Blog

Carlos Gorriarena: Como para una despedida, por Mercedes Urquiza

Carlos Gorriarena: Como para una despedida
Formado en la década del 40 en la Escuela Nacional de Bellas Artes, bajo la tutela de maestros de la talla de Antonio Berni y Lucio Fontana, Gorriarena rápidamente abrazó una manera de entender el arte vinculada con la sensibilidad social. El Centro Cultural Recoleta expone las pinturas del artista argentino en las que, aunque el paisaje nunca fue un tema recurrente en su obra, le da un marco constante a los protagonistas de sus ficciones.
Por Mercedes Urquiza

Con la excusa de las vacaciones de invierno, el Centro Cultural Recoleta destinó sus codiciadas salas de exhibición a una exposición de maquetas de escenarios, story boards y trajes originales de la taquillera saga Star Wars. Y así es como los pasillos de este tradicional centro de arte porteño desbordan desde hace casi un mes de niños, adolescentes e infaltables freaks adictos a la ciencia ficción. Sin embargo, pasillo de por medio, el ritmo del Recoleta mantiene su pulso y su fauna habitual con una interesante muestra-homenaje al gran artista argentino Carlos Gorriarena.
Con la curaduría de Raúl Santana, la muestra Siglo XXI propone un recorrido por obras que Gorriarena realizó durante el nuevo milenio, desde 2000 hasta su muerte, en 2007. La amplia y emblemática sala Cronopios se encuentra poblada por las últimas pinturas de Gorriarena, entre las que se incluyen trabajos inéditos y hasta inconclusos de este maestro del color reconocido por su encendida paleta. Agudo y crítico observador de la realidad, Gorriarena plasmaba en sus pinturas una mirada irónica sobre su entorno desde una postura denunciadora. Y esta exposición reúne lo que podría entenderse como su último gesto, su testamento artístico.
Formado en la década del 40 en la Escuela Nacional de Bellas Artes bajo la tutela de maestros de la talla de Antonio Berni y Lucio Fontana, Gorriarena rápidamente abrazó una manera de entender el arte vinculada con la sensibilidad social, por lo que decidió despegarse de lo académico para estudiar con Demetrio Urruchúa, un pintor anarquista a quien admiraba profundamente.
Decididamente vinculado desde los años 70 con la tradición crítica del arte argentino, Gorriarena subrayaba en las figuras que protagonizaban sus cuadros las poses, los gestos y los comportamientos moralmente ambiguos que dan cuenta de las costumbres decadentes de hombres relacionados con el poder, políticos, militares, etc.
En vida, obtuvo numerosos reconocimientos, por su labor pictórica: ganó el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, en 1986 y en 1989 se hizo acreedor de la Beca Guggenheim. “Su obra ha sido destilada insistentemente de las invisibles heridas, a veces cicatrizadas otras no, que acompañaron la existencia de este gran pintor llamado Carlos Gorriarena”, apunta Santana acerca del legado del artista.
Gorriarena pasó varios veranos en El Tigre y también en su casa de La Paloma (Uruguay), donde falleció. Y esa conexión con estos escenarios naturales que tuvo durante sus últimos años despertó un inquietante interés por motivos como la tierra, los cielos, el río y el mar. Esto se ve en los cuadros que hoy se presentan en el Recoleta. En ellos, Gorriarena dejó los fondos planos de colores intensos e incorporó nuevas distancias, lejanías. No es que el paisaje pasó a ser un tema exclusivo de su obra, pero sí que le dio un marco constante a los protagonistas de sus ficciones. Parejas, hombres y mujeres aparecen recurrentemente en playas y bosques solitarios. Escenarios como los que el propio artista eligió para despedirse de la vida.
Perfil. 16 de agosto de 2009

Creado el 16/08/2009. Etiquetas: Artes visuales

Volver


Ingresar un comentario en el artículo

Nombre
Mensaje
 

Por favor ingrese el texto de la imagen:

CAPTCHA  
 

Carlos Ianni. Director, docente, promotor y productor teatral. Buenos Aires, Argentina