es muy difícil emocionarse en Nueva York; es una de las ciudades más bellas del mundo, pero cuando uno va es como si ya hubiera estado, dada la cantidad de imágenes que ya ha procesado antes de llegar.

¿Qué pasa con los jóvenes, el fotolog, Facebook? ¿Qué cambios produjo en la fotografía?

Facebook es la banalización de la fotografía: potenciar y no seleccionar. Es lo que yo defino como esta bulimia de imagen. Por eso insisto tanto en el hecho, que no lo veo mal, siempre y cuando vaya acompañado de una cultura general que sepa seleccionar. Creo que al hacerse más espontáneo el acto fotográfico, también puede ocurrir que se haya banalizado. Es lo que vemos con el uso que hacen los jóvenes de la fotografía sin parar. Vas a un concierto y ves todas las cámaras sacando miles de fotos; un personaje famoso y ahí no más rodeado de gente sacando su foto; un partido de fútbol, lo mismo. Creo que esto no está ni mal ni bien. Como en todo, depende del uso que uno le dé y de la capacidad de selección que tenga.

¿Entonces hace falta un aprendizaje para utilizar esa herramienta?

Es lo mismo que ocurre con la televisión. Es maravillosa como invención, pero si estás todo el día delante de ella seguramente terminarás siendo más tonto que si no estuvieras. Todo depende de la capacidad de seleccionar.

La fotografía se masifica, pero también se cotiza cada vez más en el mercado del arte...

Así es, y se hace un circuito muy selecto y muy cotizado. Es la otra cara del mismo fenómeno: se abren nuevos nichos y mientras por un lado se difunde la tecnología visual, hay una mayor presencia de la fotografía en las expresiones artísticas más refinadas. Cada vez es más difícil sorprender. Por eso es tan importante el trabajo del autor: mostrar las cosas de manera distinta.

Susan Sontag escribió que la fotografía se convierte en una épica visual en la medida en que indica lo que merece ser visto. ¿Está de acuerdo con esto?

Sí, la foto participa de esta memoria colectiva que nos permite reconocernos como parte del mundo. A lo mejor no somos concientes de eso, pero tenemos una memoria colectiva que es visual. Tenemos muchas imágenes en la cabeza que nos hacen ver las cosas de manera distinta.

¿Por ejemplo?

Pensemos en Dorothea Lange y su fotografía de la madre con sus niños. Este retrato dice mucho más de la crisis del 30 sólo por la mirada de esta mujer, la visión de su alma. Hay algo dramático y único en su forma. Es una mirada que es mucho más eficaz que las fotografías de todos los aspectos más horribles o de mayor impacto social de aquellos tiempos.

¿Qué foto elige de la crisis financiera global del año pasado?

Pues, me pillas ahora mismo, no tengo ninguna presente... Quizás no la tengamos todavía. Por ahora, son ya clásicas las caras de terror en las Bolsas de Nueva York o Tokio.

Clarín. 6 de diciembre de 2009

Creado el 08/12/2009. Etiquetas: Artes visuales

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Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina